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La venganza de los ‘cuernos’. El adulterio en el matrimonio medieval

Texto de Ampa Galduf/Arquehistoria

EL ADULTERIO EN LA CASTILLA MEDIEVAL

Durante más de un milenio de historia medieval, la Iglesia católica establece un nuevo orden moral basado en el matrimonio como núcleo familiar y, la familia como núcleo social.

La única unión carnal permitida era la de hombre y mujer unidos en santo matrimonio y con fines de procrear.

En la Castilla medieval, tanto para la religión cristiana como para la judía y musulmana, el adulterio es
un pecado grave y merecedor del más severo castigo.

 

  • La castidad era un valor social intrínseco que contribuía a proporcionar la salvación de las almas.
  • El adulterio, suponía una grave transgresión al romper la fe matrimonial,  clave del cristianismo.
  • En la Castilla medieval, las mujeres adúlteras eran consideradas, poco menos, que delincuentes. El marido, estaba facultado para matar a ambos adúlteros;o los dos o ninguno”.

LA IGLESIA EN EL NUEVO ORDEN MORAL

La Iglesia recoge el testigo dejado por el Imperio romano y, desde la universalidad de la fe cristiana, aglutina tierras y gentes consiguiendo un eficaz gobierno, el control de la sociedad feudal y el manejo de la historia y la política.

El principal objetivo por parte del nuevo orden eclesiástico fue el de acabar con las tradiciones de los pueblos bárbaros, que aceptaban el concubinato, el adulterio o el incesto.

La Iglesia,- basando su organización en una severa disciplina, una administración bien regulada y una jerarquía rigurosa,- respondió  asentando el matrimonio como institución que conducía al buen orden moral, alejando a la sociedad de prácticas poco deseables. 
Centraremos este artículo en el período de la Baja Edad Media castellana (s.XI-XV), donde las relaciones sexuales, estuvieron marcadas por los dogmas recogidos en la obra legislativa y doctrinal de Las Siete Partidas, que comenzó a aplicarse a partir de 1348, dictando el orden moral de la sociedad cristiana medieval.

Fragmento de las Siete Partidas de Alfonso X El Sabio. Con autoridad legal , moral y poder sancionador a partir de Alfonso XI en 1348. Fotografía de una edición original de 1576.

Fuera de este sistema de creencias y valores, el resto de prácticas sexuales fueron consideradas  contra natura y trasgesoras y se convierten, en consecuencia, en actos punibles.

Esto no impidió, sin embargo, que durante la Edad Media existiera una alta tasa de ilegitimidad en el terreno sexual ya que las relaciones extraconyugales eran muy habituales.

Qué era el adulterio

El adulterio, en la Castilla Medieval, suponía  una grave violación, al  romper la fe matrimonial, en la cual residía la clave del cristianismo.
Para la Iglesia y el Derecho Canónico, en la teoría, las infidelidades conyugales tenían la misma trascendencia si las cometían mujeres o hombres. En un primer momento el cristianismo intento, frente a la tradición judaica anterior, establecer una concepción algo más igualitaria del adulterio, considerándolo condenable tanto para el hombre como para la mujer casados. Pero en la práctica no era sí. 

Para la sociedad medieval, los deslices sexuales fuera del matrimonio de las cónyuges, representaban un plus de gravedad, al contribuir a la subversión y destrucción del orden social y, por tanto, eran merecedoras de un castigo más severo.

Esta consideración social del delito condujo a que el empleo del término adulterio” quedara reservado exclusivamente para la falta en las mujeres y se utilizara el de “amancebamiento” en los hombres; y a la postre, como ya hemos dicho, supuso una mayor sanción penal para aquéllas.

LA VENGANZA DEL CORNUDO

Mediante esta forma de entender el adulterio que entronca con el Derecho Romano, se establecía una clara desigualdad penal entre ambos cónyuges a favor del varón. De estas relaciones extraconyugales de las mujeres nacían las deshonras que eran un atentado al honor del marido y de la familia, a su buena fama pública, que exigía ser restituida con el recurso a la sangre y a la violencia, con lo cual se producía una alteración de la paz ciudadana.

Los fueros medievevales castellanos inspirados en el Fuero Juzgo, dotaron al marido del derecho de matar a esposa y amantes.

Cuando el marido era el verdugo

Según el Derecho Castellano el marido estaba facultado para matar a los adúlteros o, si así lo quería, para disponer de sus bienes como quisiera. Pero para vengar la afrenta sufrida no bastaba la vida de uno solo de los adúlteros y perdonar la del otro; o los dos o ninguno, tal como recoge el Fuero Real ( ca. 1252-1255).

Sin embargo, se introdujo la posibilidad de canalizar la resolución de este conflicto por cauces menos expeditivos, arbitrando otra posibilidad: recurrir a los tribunales de Justicia.
Con este proceder se pretendía evitar las alteraciones de la paz ciudadana que traían aparejadas estas acciones, ya que la familia del amante muerto exigía también venganza.

La documentación judicial muestra que ese privilegio que la ley concedía a los maridos para tomarse la Justicia por su mano se llevaba a la práctica con relativa frecuencia. 
Tras la sentencia condenatoria, las autoridades judiciales entregaban al marido a los culpables en el cadalso de la plaza pública para que hiciera con ellos su voluntad, desde perdonarles hasta ejecutarles, haciendo las veces de verdugo.

Este acto público servía para que el marido ultrajado, infamado y deshonrado ante su comunidad vecinal por el comportamiento de su mujer, recuperara su honra y buena fama.
En Francia, de Poitou hasta el Mâconnais a través del valle del Loira, existía la costumbre de someter a la pareja infiel a un paseo infamante, atados incluso por el sexo, durante el que sufrían todo tipo de insultos, pullas y burlas.
Castigo que según algunos autores,  no sólo se dió en Francia, sino en otras sociedades durante la Edad Media europea, donde se castigaba el adulterio de los cónyugues con azotes en la plaza pública para ‘el’ o ‘la’ infiel y con el escarnio público.

La Iglesia luchó por erradicar esta práctica y llegaron a darse casos, como en Bayona en 1394, en los que el obispo excomulgó a toda la comunidad.

Cartas de perdón de cuernos

Al margen de estas acciones, también existía la posibilidad de reconciliación cuando las mujeres infieles alcanzaban el perdón de sus maridos. Esta posibilidad, estaba prevista en la legislación, pero para evitar dudas que, en el futuro pusieran en graves aprietos a estas mujeres perdonadas, podían exigir a sus maridos que sancionaran por escrito y ante notario su perdón.

Estos documentos notariales eran designados con el nombre de «cartas de perdón de cuernos», y en ellas se consignaba la voluntad de volver a reiniciar la vida en común.

La Iglesia, al parecer era favorable a la concesión del perdón del marido a fin de evitar venganzas y derramamientos de sangre, y para ello se apoyaba en el ejemplo de Cristo, que perdonó a la mujer adúltera.

Conclusión

En general las relaciones sexuales fuera del matrimonio, no eran toleradas socialmente a excepción de la barraganía,o  la prostitución ante las que se hacía la vista gorda, ya que en la práctica contribuían  a evitar pecados de mayor consideración, así como otras alteraciones del orden público.

Sin embargo el adulterio, o la homosexualidad eran consideradas como verdaderas transgresiones al orden social y conducían a quienes las practicaban ante los tribunales de Justicia.

La violencia física ejercida por los maridos sobre las mujeres acusadas de adulterio era tolerada por la sociedad y de ella tenemos constancia en los archivos judiciales de la Castilla medieval. Agresiones cercanas a lo que podría ser el concepto de violencia de género de nuestros días.

Fuentes:

  • J. Huizinga, El otoño de la Edad Media,  y 
  • libros de divulgación de historia medieval.
  • MENDOZA GARRIDO, J.Miguel; Mujeres adúlteras en la Castilla medieval. Delincuentes y víctimas. Universidad de Granada. Grupo de investigación HUM 730

 

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Ampa

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3 thoughts on “La venganza de los ‘cuernos’. El adulterio en el matrimonio medieval
  1. Anónimo

    Todo esto es verdad, a medias.Lo que sabemos de estas cuestiones nos ha llegado a través de autores eclesisticos que veían siempre con recelo´las relacionessexuales.Pero dado que en esta época la posibilidad de controlar a la población era baja (eso creo) la realidad superaba siempre con creces las normas. El celibato eclesiástico no fue obligatorio de verdad hasta la Reforma Gregociana en el XI, antes era normal que le cura estuviera casado. Y sobre las relaciones, de pareja,¡qué decir,en una época tan violenta, variable e insegura¡¡) Luego,a la hora de aplicar la ley ésta era rigurosísima,pero ¿se castigaban de verdad las relaciones extramaritales? Todo esto de la barragania demuestra que NO,y que la gente se buscaba un apaño como podía.
    Elena
    Recomiendo un libro: Burla, escanio y otras diversiones, de Xavier Theros(EdicionesLa Tempestad) ,impresionante y divertidísimo trabajo de investigación sobre estas cuestiones.

     
  2. J. Luis López de Guereñu Polán

    Las fuentes para conocer la sexualidad en la Edad Media no son solo eclesiásticas. Georges Duby y otros han investigado este asunto en algunas regiones europeas (me viena a la memoria ahora la región sur de Francia) y existía una permisividad que sorprende si no se lee sobre estos asuntos. Los Ayuntamientos pagagan del erario público los prostíbulos para que el sexo ilícito se pudiese practicar sin la exposición pública ni de las mujeres ni de ciertos hombres (clérigos o autoridades, por ejemplo). Entre las clases populares el sexo era nada prohibitivo y existen estudios que demuestran el deseo de muchas mujere de tener hijos incluso antes del matrimonio para garantizarlos por si dicho matrimonio no se consumaba. El caso de Galicia es solo uno. Las fiestas, las coplillas, revelan que las normas eclesiásticas sobre el sexo eran saltadas con mucha frecuencia, pues el hombre medieval distinguió muy bien (consciente o inconscientemente) entre fe y moral: fiel a aquella, pecó frecuentemente contra esta (la moral oficial, claro). Por otra parte el matrimonio eclesiástico no se estableció hasta el siglo VII y fue afirmándose poco a poco. Un saludo.

     

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