El trabajo en la antigua Roma era considerado indigno

Cuantas veces hemos oído decir aquello de que ” el trabajo dignifica a las personas “, sin embargo en las culturas clásicas de la Antigüedad el trabajo remunerado era considerado indigno para los hombres. A diferencia de nuestra sociedad donde el trabajo es la clave para lograr un nivel de vida aceptable-especialmente en tiempos de crisis económica-; para la mayor parte de los filósofos griegos y romanos el hecho de trabajar no estaba bien considerado ni era apreciado. 

Para los antiguos romanos lo importante era tener porpiedades o haciendas. No es que consideraran despreciable el trabajo en sí mismo, sino que veían indigno verse obligados a trabajar para sobrevivir. Y cuando esto ocurría el objetivo era el de reunir un patrimonio que les permitiera vivir lo más ociosos posible. Anteriormente  a Roma, uno de los iconos de la cultura griega como Platón afirmaba que una ciudad bien gobernada debía mantenerse por el trabajo rural de los esclavos y por el trabajo artesanal de los hombres de poca monta, para sostener a las vidas virtuosas, cuya característica fundamental era el ocio. Por ende el comercio tampoco estaba bien considerado. Un comerciante que viviera bien de su negocio no era respetado si además no tenia tierras.

Parece lógico pues deducir que en la cultura greco-romana no se valoraba tanto el progreso social o económico de las personas con su esfuerzo, como el llegar a acaudalar tierras. Por eso, ser rico significaba no tanto tener dinero como ser dueño de tierras. Sin embargo los libertos o hombres libres eran pobres que tras años de lucha lograron reunir un patrimonio importante. El hombre libre era aquel hombre que poseía el patrimonio suficiente como para no trabajar, es decir, para dedicarse al ocio. Afortunadamente en ese aspecto hemos mejorado bastante ya que hay una gran diferencia de aquellos viejos esquemas a las tradiciones occidentales modernas, sobre todo la norteamericana marcada por el ideal del “sueño americano”.

Texto extraido de www.hipernova.cl:

En cualquier caso [existían algunas paradojas en cuanto a la admiración o desprecio de una misma actividad llevada a cabo por personas distintas. Un noble que además era negociante era muy admirado, mientras que un simple hombre libre y comerciante era por lo general, despreciado. Lo mismo ocurría con los oficios, nadie admiraba a un empresario agrícola, pero si el que se dedicaba a tal actividad era un notable, lo elogiaban constantemente. “Haga lo que haga, un notable o un noble no se verá nunca definido por ello; en cambio un pobre es zapatero o jornalero”. Quizás el ejemplo más conocido es el de Marco Aurelio, emperador y filósofo, en cuyo caso su ocupación filosófica era considerada aún con más mérito, porque no tenía la necesidad de ser filósofo.

Pero por más que se despreciase el trabajo (en las altas esferas), los dignatarios políticos debían ensalzarlo, porque después de todo era el trabajo de la mayoría el que sostenía los placeres de una minoría. La ciudad “era una institución que se superponía a la sociedad natural humana, a fin de que sus miembros llevasen una existencia más elevada”. Los pobres no debían trabajar para colaborar con la ciudad sino para impedir que la miseria los incite al crimen.

Según Isócrates, “se orientaba a las gentes modestas al cultivo de la tierra y al comercio, porque se sabía muy bien que la indigencia nace de la pereza, y el crimen, de la indigencia”. Pero se despreciaba el campo, más que el campo, las labores campesinas; los notables vivían en las ciudades, no en el campo; desde las ciudades atendían los quehaceres financieros del campo, que como dijimos, era señal de admiración; siendo sin embargo admirada nada más que su posesión

Se afirma que esta idea asociada al desprecio del comercio la podemos encontrar en varias culturas distintas. Por eso, ser rico significaba no tanto tener dinero como ser dueño de tierra, como una forma de rechazar al advenedizo e impulsarlo hacia el agro. Por eso también, un heredero, un individuo rico y terrateniente, no era considerado comerciante por más que se dedicase al comercio, lo importante era no haber comenzado por tal actividad. De la misma manera, eran considerados pobres todos aquellos que no poseían una fortuna personal, un patrimonio, por más que fuesen clientes o músicos o gramáticos. Los cargos públicos eran bien o mal considerados según los cargos y los lugares, sin existir una lógica aparente para su calificación como dignidad o trabajo. Por ejemplo, un gobernador de África, con un salario fastuoso era considerado una dignidad, una función pública, mientras que un gobernador de Egipto, con el mismo salario, según el decir de la gente, no cumplía una función pública. Quizás porque los gobernadores de África eran designados por el antiguo senado mientras que los de Egipto eran reclutados de un cuerpo de funcionarios imperiales.

Profesiones liberales

En cuanto a la admiración o desprecio que se tenían por las profesiones liberales, nada está muy claro; en cierto sentido los notables y filósofos despreciaban a los salariados, y muchos profesionales eran asalariados; lo que atenuaba un tanto su posición era ser cliente de algún notable, con lo cual, teóricamente, dejaba de ser asalariado. Sin embargo, muchos emperadores, cuya ocupación era ser el curador, o tutor de la totalidad del pueblo romano, protegían efectivamente el trabajo del pueblo, ya sea proveyéndolos de recursos, o cuidando sus intereses (como Augusto), o rechazando el empleo de máquinas para las construcciones (como Vespasiano con el Coliseo). Además el desprecio del trabajo no era característica de todo el Imperio, en otros lugares era admirado, como en Pompeya o en África, donde ricos comerciantes pregonaban a viva voz su oficio, o mejor aún, lo inscribían en su epitafio (señal de riqueza siempre bastante cara).

El enaltecimiento del trabajo era el orgullo de la clase media, que de ninguna manera era mayoría pero sí mucho más rica que la plebe y a veces tan rica como los notables; la clase media estaba conformada mayoritariamente por libertos que habían encontrado en la producción y el comercio una manera de empezar una dinastía familiar (los hijos de aquellos nacen libres): panaderos, carniceros, vendedores de vino o de ropa, a veces ricos pero sin poseer nobleza urbana. Los libertos adinerados sabían leer y escribir, fueron a la escuela hasta los doce años. San Pablo fue un representante de dicha clase media, hijo de un fabricante de tiendas de campaña, dedicó su obra a discípulos corintios de su misma clase.

En la antigüedad, un panadero, un carnicero o un comerciante de calzado no eran simples tenderos sino plebeyos ricos, con capital acumulado y esclavos que trabajan para él. La plebe romana estaba compuesta por tres clases económicas: la que vive el día a día y debe contentarse con un mínimo alimentario; los tenderos y comerciantes pobres y sin capital que compran hoy para vender mañana; y finalmente los ricos comerciantes con un capital ahorrado suficiente como para comprar al por mayor o con capacidad de almacenar sus productos, sin ser un gran mayorista. En Pompeya aún se advierten las diferencias entre los tenderos ricos y pobres; los últimos viven en el desván del negocio, subiendo una escalerilla, mientras que los primeros poseen casas grandes y fastuosas, una domus con patio de quinientos metros cuadrados de superficie.

El historiador afirma como conclusión que los romanos no despreciaban al trabajo sino a los que se veían obligados a trabajar para sobrevivir, y que por lo tanto es un error decir que los antiguos sabios despreciaban la utilidad o las aplicaciones prácticas de las construcciones fruto del trabajo.

5 Comentarios a "El trabajo en la antigua Roma era considerado indigno"

  1. Anónimo's Gravatar Anónimo
    4 agosto, 2010 - 11:31 | Enlace permanente

    Estando de vacaciones yo tb me apunto a la idea de que trabajen otros para mantenerme ocioso :-)

  2. Anónimo's Gravatar Anónimo
    5 agosto, 2010 - 12:24 | Enlace permanente

    Sí que es cierto que un Senador tenía prohibido dedicarse al infame mundo del comercio, algo propio de griegos o extranjeros, pero, indirectamente, todos tenían negocios gestionados por libertos y/ esclavos de confianza.

    Se asalariado estaba mal visto, e incluso era algo poco frecuente en las pequeñas ciudades de provincias. Un pater familias que se preciase debía de tener entre 5 y 8 esclavos, que serían quienes realizarían las tareas más desagradables del negocio (como una fullonica, lavandería, donde el dueño pasaba una vez al día a por sus sestercios mientras sus esclavos olían orines)

    En el caso del comercio ultramarino era más frecuente que un ciudadano libre liderase el negocio, como en mi caso Cayo Antonio, pues era un tipo de actividad que no requería cultivo de grandes extensiones de terreno o manufactura de artículos diversos.

    De todos modos, la política del panes et circenses creó una masa social de proletarios (que en la antigua Roma significaba hombre libre sin recursos) e idiotas (que significaba hombre libre sin cargos públicos) que vivían del cuento a costa del estado y de los esclavos (más de 300.000 sólo en Roma en época clásica) que lo mantenían.

    Un excelente artículo. Enhorabuena!

  3. Anónimo's Gravatar Anónimo
    6 agosto, 2010 - 0:07 | Enlace permanente

    Creo que en la esclavitud fue lo más denigrante dde una sociedad romana en decadencia que creó a esta masa de ociosos. Hoy no podemos entender que debió significar ser esclavo y hacer todo lo que se te pedía incluidos trabajos duros o favores sexuales, sin recibir nada a cambio. Un saludo

  4. Anónimo's Gravatar Anónimo
    31 agosto, 2010 - 23:37 | Enlace permanente

    Menos samba y más trabajo. España es el pais donde los funcionarios y políticos no pegan chapa y mientras uno trabaja cuatro miran. Hay otros que ya retirados de la política(tras 4-8 años) siguen cobrando un sueldazo del estado. Así nos va. Que se pongan a trabajar como cualquier ciudadano cuando se le acaba el contrato de trabajo.

  5. 18 agosto, 2011 - 22:17 | Enlace permanente

    Aparte de algunas tonterías que veo escritas por aquí y que nada tienen que ver con el artículo, sabemos que todas las civilizaciones antiguas fueron esclavistas, es decir, su esplendor, su realeza, sus obras públicas, etc. eran posibles gracias al trabajo esclavo. Había trabajadoraes, claro está, que no eran esclavos y que gozaban de diversos estatutos según los casos, pero la mayoría de la población, en muchas civilizaciones de la antigüedad, era esclava. Para el caso de Roma, según los especialistas que he podido consultar, por lo menos entre el s. II antes de Cristo y el II después de Cristo, la mayoría de la población, primero de la República y luego del Imperio fue esclava, por lo tanto a ella se debe el mayor esfuerezo (no intelectual, pero sí físico) para el mantenimiento del ejército, la construcción de calzadas y edificios (públicos y privados) el sostenimiento de la burocracia y la corte, etc. Esto puede parecer una constatación de poca importancia, pero lo que a mi me interesa es hacer ver que son las clases humildes las que normalmente levantan un país o una civilización; posteriormente fueron los campesinos, los artesanos… Ahora la clase media, pero también los inmigrantes, los aprendices, los peones, los empleados de cualquier clase y condición.

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