Lucha y castigo contra el crimen en la Roma antigua

Texto de Javier Ramos /La vida en la Roma Antigua

Como ya vimos en un artículo anterior, en la antigua Roma asesinos, ladrones o mafiosos campaban a sus anchas por el Imperio siendo escasos los recursos invertidos en la lucha contra la criminalidad. Las autoridades locales eran casi siempre las encargadas de sofocar las revueltas, pero su eficacia se veía muy limitada por la ausencia de una fuerza policial local.

 PATRULLAS POPULARES

En el mundo rural había que arreglárselas sólos contra aquellos bandidos y los romanos estaban bastante preparados para proteger sus propiedades de los malhechores entrenándose para emplear la violencia. No salir nunca de noche, era una máxima sí, pero no era suficiente. Así que las gentes sencillas acabaron organizándose en patrullas populares para hacer frente, ellos mismos con sus recursos, a los delincuentes.Las patrullas populares proliferaban, tanto si estaban al servicio de las autoridades como si no.

En ocasiones se celebraban juicios contra los reos, en otras, eran las propias patrullas quienes ejecutaban a los criminales sin ni siquiera fingir la celebración de un juicio.

SEGURIDAD CIUDADANA

Durante la República, de la seguridad ciudadana se encargaban, aunque no siempre, los esclavos públicos o bien, las tropas elegidas que enrolaban a jóvenes de las clases altas al servicio de los cónsules. Ya bajo los designios del emperador Diocleciano con sus reformas durante el s.III, Roma contaba con un cuerpo policíaco de carácter confidencial conocido como agentes in rebus. Esta especie de funcionarios actuaban como un cuerpo de correos militarizado que, entre otras funciones, supervisaba caminos y posadas disponiendo de un listado completo de sospechosos que cubría desde los simples ladrones a los más sanguinarios.

PIRATAS 

Uno de los grupos más temidos por los romanos durante la República fue el de los piratas.

Consideraban y trataban a estas tribus de bandidos como una comunidad enemiga. La forma habitual de hacerles frente era recurrir a la intervención militar para evitar los saqueos.

De hecho, el Senado se vió  obligado a enviar al experimentado general Pompeyo en el siglo I para combatir a los cilicios en Asia Menor.

PENA DE MUERTE 

Otro medio eficaz contra los ladrones y bandidos era utilizar la traición al estilo de Judas que entregó a Jesús de Nazaret a sus enemigos con el famoso beso en la mejilla. Una vez que el forajido era apresado, se le aplicaba el máximo castigo. A menudo, éste iba precedido de su exhibición en público

Era normal que a los bandidos se les practicase la pena de muerteEllo implicaba una de las dos ejecuciones más humillantes que ejercían los romanos:

  • la muerte por crucifixión, o
  • acabar masacrados en el ruedo en las fauces de fieras salvajes

LA CRUCIFIXIÓN

Como en otras culturas mediterráneas esta forma de ejecución se empleó en la antigua Roma hasta el 337 año en que fue abolida por Constantino. Esta práctica penal exhibía el bajo estatus social  del reo y no se aplicó ni a aristócratas ni a ciudadanos del Imperio.

En un principio esta pena se destinó a los esclavos,-Séneca lo llamaba supplicium servile-, más tarde fue extendida a los crímenes de alta traición. Como ejemplo, los secuaces de Espartaco fueron crucificados a lo largo de la Via Apia, pero también fue una práctica común para rebeldes, asesinos odiados, piratas y otros libertos “humildes”,bcriminales procedentes de las provincias a los que los romanos crucificaban en distintas posiciones, siendo considerado el modo más vergonzoso y humillante de morir.En las culturas de la antigüedad para que una muerte fuera honorable necesitaba del sepelio del difunto.

En la práctica de la crucifixión el reo era bien atado o clavado en un madero, entre árboles o bien en una pared, dejando el cuerpo allí hasta que falleciera mutilado y devorado por los buitres y otros animales carroñeros como escarmiento y una gran deshonra. Sobre el reo se estableció además la costumbre de fijarse una especie de rótulo “titulus” sobre el madero con una inscripción que lo describiera.

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