Un dia en la vida de un romano

Texto de Javier Ramos /La vida en la Roma Antigua

La jornada cotidiana de un romano dependía, como en tantas otras cosas de su posición y ocupación, y variaba mucho según las personas y el día en particular.

Intentaremos centrar este artículo en la rutina de un ciudadano romano masculino de clase alta, que acudía al senado de Roma, y actuaba como pater familias bajo cuya potestad estaban los bienes y personas de la casa.

Este es el prototipo de ciudadano socialmente respetable del que tenemos mayor información siendo el que aparece con frecuencia en los textos literarios de las fuentes clásicas.

Dicho esto, su dia a dia sería más o menos así…

DESAYUNO Y SALUTATIO

El respetable ciudadano romano de buena posición se levantaba temprano por la mañana, antes de salir el sol. Debía aprovechar al máximo la luz natural.

Después de un desayuno frugal compuesto de pan, seco o mojado en vino o espolvoreado con sal, dedicaba algún tiempo en casa a asuntos privados, supervisaba las cuentas, consultaba a sus secretarios o dictaba órdenes.

Cicerón y Plinio el Viejo consideraban estas horas por la mañana las mejores para su actividad literaria. Horacio habla incluso de abogados que daban consejos gratis a las tres de la mañana. 

Después de despachar estos asuntos privados, el pater familias ocupaba su lugar en el atrium (la sala principal de la casa) para la salutatio matutina momento en que sus clientes iban a presentarle sus respetos, a pedirle la ayuda o el consejo que estaba obligado a prestarles, o simplemente a darle los buenos dias.

Sin embargo, todos estos asuntos matutinos podían soslayarse si el romano estaba invitado a otros compromisos sociales tales como una boda, presenciar el rito de imposición de un nombre a un niño, o bien si actuaba como testigo en el rito de paso de la edad adulta del hijo de un amigo, ya que estos actos semipúblicos tenían lugar por la mañana.

  • Después de éstas, el hombre se dirigía al Foro, acompañado por sus clientes y portado en una litera, con su nomenclatur (un especie de secretario) al lado. Con la tercera hora del día comenzaban los asuntos en los tribunales o el Senado, que podían continuar hasta la novena o décima hora. Las reuniones del Senado terminaban a la puesta del sol.

Excepto en ocasiones especiales, a las once de la mañana todos los asuntos estaban concluidos, y a esa hora se tomaba la comida.

  • Después venía la siesta del mediodía (meridiatio), costumbre general y extendida  que duraba hasta la octava hora, entre la una y media y las dos de la tarde cuando las calles estaban tan desiertas como a medianoche.

Durante las festividades públicas no había sesiones en los tribunales ni reuniones en el Senado. Esos días las horas que los romanos dedicaban a los negocios eran utilizadas en el teatro, el circo u otros juegos.

Sin embargo, en realidad algunos romanos de la clase alta evitaban estas actividades, excepto si estaban relacionados con ellas oficialmente, y muchos preferían pasar las vacaciones visitando sus fincas en el campo.
Después de la siesta, que duraba una hora o algo más, el romano se disponía para sus ejercicios atléticos diarios y para el baño, en el Campo de Marte, en el río Tíber o en algún establecimiento de baños públicos donde había que pagar una entrada, a no ser que estuvieran promocionados. Los más ricos lo hacían en sus sus propias casas. Después del baño, venía la relajación o un paseo por los edificios públicos para charlar con los amigos, para escuchar las últimas noticias o consultar a los socios en los negocios, igual que ahora hace la gente en los bares.

  • A continuación llegaba el gran acontecimiento del día: la cena en casa o en el hogar de un amigo. La convencional se realizaba en familia y solía consistir de lechuga, huevos duros, judías con tocino, gachas o puerros. 

Al terminar la ingesta, y tras un ratito de velada la familia se iba a dormir, mientras que los esclavos seguían trabajando para antes de acostarse dejarlo todo listo para comenzar la jornada al dia siguiente.

Incluso en los días pasados en el campo, este programa apenas cambiaba, y el romano, en la medida de lo posible, se llevaba a las provincias las costumbres de su vida en casa.

Bibliografía:

  • La vida en la antigua Roma; Harold W. Johnston.
  • Roma de los Césares; Juan Eslava Galán.

2 Comentarios a "Un dia en la vida de un romano"

  1. 26 abril, 2013 - 15:57 | Enlace permanente

    Está bien este artículo. Por si tiene interés ahí va esto:
    Carta de C. Plinio a Calvisio Rufo
    Calvisio Rufo fue un ricachón que tenía posesiones en Como, al norte de Italia, donde C. Plinio pasó algunas temporadas de las que ha dejado constancia sobre el placer que tuvo en ello. Ahora el historiador habla a su amigo del buen recuerdo que tiene también de Vestricio Espurina, general romano y tres veces cónsul en el siglo I de nuestra era.

    Ignoro -dice C. Plinio- si he pasado algún período de tiempo más agradable que el que he vivido hace poco con Espurina, ciertamente hasta tal punto que no quiero parecerme a nadie más en mi vejez, si es que se me permite envejecer; pues no hay nada más distinguido que su modo de vida. Por lo que a mí respecta, del mismo modo que el movimiento regular de los astros, me agrada también la vida metódica de las personas, sobre todo la de los ancianos: pues en los jóvenes no son indecorosas incluso ciertas actitudes desordenadas…; todo apacible y organizado conviene a los ancianos, para quienes la laboriosidad es extenporánea y la ambición indigna. Esta norma la observa Espurina muy estrictamente; es más, los asuntos nimios… los encierra en cierta disposición ordenada como en círculo. Por la mañana permanece en la cama, solicita el calzado a la segunda hora, camina tres millas y ejercita no menos su espíritu que su cuerpo. Si le acompañan amigos, se desarrollan conversaciones muy dignas, si no, se lee un libro… Cumplidas siete millas, de nuevo camina una, de nuevo se sienta o retorna a su habitación y a la pluma. Pues compone, y ciertamente en una y otra lengua, poemas muy eruditos… Cuando se anuncia la hora del baño… camina desnudo al sol si no hace viento. A continuación, juega a la pelota con energía y durante bastante tiempo… Una vez bañado, se recuesta y retrasa la comida un poco; entre tanto, escucha a un lector que recita algo de forma tranquila y agradable… Se sirve la comida, tan excelente como frugal, en vajilla de plata pura y antigua; se utiliza también una de Corinto por la que siente predilección, pero no en demasía.

    Luego C. Plinio sigue escribiendo a su amigo Rufo que Espurina asiste a comedias y se dedica al estudio, que prolonga la velada hasta parte de la noche incluso en verano (así se podría levantar tarde al día siguiente) y de esa forma ha llegado a los setenta y siete años, edad que no debía ser muy corriente en la época. Pide luego a su amigo Rufo que, como él quiere seguir el ejemplo de Espurina, si te parece que estoy ocupado muchísimo tiempo, me cites ante los tribunales con esta carta mía y me ordenes que descanse cuando haya evitado la acusación de pereza. Adiós.
    Un ejemplo de hedonismo, de sabiduría, pero también de como se podía uno permitir esta vida si había llegado a alcanzar los más altos puestos de la sociedad romana.

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1 Trackback a "Un dia en la vida de un romano"

  1. el 26 abril, 2013 a las 12:20