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Imperio de Mali, esplendor y decadencia: Timbuktu

PARTE II. IMPERIO DE MALI: APOGEO Y DECADENCIA

Marcos Uyá /Más allá de las Fronteras

Como vimos en un artículo anterior, a mediados del siglo XIII, el Imperio de Malí ya se ha expandido enormemente gracias a las conquistas del emperador Sundiata. Pero los dias de máximo esplendor, del segundo gran imperio del África sudánica, llegarían con su sobrino y sucesor Mansa Musa, quien conquistó Timbuktu o Tombuctú, ciudad que convirtió en el más importante centro comercial y religioso de la cultura islámica en el África Subhariana.

Representación de Mansa Musa, rey del imperio de Malí s. XIV, en un Atlas Catalán del mundo conocido (mapamundi), elaborado por Abraham Cresques de Mallorca. Musa aparece sosteniendo una pepita de oro y con una corona de estilo europeo.

Un antiguo proverbio malí decía ; El oro viene del sur, la sal del norte y el dinero del país del hombre blanco; pero los cuentos maravillosos y la palabra de Dios sólo se encuentran en Timbuctú”.

Para nosotros, los occidentales, Timbuktu sigue siendo una ciudad legendaria, forjada entre el oro y la sal, cuyo extraordinario patrimonio corre peligro, a medida que aumenta la tensión franco-africana en Malí, uno de los países más interesantes del África occidental

LA EXPANSIÓN DEL ISLAM

Suniata, fue el primer soberano malinka en convertirse al Islam. La religión malí combinaba la religión de Alá con tradiciones animistas de épocas anteriores. No obstante, el Islam tiene ya gran influencia en su reinado, y  poco a poco va calando en todo el territorio y sociedad maliense, debido a la importación por parte de los comerciantes bereberes, sobre todo de la celebración del Ramadán y la Tabaski.

La proliferación de las mezquitas, donde estaba prohibida la entrada a los no musulmanes, contribuyó a la expansión del Islam preferentemente en las ciudades, junto a las regulares peregrinaciones que realizaban los soberanos a La Meca. También se dejó sentir su influencia en la arquitectura, cocina, poesía y en la forma de vestir. La figura del imán adquirió una gran importancia no sólo como enseñante del Corán, si no como persona a la que había que respetar y valorar cuya casa era refugio inviolable. 

Aunque en los pequeños poblados y aldeas se mantuvieron las antiguas costumbres animistas, Tombuctú, se convirtió en el más importante centro de la cultura islámica.

Mezquita de Djenné, en Malí. Construcción elaborada a base de barro. Es una de las mezquitas más conocidas, considerada como el mejor ejemplo de la arqueitectura sudanesa saheliana.

EL APOGEO

Suniata, tras su venganza personal contra los Sosso, dió alas a su política expansiva y contribuyó, de manera definitiva, a la expansión del nuevo imperio, cuya capital política y económica situó en Niani, a orillas del río Sankarani, llevando su reino hacia el norte, colindando con el desierto del Sahara, -barrera natural y defensiva de posibles invasores almohades-, y hacia el sudoeste llegando a las costas del Océano Atlántico.

MANSA MUSA  

A la muerte del emperador Suniata, y tras algunas sucesiones sin revancia, en 1307 un sobrino de éste accedió al trono con el nombre de Mansa Musa I. A partir de este momento, el Imperio vivirá sus dias de máximo apogeo con la construcción, bajo su mandato con grandes mezquitas, bibliotecas y madrazas y hasta la primera Universidad donde potenció las letras y la literatura negra de expresión árabe.

Mansa Musa, consolidó las conquistas conseguidas por sus antecesores, peregrinó a La Meca estableciendo relaciones con todos los países que visitó durante su viaje, especialmente en Egipto, y a su vuelta se trajo un arquitecto de origen nazarí llamado Es Sahelí, quien se encargó de realizar numerosas obras públicas y religiosas, joyas como la Mezquita de Dchingerber, que aun hoy sobrevive. 

La Mezquita de Djingareyber que Mana Musa mandó construir en el centro religioso de Tombuctú, Mali

TOMBUCTÚ LA CIUDAD VETADA

A su vuelta de La Meca, Mansa Musa conquistó Tombuctú que pasó a ser un además de lugar clave de intercambio comercial, un gran centro intelectual de estudios islámicos.

Timbuktú, para nosotros Tombuctú, contruída en pleno desierto, era un punto estratégico de intersección en las rutas comerciales que atravesaban el Sahara de norte a sur, y punto de encuentro entre las tribus negras de África  con  bereberes, tuareg y árabes norteños. En estas caravanas era frecuente el intercambio del oro del sur  y sal de norte, además de otros productos. En cambio la procedencia del oro, cada vez más demandado en estos intercambios comerciales, resultaba misteriosa y desconocida, lo que dió pie a la proliferación de las más diversas leyendas sobre la ciudad. Este antiguo y legendario reino cuyas edificaciones parecen sacadas de un cuento de hadas, está ubicado en Malí.

Y LLEGARON LOS FRANCESES…

Hoy Tombuctú, sigue siendo esa ciudad misteriosa, que alimentó la imaginación europea, probablemente porque estuvo vetada durante siglos a los europeos, hasta bien entrada  la época colonial, bajo la dominación francesa. Tombuctú próxima al río Niger es un regalo del mismo, siendo fundada por los tuareg hacia el año 1.100 como parada comercial, floreció durante la dinastía mandinga. 

El primer europeo, no musulmán, que se atrevió a pisar Timbuctú fue un explorador escocés en 1825, Alexander Gordon Laing.

 En 1893, a pesar de la gran resistencia que ofrecieron los tuareg, Tombuctú cae bajo la dominación colonial francesa. Fue entonces, cuando se levantó la prohibición a los no musulmanes y llegaron a la Universidad de la ciudad gentes cultas de muchos lugares del mundo. Esta etapa colonial continuó hasta 1960 cuando llega la independencia al Sudán francés que se convierte en el Malí que hoy conocemos.

Finalmente, el último gran periodo del Imperio fue bajo el reinado de Mansa Solimán, a mediados del siglo XIV, cuyo testimonio de Ibn Battuta quien visitó Malí en 1352-1353 habla del esplendor y magnificencia del Imperio destacando su capital, aunque también denuncia la avaricia e impopularidad del soberano. 

LA POLÍTICA

Debido a la gran extensión del Imperio y la existencia de numerosas ciudades, unas cuatrocientas, el sistema de organización administrativa era descentralizado, una especie de confederación dividida en doce provincias, que a su vez se dividían en cantones (kafo) y en pueblos (dugu), que gozaban de cierta autonomía, pero que eran sometidas a la administración directa del rey.

Sólo la provincia de Mandé, donde se encontraba la capital, dependía directamente del soberano, considerado divino, quien administraba justicia mediante órdenes que daba a viva voz, rodeado siempre de una gran corte que se componía de qadíes, secretarios y sobretodo músicos que tocaban diferentes instrumentos como el tamtam, la kora, olifantes y diferentes tipos de guitarras.

LA ECONOMIA

La importancia del comercio:

Además de la agricultura -y la ganadería introducida por Sundiata, el comercio fue un pilar en la historia del Imperio de Mali, no sólo como medio económico y fuente de ingresos, sino como modo de integración política entre diversos pueblos y etnias como los tuareg, wolof, fula, maninké, diallonké, etc.

Las rutas comerciales estaban basadas en dos aspectos:

  • una red de rutas regionales destacando la del Sahara al norte, recibiendo productos procedentes del Mediterráneo, a través de caravanas bereberes, que llegaban a las ciudades de Tombuctú y Gao, y
  •  otra, desde la sabana hasta el sur del Imperio, por comerciantes hausa que transportaban las mercancías en burro.

En las zonas septentrionales del Imperio, colindando con el Sahara, se comercializaba con la sal, transportándola desde Taghaza hasta Walata a través de camellos y muchas veces se usaba como medio de pago. El oro se convirtió en el objeto más deseado no solo del Imperio, sino de toda África e incluso parte de Europa y Asia, ya que en el siglo XIV los yacimientos de Buré eran los más ricos de todo el mundo y en un principio el oro era propiedad del rey, aunque en tiempos de Mansa Musa I devolvió la autonomía y propiedad del oro a la región a cambio de altos tributos.

Otro producto deseado era el kola, fruto seco de propiedades narcóticas y estimulantes, usada para aliviar el hambre y cansancio y en ceremonias religiosas y sociales.

Una amplia gama de productos eran comercializados, kola, productos agrícolas, oro, ganado, pescado seco, manteca de karité, el hierro, los esclavos, los granos, algodón y telas de lana, cobre, marfil, cuero, telas manufacturadas de las pieles mediterráneas, etc. Además de permitir también la difusión de manualidades, habilidades y conocimientos, así como el Islam. 

Decadencia y desaparición

Askia Toure. Rey de Songhai de Gao 1493-1529

Tras ese reinado, Malí entro poco a poco en una espiral de decadencia que duraría casi dos siglos puesto que los sucesores son débiles y la anarquía comenzó a apoderarse del Imperio. Además, condicionantes externos como la penetración de los Fulbé primero, la llegada de los portugueses a las costas occidentales después y por último, la aparición de los Songhai de Gao que saquearon la capital en 1545, acabaron por colapsar al Imperio que a finales del siglo XVI se disgregó en diversos principados y fue absorbido por el emergente dominio songhai.

Artículo relacionado; Ghana en busca del Primer Imperio 

Bibliografía:

  • Benitez Fleites, A. E. y Moreno García, J. F.: Vida y costumbres de los pueblos de África. Madrid: Edimat, 2006. pp. 64-78.
  • Gómez-Tabanera, J. M.: “Las culturas africanas” en Historias del Viejo Mundo nº 14. Madrid: cuadernos de Historia 16, 1988. pp. 100-102.
  • Ki-Zerbo, J.: Historia del África Negra: de los orígenes al siglo XIX. Tomo I. Madrid: Alianza Universidad, 1980. pp.184-203.
  • Insoll, T.:  “Archaeological Research in Timbuktu, Mali” en Antiquity 72, 1998. pp. 413-417.
  • Martinez Carreras, J. U.: “Los Imperios africanos” en Cuadernos de Historia 16, nº 274. Madrid, 1985. pp. 10-16.

Imágenes; google images, wikimedia commons Africano

 

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