La cultura de los neandertales.

La cueva de Lezetxiki

Se sabe que los neandertales solían recoger algunos objetos que les llamaban la atención: generalmente piedras o minerales de formas y colores llamativos, trozos de ocre; incluso que asociaban huesos de animales a sus inhumaciones, o que manipulaban restos enterrados (desplazamiento de los huesos, trepanaciones de cráneos…)  Ahora hablamos de la existencia de una posible cultura del neandertal. La clave de este debate se encuentra en un adorno personal; una pequeña concha roja, encontrada en 2002 en la cueva de Lezetxiki.

La cueva de Lezetxiki en la prehistoria ha sido habitada no sólo por grandes carnívoros sino tambien por humanos de las especies heidelbergensis, neandertal y crogmagnon. Hace unos años los arqueólogos encontraron allí una pequeña concha marina de color rojizo. Se trata de un objeto que fué usado como adorno durante el paleolítico medio, y su uso se atribuyó a los nenadertales (entre 95.000-35.000 años a. C). Los últimos estudios y análisis de laboratorio sobre esta diminuta concha roja de Lezetxiki, revelan que ésta no fue recolectada en la costa cantábrica como cabría suponer, sino que su origen es mediterráneo. Esto vendría a demostrar la existencia de una extensa red de intercambio entre los distintos grupos o clanes neandertales.

Quizá, esos neanderthales cuya fisonomía estaba totalmente aclimatada a los fríos glaciares y a cazar con técnicas más rudimentarias que los de nuestra especie (razones que pudieron llevar a su extinción cuando el clima mejoró y con ello se vieron alterados los sitios de caza y las técnicas para hacerse con las presas). Sin embargo quizás no fueran intelectualmente tan retrasados como se les consideraba, y la capacidad de crear objetos decorativos, como la concha de Lezetxiki, sea una muestra de su capacidad para la abstracción.

Desde un principio, la posibilidad de que el adorno en cuestión fuera obra de los enandertales generó un gran debate en torno a los comportamientos simbólicos de los mismos. Esta diminuta concha mediterránea de 25 milímetros de largo por 11 de ancho y un grosor de 6 milímetros se ha convertido en el eje del debate en torno a los usos y comportamientos simbólicos de los neandertales. Si se demuestra la hipótesis planteada por Arrizabalaga y sus colegas, estos extintos humanos podrían definitivamente situarse a la altura de nuestros ancestros en materia creencias, espiritualidad, arte…

Estos humanos achaparrados pero extraordinariamente robustos habían sido considerados tradicionalmente poco menos que pseudosimios tambaleantes. Pero sucesivos descubrimientos y hallazgos han permitido arrojar luz sobre una especie humana que, según los investigadores, probablemente fue tan inteligente como la nuestra -su capacidad craneal era superior a la del cromagno o humano moderno- y que bien pudo haber tenido una vida simbólica tan rica como la que se le ha atribuido siempre a nuestra especie.

Como sostienen Álvaro Arrizabalaga, Esteban Álvarez-Fernández y María José Iriarte, el descubrimiento de esta concha ornamental en Lezetxiki, situada a 500 kilómetros en línea recta del Mar Mediterráneo, «evidencia los contactos más distantes hasta ahora conocidos en Europa occidental durante el comienzo del Paleolítico Superior».

Estos objetos fueron -y son, señala Arrieta- objeto de polémica porque aparecieron en niveles muy tardíos y asociados a útiles que bien pudieron pertenecer a humanos modernos.
La importancia de este tipo de datos es «crucial en el debate sobre la extinción de los neandertales, porque precisamente la falta de este tipo de rasgos de complejidad cultural que algunos interpretan como un reflejo de una inteligencia limitada, o por lo menos carente de principios simbólicos -de auténtica cultura, en definitiva- es esgrimida como una de las causas que contribuyeron a su desaparición».

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