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Paititi el espejismo del dorado

DISERTACIONES SOBRE LA MÍSTICA DEL ORO

Paititi, un sueño que debería ser real

Texto de Jose Manuel Peque/Paisajes del Pasado

El título de este artículo recoge la impresión mayoritaria que ha sentido el autor de este texto a la hora de tratar de rastrear evidencias que condujeran a la existencia de esta legendaria civilización.
Ciertamente aquellos que, aún hoy en día, deciden dejarlo todo para el_dorado-1afrontar su búsqueda guardan ciertas similitudes con los conquistadores españoles de los siglos XVI y XVII, como por ejemplo en el afán de poseer una riqueza enorme. Entre ellos se había extendido la creencia en el místico Hombre Dorado y su enigmática ciudad de Manoa, donde hasta los cacharros de cocina eran fabricados en oro. Numerosos exploradores y aventureros de entre aquellos españoles trataron de localizarlo en las selvas inexploradas de la cuenca amazónica. De ellos nunca más se supo.

Quizás lo único que les diferencie de una parte de los actuales buscadores es que estos creen que con el Paititi hallarán una prueba de que no estamos solos en el universo y que seres de otras realidades intervinieron en la historia humana. Pero incluso eso, es comparable a la ambición de hallar una cantidad de oro inimaginable.

Las leyendas y los mitos cambian según lo va haciendo el carácter del ser humano y sus necesidades, pero no cambian las mentes deseosas de hallar algo milagroso o extraordinario. Sustituimos pues el oro por alienígenas y hallamos, para ir tras su búsqueda, una pista relativamente veraz, como son las culturas y las ciudades perdidas en regiones inhóspitas de nuestro planeta.ciudad_gran_pajaten

Hago un inciso en esta disertación para recomendar la lectura de una novela escrita por Matilde Asensi titulada El origen perdido que, en cierto modo, también está en relación con este tema. Siendo sinceros, lo desconocido, lo oculto bajo montañas escarpadas y selvas agrestes y salvajes atrae como un imán incluso al más “sensato” de nosotros.

De hecho lo desconocido es aquello sobre lo que se construye la mitología. En otros tiempos aquello que el hombre no entendía acababa poblado por monstruos o por legendarias civilizaciones que ocultaban inmensos y dorados tesoros.
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Ahora en el siglo XXI buscamos un nuevo dorado, la razón de nuestra existencia y de si fuimos puestos aquí por algo o por alguien (o por “alguienes”, valga el vocablo). Nada nuevo bajo el sol.

Como en toda aventura anterior siempre nos encontraremos a alguien que diga haber estado a punto de encontrarlo, que incluso diga haberlo fotografiado o filmado pero que dichas fotos o grabaciones sean dudosas o poco claras.

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Ilustración del Yeti de Einar Martinsen

El Paititi, entonces, parece como una especie de Yeti, monstruo del Lago Ness o fantasma que muchos creen haber visto pero que nunca consiguen demostrar del todo su existencia. Hay que tener, pues, mucho cuidado, pues el camino esta lleno de trampas, y de intenciones no siempre limpias que pretenderán convencernos de que la verdad está en posesión de alguien y de que la vende a un buen precio.

Mercadear con las ilusiones es un negocio muy fértil en tantas y tantas ocasiones que podemos encontrar a diario que a veces resulta muy difícil diferenciar qué es cierto de lo que no y entonces habrá quien se deje atrapar por el canto de sirena y pierda toda perspectiva para abrazar un sueño, el sueño que alguien le ha contado y que coincide con el suyo.

Entonces el Paititi se convierte en un cebo para sectas, y este sin duda es el Paititi más peligroso de todos, pues es el que arruina personas, hogares y familias. Por eso la búsqueda de nuestro Paititi no es sólo un desafío, es también el riesgo de enfrentarnos a un peligro oculto y desconocido, pero devastador. el-dorado-4

Cuanto más, si nuestra búsqueda se limita a intentar rastrearlo en Internet, que es un mar incontrolable donde moran esta serie de monstruos que sólo buscan el beneficio propio a costa de quien se deje atrapar. 

Por ello, esta serie de textos tratará el tema del Paititi como la fábula que siempre fue, por muy doloroso que esto resulte a quienes quizás esperen otra cosa. Pero nos vemos en la obligación y la responsabilidad de advertir al lector de que pese a todas las evidencias o presuntas pruebas que otros muestren, es más que probable que algo como el Paititi no haya existido nunca, al menos en las dimensiones que muchos defienden.

Por eso, retomando el tema del título de este artículo, aclarar que Paititi es una leyenda, quizás evocadora, bonita, legendaria y que debería ser real. Pero que por desgracia no lo es.

Un saludo a todos los lectores de Arquehistoria y hasta la próxima entrega.

 

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Ampa

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