La influencia de la Antigua Roma en el cine: La Última Legión

LA ÚLTIMA LEGIÓN

(Sección de Gabriel Castelló para Arquehistoria. 2ª entrega).

Hoy analizaremos como destrozar una novela, discreta, en el cine.

En el 2002, la Editorial Grijalbo publicó en España la novela del polémico arqueólogo y escritor italiano Valerio Massimo Manfredi, La Última Legión”.

Con un moderado éxito, y dentro aún de la ola de “romanofilia” que produjo Gladiator, el director Doug Lefler fue el elegido por la Universal Pictures para acometer el proyecto de llevar este relato de aventuras pseudohistóricas al cine.

Obviamente, al guionista de Lefler le vino grande el proyecto, pues esta novela que arranca en el verano del 476 d.C., el año de la caída oficial del Imperio de Occidente, da para mucho si se bucea hondo en el complejo mundo tardo imperial.

El guión de la película se pasa por el Arco de Triunfo el argumento de la novela.

La historia comienza poco tiempo antes de que Rómulo Augústulo, el último César, sea coronado emperador con sólo 14 años. El padre de Rómulo, Flavio Orestes, tiene ciertos pactos con Odoacro, el caudillo de los hérulos, acuerdos que pretende ignorar una vez ha conseguido encumbrar a su hijo en el poder. Por otro lado, y como precaución ante una posible traición del bárbaro, un tal Aurelio (Colin Firth), un legado recién llegado del limes, queda al cargo de la custodia del emperador. Odoacro, por sorpresa, ataca Roma el día después de la coronación, matando a Orestes y su esposa en su propia villa y apresando al joven César.

Cuando el futuro del muchacho parece ir encaminado a la fosa, aparece en escena su anciano mentor, un enigmático personaje que convence con sus trucos al rey bárbaro a conminarlo antes que apresarlo. Así pues, Rómulo y Ambrosino (Ben Kingsley), que así se hace llamar el viejo, acaban recluidos en la isla de Capri. El anciano y el muchacho, deambulando por el viejo palacio de recreo de Tiberio, descubren una gruta secreta en la que se esconde la legendaria espada de Julio César.

El tal Aurelio, ayudado por un puñado de veteranos y una enigmática amazona bizantina, Mira (Aishwarya Rai), rescatan a Rómulo y Ambrosino y huyen a Britania, donde Wulfila (Kevin McKidd), segundo de Odoacro y malo principal de la peli, les sigue hasta el mismísimo Muro de Adriano. Allí tiene lugar la gran batalla entre Aurelio y los restos de la IX Legión contra el caudillo bárbaro que pretende dominar la antigua Britania espoleado por el odio de Wulfila…
Los romanos ganan, los bárbaros la palman y el muchacho se queda a vivir en Britania, perdiendo con el tiempo su nombre romano para ser conocido por otro nombre indígena, Pendragón, el padre del futuro Arturo; así mismo, el tal mago Ambrosino descubre su verdadero nombre: Merlín.
Partiendo de que este guión está basado en una obra de ficción ambientada en el ocaso de Occidente, y no en una biografía o historia real, hay muchas diferencias entre la película y la novela, pero muchas más si revisamos la historia real.
La guerrera de muy buen ver, Mira, no aparece en la novela; resulta difícil de digerir una mujer-soldado hindú en la corte de Constantinopla, pero la ficción lo soporta todo. El personaje femenino principal en el libro es una tal Livia, a quien Aurelio salva del asalto de Atila a Aquilea siendo una niña, y se une al grupo de camino a Britania. Dicha compleja huida a través de una Galia dividida, casi un tercio de la novela, ni aparece en la película.
Por otro lado, Flavio Orestes no murió en su casa a manos de los hombres de Odoacro, sino tras la revuelta hérula de Ticino, al igual que el caudillo germano depuso al muchacho en Rávena, y no en Roma. No hay constancia de que el joven Rómulo Augusto (lo de Augústulo es un despectivo posterior) saliese nunca de su confinamiento de Lucullanum (hoy Castell dell’Ovo, Napoli), por lo que la excursión a Britania es parte de la ficción de Manfredi. Su rastro se pierde en el 511. La isla llevaba sin romanos cerca de setenta años, por lo que encontrarnos con legionarios reconvertidos a labriegos es un poco heavy (los más jóvenes tendrían noventa años) Además, la IX legión fue liquidada en tiempos de Trajano (trescientos años antes…Esa es otra peli digna de estudio)
En resumen; un buen proyecto con un reparto aceptable que no convenció a los que veníamos de la novela, ni enamoró a los que esperaban más espectáculo cinematográfico.

Una lástima.

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