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La batalla de Baécula

La batalla de Baécula fue un conflicto militar enmarcado en  la  Segunda Guerra Púnica, entre Cartago y la República romana. En el año 208 a.C se enfrentaron el ejército cartaginés, comandado por Asdrúbal Barca, y el ejército romano, a las órdenes de Publio Cornelio Escipión el Africano. En la contienda, Escipión el Africano al mando del contingente romano en la península Ibérica, se enfrenta a los cartaginenes, en una primera gran contienda. La batalla, planteada con la intención de frenar la marcha de Asdrúbal hacia Italia, se saldó con victoria romana, si bien el ejército cartaginés pudo finalmente escapar hacia el norte. Otra de las consecuencias de la batalla fue que el ejército romano pudo tomar una posición vital para proseguir desde ahí la conquista del valle del Guadalquivir.

Antecedentes de la batalla

A comienzos de 208 a. C., Escipión marchó contra Asdrúbal Barca , cuyo ejército se encontraba pasando el invierno en la ciudad de Baecula, ubicada en la parte alta del río Betis (hoy Guadalquivir).

Tras conocer el acercamiento de los romanos, Asdrúbal trasladó su campamento a una posición muy sólida para su defensa, en lo alto de una meseta escarpada en el sur de Baecula, protegida por valles en los flancos y el río en el frente y la retaguardia. Además, la meseta estaba formada por dos escalones, y Asdrúbal colocó sus tropas ligeras en el inferior y a su campamento principal en la parte más alta.

Tras su llegada, Escipión primero dudó sobre cómo atacar una posición tan fuerte, pero a sabiendas de que los otros dos ejércitos cartagineses podían aprovecharse de su inacción para unir sus fuerzas con Asdrúbal, decidió actuar el tercer día.

La batalla

Antes de lanzar su ataque principal, Escipión envió a un destacamento de soldados para que bloqueasen la entrada al valle, separando los dos ejércitos del que se encontraba en camino de Baecula, consiguiendo con ello una mayor seguridad para su fuerza principal a la vez que cortaba cualquier opción de retirada del ejército cartaginés.

Una vez que finalizó este despliegue preliminar, las tropas ligeras romanas avanzaron contra su contrapartida cartaginesa. A pesar del desnivel y de la lluvia de proyectiles, los romanos no tuvieron demasiadas dificultades para conseguir hacer retroceder a las tropas ligeras cartaginesas una vez que logaron entablar un combate mano a mano.

Tras reforzar a su fuerza principal, Escipión hizo desplegar un ataque en forma de tenaza contra los flancos del campamento principal cartaginés. Para ello, ordenó a Cayo Lelio que dirigiese a la mitad de la infantería pesada hacia la derecha de la posición enemiga, mientras que él mismo dirigía el ataque sobre la izquierda.

Asdrúbal, mientras tanto, tenía la impresión de que el ataque romano no era más que una pequeña escaramuza, debido a que Escipión había ocultado a su ejército principal en el campamento hasta el momento del ataque final. Por ese motivo fracasó en desplegar adecuadamente a su ejército principal, y se vio envuelto en el ataque envolvente romano.

A pesar de haber caído en la trampa, Asdrúbal fue capaz de retirarse del campo de batalla con sus elefantes, su caravana de suministros y gran parte de sus tropas cartaginesas. Parece que sus principales pérdidas en la batalla se centraron en gran parte de sus tropas ligeras y de aliados íberos. Esto se debió en gran parte al hecho de que los legionarios romanos prefirieron detenerse a saquear el campamento cartagines en lugar de perseguir a Asdrúbal sin perder tiempo.

Tras la batalla, Asdrúbal dirigió a su mermado ejército a través de los pasos occidentales de los Pirineos y se adentró en la Galia. Desde ahí se dirigió hacia Italia con una fuerza compuesta en gran parte por tropas galas, en un intento de unirse a su hermano Aníbal.

Muchos historiadores criticaron a Escipión por dejar escapar a Asdrúbal de la península Ibérica. Sin embargo, también es cierto que una persecución por los romanos a través de terrenos desconocidos, montañosos y hostiles, a la vez que dejaba a dos ejércitos completos y numéricamente superiores en su retaguardia, habría supuesto arriesgarse a un nuevo desastre como el de la batalla del Lago Trasimeno.

Por el contrario, Escipión retiró a su ejército hacia Tarraco, y consiguió formar alianzas con la mayoría de las tribus nativas, que cambiaron de bando tras las victorias romanas de Carthago Nova y Baecula.

Mientras tanto, los refuerzos cartagineses llegaron a la península durante el invierno, y pronto lanzarían un ataque final para intentar recuperar sus pérdidas.

Tradicionalmente el escenario de la batalla ha sido ubicado en las cercanías de Bailén por similitud fonética; además, un texto de Polibio señala que Baecula estaba próxima a Cástulo. Algunos investigadores de la Universidad de Jaén han afirmado recientemente que el escenario de la batalla se sitúa en las cercanías de la población actual de Santo Tomé, concretamente en el oppidum de Turruñuelos, que sería la población de Baecula que citan las fuentes clásicas, y que dista unos 60 km de Cástulo; próximo a este oppidum se encuentra el Cerro de las Albahacas, donde habría acontecido la batalla. Las campañas de prospección arqueológica realizadas en 2006 y 2007 por el Centro Andaluz de Arqueología Ibérica habrían confirmado estos planteamientos, a través del hallazgo de restos de armas y monedas púnicas que datarían de la época de la batalla.

Fuente; wikipedia

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