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Los emperadores hispanos entre los mejores del Imperio Romano

Marco Ulpio Trajano gobernó desde el año 98 hasta su muerte en 117. Fue el primer emperador de origen no itálico. Sucede a Nerva y adopta a Adriano como heredero de Roma.

El periodo de mayor estabilidad y prosperidad de la historia del Imperio Romano es para muchos historiadores la Era dorada de Roma que corresponde a la Dinastía Antonina formada por los llamados “Cinco emperadores buenos”;

Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío, y Marco Aurelio.

Trajano  y Adriano llegaron a ser emperadores de Roma con la grandeza y dignidad de los verdaderos  princeps.

Siendo ambos de origen hispano, rompían una larga tradición convirtiéndose en los primeros emperadores de Roma de origen provinciano, es decir, nacidos fuera del Lacio.

Quizás por ello, su cometido estuvo determinado por el empeño en demostrar su gran capacidad para comandar el Imperio.

El caso de Trajano, es el ejemplo de un joven perseverante que asciende en  las diversas etapas del cursus honorum senatorial por méritos propios.

Pero para llegar a eso tuvo que trabajar muy duro en el ejército romano en los difíciles tiempos de Domiciano en los que ostentar un cargo político y sobrevivir a la tiranía y crueldad del emperador era casi un milagro.

Las familias con mayores recursos y poder de la península Ibérica en los tiempos de Roma, enviaban a sus hijos a estudiar al corazón del Imperio para completar su formación académica y empezar en el ámbito político-militar.

Así fue como algunos miembros de familias influyentes de origen hispano consiguen hacer sus cursus honorum.

Trajano había comenzado a destacar en Siria  como tribuno militar (tribunus legionis),  pero después sería relegado como legado de la legio VII Gemina en Hispania, con efectivos de la cual aplastó con éxito en  la revuelta de Antonio Saturnino en el año 89.

Unos años después en el 91 llegó a ostentar junto a  Manio Acilio Glabrión el cargo de cónsul de Roma.

Siguiendo los consejos y el ejemplo de su padre, Trajano siempre fue  fiel a la casa de los Flavios.

Cuando Trajano accedió al trono imperial, siguió el ejemplo de su predecesor Nerva, adoptando a Adriano como heredero.

Esta iba a ser una práctica bastante habitual de sucesión del Imperio durante el siguiente siglo, dando origen a la época de «los cinco emperadores buenos» nombre propuesto por Maquiavelo y promocionado por el historiador Edward Gibbon, quienes se han referido a esta Dinastía Antonina como “la época más feliz de la historia de la humanidad”, quizás exagerando un pelín.

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3 thoughts on “Los emperadores hispanos entre los mejores del Imperio Romano
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  2. J. Luis López de Guereñu Polán

    Como tengo una propensión (no sé si acertada) a desmitificar a los grandes personajes de la historia, creo que Trajano como Adriano y Teodosio (se discute el origen hispano de Marco Aurelio) fueron grandes personajes, pero también pendencieros y que cometieron grandes errores políticos. Por ejemplo, la conquista de Dacia en época de Trajano fue una tarea estéril, entre otras cosas porque costó muchos recursos y vidas y porque la Dacia se independizaría poco más tarde. En cuanto a Adriano. Las guerras contra los partos pueden entenderse en el contexto histórico de dos imperios que se querían limitar reciprocamente, pero el coste y la sangría en vidas humanas hace poco aconsejable tener bueno el gobierno de Trajano, que no se distinguió socialmente como sí lo hizo, por ejemplo, Vespasiano, y luego Caracalla. Adriano ha pasado como un gran benefactor cultural, pero solo si lo entendemos en un sentido cortesano. Por lo demás obedeció a la lógica de los tiempos, las tradiciones republicanas -que a la postre eran la base de la cultura romana- decayeron con él y su suerte fue varia desde el punto de vista militar. Teodosio tuvo la gran visión, eso sí, de consolidar -en lo que pudo- el cristianismo, dándose cuenta, junto a sus cortesanos, que era la religión con una moral más avanzada y completa que la religión romana y que las religiones orientales. Por otra parte acabó con una lacra como era la de las persecuciones de cristianos, cuando estos habían ya penetrato entre las clases altas romanas. No debemos olvidar que antes la cuestión religiosa en el Imperio pasó por los reinados de Juliano y otros que parecieron querer volver al paganismo antiguo, muy rico desde el punto de vista cultural, pero ya inoperante para la cohesión del Imperio. Esta cohesión no se pudo dar poco más tarde, pero por otras causas que aquí no vienen a cuento. Un saludo.

     
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