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Rasputin, la oscura sombra de los zares

GRIGORI RASPUTIN; EL SINIESTRO MONJE RUSO

Texto de Sandra Mª Cerro/Perfiles de la Historia

Rasputín es, sin lugar a dudas, uno de los personajes más enigmáticos y siniestros que nos ha dado la Historia.

Su presencia esbelta e imponente, se erguía como una sombra de oscura influencia y de extraordinario magnetismo sobre el reinado del zar Nicolás II de Rusia.

Sus dones de mago, iluminado y curandero llegaron a oídos de la zarina Alejandra quien, desesperada una noche, ante la hemorragia incesante de su pequeño hijo, el zarevich Alexis a raíz de su hemofilia le mandó llamar a palacio….. 

“Dios ha visto tus lágrimas y ha escuchado tus oraciones. No temas; el niño no va a morir”, fueron las palabras tranquilizadoras de Rasputin.

La zarina Alexandra con su hijo Alexis

En efecto, el niño se curó. Se cree que el remedio fue una especie de hipnosis a la que fue sometido. No obstante, se curó, y desde aquel día, la zarina jamás pudo apartarse del siniestro curandero, que se convirtió en su confesor y su mayor confidente.

 

La tremenda obsesión que la zarina tenía por la enfermedad de su hizo, hacía de ella una mujer pesimista y catastrofista, y este estado alentó una mayor dependencia hacia el magnético Rasputín.

Esta relación extraña no era bien vista por el zar Nicolás II, pero éste podía doblegar la intransigencia obsesiva de su esposa, ante la idea de ser privada de la compañía de su “amigo”.

                                                                                                                Entre tanto, el curandero iba afianzando su posición en el palacio, y también ocupando lugares estratégicos de poder entre la aristocracia rusa.

Mucho se ha comentado sobre su controvertida moralidad.

Según sus máximas teóricas, el ser humano tenía que pecar todo cuanto pudiera, porque a Dios le resultaba mucho más grato perdonar a los grandes pecadores, cuan si de un reto se tratara, que a los pequeños.

“Si me besas, te besó Dios. Si te acuestas conmigo, te acuestas con Él”.

No es de extrañar, pues, que el zar sintiera estremecimientos al encontrar a Rasputín cerca de su esposa, la maternal y piadosa Alejandra.

De boca en boca corrían rumores de la libertina y depravada vida social del supuesto santón, que no sólo recibía en su alcoba visitas privadas de grandes aristócratas –y no sólo mujeres, sino también hombres-, a quienes invitaba a inolvidables veladas, donde los juegos carnales eran la tónica, entre el humo y los aromas embriagadores de poderosas hierbas que, según la teoría de Rasputín, incitaban a los pecadores a agradar a Dios.

EL perfil grafológico de Rasputín

Los manuscritos de Grigori Rasputín, realizados con caracteres cirílicos, muestran la escritura incisiva e hiriente, de trazado irregular y extraño, propia de un ser sin escrúpulos.

Sus trazos nos hablan de una personalidad cambiante, con giros de carácter inesperados y comportamientos muy alejados de toda previsión. Dejan ver a un ser apasionado, abierto y muy social, de temperamento fuerte, autoritario y carismático. Su gran orgullo personal y altanería, unidos al carisma que irradiaba y a lo cambiante y convulso de su forma de ser, hacían de él un personaje enigmático y extraordinariamente morboso, magnético, poco previsible y, por tanto, atractivamente sorprendente.

Como gran observador, conocedor de su entorno y embaucador nato, podía llegar a ser un buen manipulador. Su personalidad sociable, de brazos abiertos, locuaz y envolvente, era capaz de ir tejiendo una especie de tela de araña sobre la elegida presa para, una vez atrapada, incidir sobre ella con tenacidad, e insistentes aguijonazos de artimañas controladoras y posesivas, con el fin de conseguir sus propios y más ambiciosos intereses.

Tan extraordinarios como su personalidad son el hecho de su estrambótica y desconcertante muerte, y la leyenda sobre su supuesto pene de tamaño descomunal,que apareció expuesto en un museo erótico de San Petersburgo.

La extraña muerte del monje

El príncipe Yusupov, temeroso del poder y la influencia de ascenso meteórico que Rasputín estaba teniendo en el gobierno de Rusia, le tendió una trampa en su palacio, invitando al curandero a un delicioso banquete rociado de cianuro.

Pese a que las cantidades de veneno hubieran servido para exterminar a un regimiento entero, el mago tardó muchas horas en manifestar los efectos del devastador veneno, ante el desconcierto y desesperación del intrigante príncipe que, finalmente, hubo de rematar a su resistente víctima con un tiro en el corazón.

Rasputín cayó al fin fulminado sobre una alfombra de oso; en ella le envolvieron el príncipe y sus secuaces, y le ocultaron en un sótano hasta decidir qué hacer con el cuerpo. El asombro fue mayúsculo cuando los asesinos vieron aparecer de nuevo el cuerpo esperpéntico, ensangrentado y echando espuma por la boca, del siniestro mago intentando huir.

Aterrados, lanzaron un chorro de tiros sobre la ya debilitada víctima, que cayó sobre la nieve tiñendo de rojo el blanco.

El cuerpo de Rasputín fue arrojado al río Neva, en cuyas aguas desapareció para siempre este macabro y fascinante personaje, que aún hoy la Historia no consigue ser capaz de olvidar.

Sandra Mª. Cerro
www.sandracerro.com

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5 thoughts on “Rasputin, la oscura sombra de los zares
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  2. ddcam

    Tiene algunos errores ortográficos y de coherencia interna. Corrígelos, porque el artículo, aparte de eso, está bien y es una pena.

     
  3. L. de Guereñu Polán.

    Muy interesante y creo que el personaje refleja la decrepitud en que había caído la corte rusa. Lo cierto es que en los siglos XVIII y XIX hubo zares cultos y que estimularon el conocimiento (con todas las limitaciones de su régimen) pero este no es el caso de Nicolás II.

     
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