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Los íberos. Guerreros

La ibérica es una cultura donde el guerrero suele pertenecer o estar vinculado a las clases sociales altas gozando de una estimable consideración social. Es muy probable que en períodos de peligro para sus poblados, el grupo aritocrático  fuera capaz de reunir a una pequeña tropa formada por los hombres que pudieran costearse un caballo y armas. Las armas eran expresión de los valores de quienes habían combatido valerosamente y podían portarlas con orgullo en asambleas y ceremonias y ofrecerlas en ritos celebrados en las necrópolis y otros lugares de culto.

 Las luchas con los pueblos vecinos eran bastante frecuentes, de este modo, asaltaban de modo imprevisto el pueblo o aldea elegida como víctima. Una noche bastaba para llevarse sus cosechas, mujeres y ganados. Y todo esto se debía a una demanda de riquezas y, sobre todo, de tierras y ganados por parte de la clase aristocrática. Esto conducía a un aumento de su influencia política y económica sobre más gente y más porción del territorio.

La devotio o fidelidad de los guerreros íberos

Esta fidelidad de los combatientes íberos fue denominada por los romanos como devotio ibérica.

En lineas generales, la devotio ibérica, consistía en una fe jurada, en virtud de la cual un hombre al aceptaba servir a otro como jefe con el que había de compartir honores y sufrimientos. Su deber era defenderlo hasta la muerte o suicidarse en el caso de que su jefe muriese antes que él.

Se trató de una forma particular de  fies (confianza) que se caracteriza por el elmento religioso de la consagración de la vida de un hombre y la de los suyos al servicio de un patronus (individuo protector) quien, a su vez, contrae una serie de obligaciones con el devotus( consagrado a)

La devotio o fidelidad el combatiente no excluisva de los pueblos íberos también la encontramos entre los celtíberos, los galos y los germanos contemporáneos de los íberos. Y por si fuera poco, los guerreros iberos eran fieles a sus jefes hasta el final. No se retiran nunca de la batalla y luchaban hasta vencer o morir. Como ocurió en la famosa Batalla de Cannas 216 a.C , en la que los soldados iberos que formaban parte del ejército de Aníbal Barca causaron gran mortandad a las legiones romanas, superiores en número.

Un jefe íbero solía tener al lado muchos de estos devoti, comstituyendo como una guardia personal de camaradas fieles e identificados hasta el último sacrificio con su jefe.

Hasta incluso los laureados generales romanos tuvieron su guardia de devoti iberos. Ejemplos fueron Quinto Sertorio y hasta el mismísimo emperador Cayo Julio César quien contó con una nutrida guardia personal formada por guerreros hispanos.

Antes de abandonar sus armas y rendirse a cambio de su vida, no había un momento de duda: el guerrero íbero se lanzaba a la lucha hasta la muerte. Después las armas de los combatientes íberos eran quemadas junto con sus cuerpos porque sólo ante los dioses las rendían, y con ellas eran  enterradas sus cenizas.

A los iberos se les cita frecuentemente como mercenarios al servicio de los cartagineses, y más adelante como aliados de los romanos.

Honderos íberos

Luchaban juntos infantes y jinetes, que destacaban por el dominio que ejercían sobre sus monturas.  Los mercenarios íberos no siempre actuaban com simple “mano de obra” militar, sino hasta cierto punto comunidades que contrataban sus servicios y cuyos jefes pactaban la paga con unos u otros generales o gobernantes y actuaban en consecuenia.

El guerrero edetano

La habilidad en el manejo de las armas era una cualidad estimada en el buen edetano. Los guerreros edetanos eran diestros en la lucha cuerpo a cuerpo con todo tipo de armas.

Guerrero Edetano del s.IV a.C. Ilustración de Sergi Segura

El arma más importante era la falcata o espada corta. Cuando combatía, el guerrero edetano montado a caballo; arrojaba primero su jabalina, luego desmontaba y peleaba cuerpo a cuerpo, cogiendo la falcata con las dos manos. De esta manera era capaz de partir de un tajo en dos a su adversario; tal era el poder de corte de los dos filos de la falcata que la hicieron ser un arma temible en el combate. Un detalle que nos apunta Jose Miguel Gallego, arqueólogo especialista en la cultura Ibera;  “se sabe que el antepasado del Gladius romano no son las falcatas como se venía pensando sino las espadas tipo “La Tène” meseteñas, como las de Quintanas de Gormaz.”

Pero aunque el pueblo edetano aparentemente pueda parecernos una cultura guerrera, no disponía de soldados bien formados o entrenados a la manera de los romanos.  Gallego, nos explica “que con toda probabilidad, no existía una milicia entrenada ex-profeso como ocurre con los legionarios romanos. Más bien, es plausible pensar en una élite guerrera compuesta por sectores pudientes de la sociedad (para épocas antiguas) en las que cada uno se costeaba su equipo, a la manera hoplítica, y posteriormente, hombres libres en relaciones de clientela o devotio con los jefes que iban a la guerra, si es que este iba”.

Tan sólo los aristócratas tenían derecho a ser guerreros y a defender su ciudad. En ciertas ocasiones, todos los hombres aptos para el combate tomaban las armas y luchaban para defender sus vidas y posesiones. En estos casos, los jefes representaban a toddos los que podían portar armas . La máxima prerrogativa para un guerrero íbero era presentarse como jinete .

No obstante los guerreros edetanos eran diestros en la lucha cuerpo a cuerpo con todo tipo de armas, pero el arma más importante era la falcata o espada corta de doble filo que tiene fuertes connotaciones simbólocas.

La manera en que combatían los edetanos causó tanta admiración entre los romanos, que éstos reclutaban (a cambio de una buena paga) a todos los edetanos que quisieron unirse a las legiones romanas, verdaderas tropas mercenarias entrenadas para matar o morir en el combate.

Además de su valor, lelatad y honor, reistencia físca a la fatiga y al hambre el combatiente edetano era muy apreciado por los romanos por su fidelidad hasta la muerte. El guerrero edetano juzgaba un dehonor sobrevivir a su jefe muerto. Es, valga la comparación , algo así como una amistad llevada a sus última consecuencias.

Los autores clásicos describían a los guerreros íberos vestidos con túnicas cortas blancas con ribetes de color púrpura y calzados con botas latas de piel. Tanto la ropa como las botas eran confeccionadas por las mujeres edetanas.

 

El caballo símbolo de prestigio

Escultura íbera

El caballo, atributo querrero y social por excelencia, era para el que lo montaba un símbolo de prestigio del más alto nivel y otorgaba un carácter heroico a su jinete. Pero el caballo no sólo era un signo de riqueza , nobleza y posición social, sino también un medio de transporte rápido hasta el campo de batalla, momento en que el guerrero edetano desmontaba para combatir cuerpo a cuerpo.

Sin embrago, el coste y mantenimiento del équido nos lleva a suponer que no habría en Edeta una verdadera caballería, esto es, que no existiría un número suficiente de caballeros como para formar unidades de jinetes.

La existencia de “caballería” no implica la de jinetes “soldados a caballo” que comparte un sistema organizativo y táctico. Los jinetes edetanos eran entrenados desde niños estaban acostumbrados a asegurarse bien con sus piernas a sus monturas para mantener una estabilidad notable y la tranquilidad necesaria para arrojar jabalinas o luchar montados a caballo.  no conocieron la silla de montar ni el estribo y empleaban una manta de lana o gualdrapa, simple o doble, sujeta a la montura por una cincha

En Edeta no todo el mundo llevaba armas, por tanto, es lógico pensar que tampoco todos los hombres poseían falcatas.

El combate

Cuando combatía, el guerrero edetano montado a caballo (posiblemente un caballo era montado por dos guerreros) arrojaba primero su jabalina, luego desmontaba y peleaba cuerpo a cuerpo, con el cuerpo bien protegiso y cogiendo la falcata con las dos manos, el guerrero edetano era capaz de partir de un tajo en dos a su adversario, tal era el poder de corte de los dos filos de la falcata que la hicieron ser muy apreciada y temida en la época.

El empleo del arco y las flechas fue considerado por los edetanos como algo impropio de un buen guerrero, ya que aquellos valoraban las flechhas como armas cobardes, sin valor para los auténticos guerreos que preferían la lucha cuerpo a cuerpo. La falcata se convertía sí en un arma letal en la lucha a corta distancia; resistente, ligera y su doble filo la hacía muy peligrosa.

Cuando combatía el guerrero edetano, montado a caballo, arrojaba primero su jabalina contra el enemigo. Luego desmontaba y pelaba cuerpo a cuerpo, desenainando su temible espada corta, su falcta, y protegido por su escudo para herir mortalmente a su enemigo, moviéndose con el brazo perpendicular al cuerpo.

Bibliografía:

Artículo basado en Monográfico sobre la cultura edetana;

Peña Martinez. Jose Antonio, “Edeta , nuestro Pasado Ibero “ 2007

Para saber más:

La panoplia ibérica

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Ampa

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4 thoughts on “Los íberos. Guerreros
  1. J. Luis López de Guereñu Polán

    Está bien el artículo. En efecto, en tumbas iberas (da igual la región de la península) aparecen armas y en otras no, aunque se trate de varones, lo que ha de ser interpretado como símbolo de jerarquía o bien -como dice el artículo- de pertenencia a un grupo privilegiado. En cuanto a la devotio en el mundo antiguo ha existido en circunstancias muy distintas y en espacios muy alejados entre sí, como se demuestra, por ejemplo, en el caso de los guerreros de Xian, chinos. La Edad Media, en este sentido, no inventó nada, pues las relaciones de patronazgo y clientela ya existían en el mundo antiguo, también en el romano; otra cosa es que más tarde llamemos al acto de sometimiento encomendación. Creo, en otro orden de cosas, que no se debe hablar de César como emperador y el concepto honor, sin matices, no debiera ser aplicado al mundo ibero, pues en la vida mercenaria no existiría ese concepto. Que la fidelidad al jefe existiese no creo que se pueda corresponder con el concepto honor que hoy tenemos.

     
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