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Isabel de Portugal, la emperatriz del clavel

 Isabel de Avís, el único amor del emperador Carlos V

Texto de Sandra Cerro/ Perfiles de la Historia

Yo, la Reina Isabel de Portugal, Emperatriz y Reina de España.

El atronador griterío lastimero de la muchedumbre de Toledo, con aroma de adiós, dejó paso a la inmensidad de los campos castellanos y al silencio, tan sólo roto por el rotundo golpear de los cascos de los caballos y de los pasos firmes de los diez palafreneros que portaban a hombros el féretro. Un féretro sencillo cubierto con un repostero que llevaba bordadas las armas del emperador.

Junto al príncipe niño cabalgaba Francisco de Borja, Duque de Gandía y caballerizo de la Emperatriz, portando junto a su dolorido corazón las llaves del féretro.

Las crónicas de la historia cuentan que siempre estuvo en secreto enamorado de ella; ella, la inalcanzable, la Reina. Y también cuenta la historia que, tras el pesaroso viaje desde Toledo a Granada de tan triste cortejo, al abrir el duque el féretro para certificar que el cuerpo que se había depositado en él seguía siendo el mismo, y al ver la macabra imagen que se presentaba ante sus ojos, tan sólo pudo articular con un hilo de voz:

“Jurar que es Su Majestad no puedo, pero juro que fue su cadáver el que se puso aquí”.

Y en ese momento el Duque de Gandía decidió tornar el rumbo de su vida e ingresó en la Compañía de Jesús“No volveré a servir a señores que se me puedan morir” 
En 1671 fue canonizado San Francisco de Borja.

Conversión del Duque de Gandía”, José Moreno Carbonero. Museo del Prado

LA EMPERATRIZ DEL CLAVEL

Esposa del emperador Carlos I de España (Carlos V de Alemania) y madre del rey Felipe II, sin duda dos de los más grandes reyes que nos ha dado la Historia, doña Isabel de Portugal, Reina de España, ocupó un trono tan sólo como consorte, ya que la reina titular era aún doña Juana La Loca, pero supo muy bien ser amante, compañera, madre, mano derecha del emperador, excelente gobernadora de un reino del que se decía que en él jamás se ponía el sol, y una reina muy querida y admirada por sus súbditos.

Mirándonos, Señora, me confundo, pues todo el que contempla vuestro hechizo decir no puede vuestras gracias bellas.

Porque hermosura tanta en vos ve el mundo que no le asombra el ver que quien os hizo es el autor del cielo y las estrellas”. (Luis de Camoens)

Paradójicamente a una época en la que los matrimonios reales se concertaban por razones de Estado, Isabel y Carlos fueron inusuales protagonistas de una gran historia de amor.

Según relata el cronista Gonzalo Hernández de Oviedo, el primer encuentro entre Carlos e Isabel fue un auténtico flechazo.

Durante los primeros años del feliz matrimonio, estando instalada la corte en Granada, el emperador ordenó plantar en los jardines del Mirador de Lindaraja unas semillas persas como símbolo de amor por su esposa. Al poco tiempo las desconocidas semillas florecieron y la ciudad se llenó de claveles rojos. Es por ello que a Isabel se la conoce como la “emperatriz del clavel”.

Es famosa también la crónica del nacimiento del futuro rey Felipe II.

Durante el largo parto, doña Isabel ordenó mantener la penumbra en el cuarto y que le cubrieran la cara con un velo de forma que nadie pudiera ver el manifiesto del dolor en su rostro. Angustiada, la comadrona le pidió que gritara para así aliviar los dolores, pero ella se negó, respondiendo en su lengua nativa: “Nao me faleis tal, minha comadre, que eu morrerei mas non gritarei”

La emperatriz Isabel vivió y actuó como una auténtica reina gobernadora. Su esposo le otorgó expresos poderes para gobernar durante sus numerosas ausencias. En sus funciones como regente, siempre se preocupó más de la paz y la prosperidad de la península que del exterior. A finales de abril de 1539, la reina dió a luz un niño muerto en el Palacio de Fuensalida, Toledo. Las fiebres posteriores al mal parto le hicieron guardar cama y ya no volvió a levantarse.

Dicen que conservó la lucidez y el habla hasta el último momento y que se durmió para siempre con un crucifijo entre las manos. También dicen que el Emperador tuvo que viajar desde Madrid y no llegó a tiempo para despedirse de ella. Después de rezar durante horas a los pies de la cama de su esposa, se retiró al Monasterio de la Sisla. Desde allí, ordenó al pequeño príncipe Felipe, de tan sólo doce años de edad, presidir la comitiva del traslado del féretro de la emperatriz desde Toledo hasta Granada.

Reliquia de Carlos I e Isabel de Portugal en la Capilla Real de Granada

El anáilis grafológico

“Yo la Reyna”

Las fuertes fiebres habian hecho que la reina temiera por su vida. Fue por ello que quiso hacer testamento. A un testamento anterior, firmado y redactado por su secretario Francisco de los Cobos, la emperatriz quiso añadir una Memoria testamentaria ológrafa. La escritura de este testamento, escrito íntegramente en portugués, su lengua nativa, es ampulosa, caracterizada por numerosos reenganches entre letras y un trazado tembloroso y titubeante que podría ser debido a una salud, en el momento, delicada.

Pese a la característica grafía abigarrada y espesa de la época, el ológrafo de doña Isabel pretende ser un escrito que respira, y las palabras que, en la primera hoja, se apiñan en un principio, tienden después a expandirse más y a dejar correr el aire entre los renglones.

La imbricación ascendente de las líneas nos habla de un esfuerzo sostenido por mantener el entusiasmo y la fortaleza a pesar de las circunstancias adversas, en este caso, de salud, que están condicionando la vitalidad y el estado de ánimo.

No obstante, el refuerzo constante del ángulo nos delata a una personalidad de extraordinaria templanza unida al carisma autoritario, cualidades éstas que necesariamente debían reinar en una persona que a su natural sensibilidad femenina debía aunar el brazo duro y el pensamiento estratega de un hombre. Para tratarse de una caligrafía del XVI donde el modelo estaba aderezado con dinamismo, rasgos fugados y exagerados trazos de forma, puede decirse que es ésta una caligrafía sencilla, prácticamente sin ornamento, que no halla gusto en los excesos ni en las apariencias.

Esto parece coincidir con lo que muchos biógrafos afirman de doña Isabel, que no gustaba de vestir grandes lujos ni de lucir demasiadas joyas.

En esta última hoja del testamento ológrafo que se expone seguidamente se puede observar cómo el tamaño y forma de la firma respeta la coherencia exacta con la grafía del texto, tanto en tamaño como en inclinación de las letras y en forma; coherencia que nos está hablando de honestidad e integridad de la mano autora. Curioso es el hecho de que la firma parece encontrarse siempre ubicada entre paréntesis. Quizás podría deberse esto a que la reina no lo era como titular sino sólo en funciones, ya que el título de reina aún lo ostentaba doña Juana, encerrada en Tordesillas por su mal de locura.

Tampoco deja de ser curioso el rasgo de la “R” que ampara al resto de la palabra con su “ala de gallina”, gesto de protección característico en aquellos cuyo máxima aspiración es cuidar de los suyos y, en este caso esos “suyos” eran ni más ni menos que todos los súbditos de un vasto imperio en el que, decían, jamás se ponía el sol.

Cuando Carlos V llegó el 3 de febrero de 1557 al Monasterio de Yuste  para acabar allí sus dias, las campanas se echaron al vuelo celebrando la llegada de un gran hombre, pero él se limitó a decir:

“Ya me basta el nombre de Carlos. He dejado de ser emperador”

Dormitorio del emperador Carlos V en el Monasterio de Yuste, junto a los coros de la iglesia para acudir a sus rezos diarios aquejado por la gota.

El 21 de septiembre de 1558 se durmió para siempre con un crucifijo entre las manos… el mismo que aferró el último sueño de la Emperatriz. 

Sandra Mª Cerro Grafóloga y Perito calígrafo

 www.sandracerro.com 

Fuentes documentales:

    • Portal de Archivos Españoles: www.pares.es
    • Portal del Ministerio de Cultura: www.mcu.es
    • Blog de Elvira Valero de la Rosa, directora del Archivo Histórico Provincial de Albacete: http://temario-archivos.blogspot.com 
    • Web del Museo del Prado: www.museodelprado.es 
    • Web de la Ciudad de Úbeda: www.ubeda.com 
    • www.librosmaravillosos.com

Bibliografía:

  • Antonio Villacorta, “La emperatriz Isabel”
  • Carlos Fisas, “Historias de reyes y reinas” 
  • María Isabel Piqueras Villaldea, “Carlos V y la emperatriz Isabel” 
  • Fernando González-Doria, “Las reinas de España”

Especial mención y agradecimiento al Archivo Histórico de Simancas

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Ampa

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One thought on “Isabel de Portugal, la emperatriz del clavel
  1. giorgio conti

    Amabile signora Sandra, sono italiano, riesco a capirere il castigliano, ma non so scrivere bella sua nella lingua. Ho apprezzato sinceramente il suo esame sulla grafia di Isabel de Avis e le chiedo se sia possibile avere una trascrizione a stampa dell’intero testamento olografo. Oppure sapere dove posso trovarlo online. Ciò mi occorrerebbe per la mia tesi di laurea che ha per oggetto proprio i 2 sovrani del Saro Romano Impero,
    La rinrazio dell’attenzione e la saluto cordialmente
    Giorgio Conti

     

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