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Teodora, de prostituta a emperatriz de Bizancio

MARZO: TEODORA, DE PROSTITUTA A EMPERATRIZ 

Por Isabel Barceló / 12 Meses, 12 Mujeres de la Antigüedad

Una de las mujeres de la antigüedad que acumula más razones para ser recordada en el mes de marzo –un mes especialmente grato para nosotras por la celebración, el 8, del día internacional de la mujer –, es Teodora.

Y ello por dos razones bien distintas:

  • Por su trayectoria personal de superación y de aprendizaje que, desde su condición de actriz en espectáculos de baja estofa y la práctica de la prostitución, la llevó a ocupar el trono del imperio bizantino;  
  • y por la especial protección que otorgó a las mujeres una vez alcanzado tan extraordinario poder político.

TEODORA. LA EVOLUCIÓN DEL PERSONAJE

El lugar y la fecha de su nacimiento no están del todo claras. Se habla de Siria o de Chipre y una fecha en torno al año 500 de nuestra era.
La que sí está acreditada es la pobreza de su familia: su padre, un tal Acacio, era cuidador de fieras del hipódromo de Constantinopla – capital del imperio romano de oriente, conocido luego como imperio bizantino – mientras su madre ejercía como actriz y bailarina, ocupaciones situadas en lo más bajo de la escala social.  

Se crió pues sin educación, sin apenas recursos tras la muerte del padre siendo ella muy niña, con escasa vigilancia y menos afecto.
Ella tenía, sin embargo, una personalidad fuerte y decidida y sabía moverse en el mundillo del espectáculo. Así, en sustitución de una de sus hermanas salió por primera vez a un escenario actuando como mimo y obtuvo un rotundo éxito.

Al parecer al público le gustaba tanto su belleza extraordinaria como su desinhibición.

 

La prostitución venía a ser un complemento a esa vida desordenada y disoluta. Con todo, su belleza le reportó la posibilidad de viajar como amante de un alto oficial sirio que se dirigía a la Cirenaica para ser gobernador. Permaneció con él un tiempo pero, finalmente, él la abandonó dejándola en la extrema pobreza y en un país extraño. Decidió dirigirse a Egipto.

Parece ser que tomó entonces contacto con comunidades monofisitas (sostenían que Jesús solo tenía naturaleza divina y no humana) de las cuales recibió ayuda y cierta instrucción religiosa, algo que no olvidaría jamás.


De regreso a Constantinopla y apartada de sus viejos oficios, conoció casualmente a Justiniano, sobrino y heredero del emperador Justino I, e iniciaron una relación amorosa que se prolongaría durante el resto de su vida.

Tal fue el afecto y la unión entre ambos que él, aun siendo conocedor de su pasado y del gran desprestigio que podría acarrearle, quiso casarse con ella. Consiguió de su tío Justino que anulase la ley que impedía a las antiguas actrices contraer matrimonio con oficiales del imperio y, mas tarde, la nombró patricia.

Así Teodora tuvo la vía expedita en su ascenso al poder.

A la muerte de Justino, su heredero Justiniano hizo celebrar de inmediato la ceremonia de coronación por la cual ella se convirtió en emperatriz. Era el 4 de abril del 527, día de pascua.

Y probablemente esta decisión fue un gran acierto de Justiniano, pues el carácter fuerte y decidido de Teodora resultó fundamental para el gobierno del imperio. En una ocasión, cuando el emperador, tras un gravísimo conflicto con una de las facciones políticas de Constantinopla estaba preparándose para huir, fue ella quien con un discurso potente y razonado le hizo quedarse, afrontar los disturbios y conservar el poder:

“… el trono es un glorioso sepulcro y la púrpura el mejor sudario”

También fue fundamental su actitud hacia los monofisitas, una actitud de protección constante, pese a que Justiniano pertenecía y favorecía a iglesia ortodoxa. Este aparente desacuerdo en materia religiosa resultó muy beneficioso, pues forzó la convivencia dentro del imperio de esas dos tendencias y equilibraba las dos fuerzas político-sociales más potentes en liza.

Ambos esposos transformaron Constantinopla y la convirtieron en una ciudad bellísima, acometiendo numerosas obras, puentes, acueductos y más de veinticinco iglesias entre las cuales destaca la espléndida Santa Sofía.

Una de las labores que más nos interesa reseñar de su biografía es la cerrada defensa que hizo de las mujeres y sus derechos:

    • aumentó los derechos de las madres sobre sus hijos, 
    • prohibió la prostitución forzosa, 
    • mejoró sus derechos respecto al patrimonio y 
    • en los casos de divorcio, instituyó la pena de muerte por violación y 
    • prohibió que se pudiera asesinar a mujeres por razones de adulterio.

Sin duda su propia experiencia vital la hizo sentirse más próxima a las de su género y luchar activamente por ellas.

Teodora murió en el año 548, a los 48 años de edad, aproximadamente, dejando un gran vacío en el trono – su falta se dejó sentir en la política llevada adelante por Justiniano – y en el corazón de su esposo, que siempre la añoró.

Fue enterrada en la iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla.

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8 thoughts on “Teodora, de prostituta a emperatriz de Bizancio
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  2. Diana F.

    A modo de reflexión, creo que más que “celebrar” sería “conmemorar”. En lo particular no celebro el día, conmemoro el hecho de que a partir de un accidente en el cual murieron 149 mujeres en EEUU en 1991 se cambia la legislación de ese país y toma más fuerza el movimiento feminista para crear leyes que beneficencia a las mujeres trabajadoras.

     
  3. Isabel Barceló

    Me parece oportuno tu comentario, Diana F. Desde luego no celebramos el hecho de que tantas mujeres hubieran de morir para conseguir unas condiciones dignas de trabajo para las mujeres. No obstante, en el diccionario de la lengua, celebrar y conmemorar son sinónimos. Creo que es un motivo de satisfacción para las mujeres el que al menos se haya reconocido un día al año para dedicarlo a las mujeres, a recordar todo cuanto hicieron por nosotras esas pioneras de derechos laborales y en el que también reivindicamos muchas cosas: mejoras laborales, conciliación, cese de la violencia sexista, etc. Creo que quienes lean el artículo podrán comprender el sentido que tiene esa palabra en este contexto. Saludos cordiales.

     
  4. L. de Guereñu Polán.

    No creo que la emperatriz Teodora sea el mejor ejemplo para conmemorar o celebrar día de la mujer alguno (aspecto que tiene sentido en el mundo actual pero no en el siglo VI). No está probado que fuese una prostituta, y además esto es lo de menos; lo que sí está probad es que usufructuó el pode como un hombre de su época, sin escrúpulos y sin más mérito. Salvo mejor opinión.

     
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  6. Angélica

    Teodora no quiso para las demás mujeres lo que ellas sufrió en carne propia, por ello cuando llegó al poder se preocupó por mejorar la situación de éstas, lástima que vivió tan poco, hubiese podido hacer más cosas por su carácter decidido y su manera de ser.

     
  7. Eduardo Mejia de Pomar

    Parece ser, que el fin justifica los medios. De prostituta a emperatriz.

     
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