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Monte Albán, la joya zapoteca

Texto de Jose Manuel Peque /Paisajes del Pasado

A pocos kilómetros de la ciudad de Oaxaca de Juárez, capital del estado mexicano de Oaxaca se emplaza un lugar arqueológico que por méritos propios merece una serie dentro de “Paisajes del Pasado”.

Monte Albán, pues a este lugar nos referimos, constituyó en el periodo Preclásico Medio, entre los años 1.500 al 800 anteriores de nuestra era, otro de los atlépetls que se constituyeron en focos civilizadores de Mesoamérica tras el ocaso olmeca y cuya historia, mejor conocida quizás que la de Teotihuacán, responde al mismo patrón de otras culturas ya analizadas en esta sección.

Si en el caso de la Ciudad de los dioses” decíamos que no se sabía con seguridad qué pueblo la había construido, pero que se pensaba en una etnia nahuatl con origen en Cuicuilco como la probable fundadora, sí sabemos con toda seguridad que los pobladores originarios de Monte Albán eran de etnia zapoteca.

En el apogeo de su poder, Monte Albán fue también una ciudad importante dividida en barrios o “guettos” étnicos y parece que supo vivir y prosperar bajo la influencia de la inmensa urbe teotihuacana gracias a intensas relaciones comerciales y sin necesidad de recurrir a conflictos entre ambas.

Los zapotecos parecen un pueblo ducho en el desarrollo de la arquitectura y crearon un sistema de escritura que pudo influir en el teotihuacano y desde luego mucho más presente y fácil de localizar que el de la gran urbe de la región central de México.

Sus construcciones son más sólidas y sus expresiones artísticas más comunes, quizás representativas de un pueblo más interesado en contar su historia y sus logros.

Pero la posición estratégica de Monte Albán, en lo alto de una solitaria colina, nos habla también de un pueblo guerrero que no dudaba en atacar a cualquier enemigo que osara penetrar en su territorio. Así lo testimonian las estelas de guerreros que aparecen en la entrada de sus templos y tumbas.

Arqueológicamente, lo que más destaca del urbanismo de esta ciudad son sus dos grandes bloques de edificios llamados Plataforma Norte y Plataforma Sur, la Cancha Grande de juego de pelota, las tumbas, la Plaza Central y el Edificio en L, que nos han ofrecido miles de restos y objetos que nos permiten conocer más o menos en profundidad la cultura, creencias y logros de sus pobladores.

Sin embargo, como ocurre en tantas ciudades de la antigüedad, Monte Albán acabaría sucumbiendo con el paso del tiempo y un nuevo pueblo, el mixteco, ocuparía sus calles.

Parece en todo caso un hundimiento menos trágico que en los casos de Cuicuilco y Teotihuacán y parece más debido a que los zapotecas ya se habían desplazado en épocas anteriores a otras urbes como Lambityeco, Yagul y Mitla. Pero inevitablemente el ocaso de Teotihuacán debió ser también el punto de partida de su abandono.

Nosotros trataremos de insuflar nueva vida a la vieja ciudad, posiblemente el primer centro urbano de México, rememorando su historia, su población, su cultura y tradiciones.

Un saludo a los lectores de Arquehistoria.

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Ampa

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