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La leyenda celta de las cabezas cortadas

“Los jinetes galos, llevando cabezas colgadas delante del pecho de sus caballos y clavadas en las lanzas, entonando cánticos según su costumbre”. (Tito Livio)
“Los celtiberos cortan las cabezas de sus enemigos muertos en el combate y las cuelgan de los cuellos de sus caballos”. (Diodoro de Sicilia)

Existen pruebas suficientes para saber que en muchas tribus celtas la iniciación de los jóvenes guerreros consistía en salir en busca de una cabeza humana. Si volvían con ella colgando de su silla de montar, no sólo se consideraba que su instrucción militar había concluido, sino que adquirían todos los derechos de un noble adulto, uno de los cuales consistía en que podían casarse y formar una familia.

Pero la cabeza humana no sólo era un trofeo entre  los celtas, significaba algo así como la cruz para los cristianos, ya que la valoraban como la portadora o la casa del alma, la sustancia del ser humano, lo que iba a proporcionarle la inmortalidad; cualidades que no perdía al ser cortada, y que, además, transmitía en parte a su poseedor.

En una trágica leyenda galesa se cuenta que Bran el Divino se enfrentó a tantos enemigos en una batalla que fue vencido. Antes de expirar pidió a sus siete amigos, que eran los únicos supervivientes, que le cortaran la cabeza y la llevasen lejos de allí, pues no quería que pasara a convertirse en un trofeo para sus enemigos. Seguir leyendo el artículo completo.

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