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Agora: La antigüa Alejandría en manos de Amenabar

Este próximo viernes dia 9 de Octubre es el estreno mundial de la nueva película del joven y aguerrido director español Alejandro Amenábar. Arriesgada esta vez, la apuesta de Amenábar, con una historia épica ambientada en la Alejandría del siglo IV. Sin embargo, es de agradecer al afamado director esta mirada retrospectiva al pasado de la mítica ciudad de Alejandría en un momento de enormes tensiones sociales y a través de la figura de una mujer fascinante: Hipatia de Alejandria. Destacada astrónoma neoplatónica, Hipatia fue una gran pensadora y filósofa de su tiempo, aunque casi desconocida hasta hoy como muchas otras mujeres víctimas de su propia inteligencia, talento y gallardía.

Pero a partir del estreno de Ágora, el próximo viernes, esperamos que por fin la Historia haga justicia con Hipatia quien, además, tuvo un trágico final. Resulta curioso que, lo que en un principio iba a ser un proyecto de cine sobre la vida extraterrestre acabara por otros derroteros históricos, con “una de romanos”, como gusta decir a Alejandro Amenábar. La historia surgió tratando de compilar información sobre el legado de quienes ya buscaron en las estrellas respuestas a la existencia cósmica. Amenabar se encontró con Hipatía de Alejandría  y quedó atrapado en el tiempo. Sintió una enorme atracción y fascinación por el personaje que, según asegura, le ha cautivado durante estos últimos cuatro años. Ágora está ambientada en el Egipto del siglo IV, en medio de las revueltas religiosas protagonizadas por los cristianos que también llegan a Alejandría. En su famosa biblioteca, Hipatia intenta defender su legado junto a varios discípulos: Orestes (Isaac) y Davo (Minghella), un esclavo que ve en la revolución cristiana una manera de evolucionar. Más sobre Hipatia

La legendaria Alejandría vuelve a brillar

La mítica Alejandría había sido, hasta ahora, una de las grandes olvidadas en el cine. La ciudad fue fundada, en el año 331 a.C, por Alejandro como nueva capital de Egipto, y evidentemente lleva su nombre. El escritor griego Plutarco (c. 46-125) que escribió la biografía de Alejandro Magno, cuenta cómo éste se inspiró para tomar la determinación de fundar la ciudad en este sitio. Alejandría  llegó a convertirse en una de las ciudades claves de la antigüedad pero su destino estuvo marcado por la tragedia. La destrucción de la Biblioteca de Alejandría sigue siendo uno de los más grandes misterios de la civilización occidental, sobre todo por lo que respecta a la autoría del desastre.

El devastador incendio que sufrió la más grande y antigua biblioteca del mundo, centro del conocimiento antigüo –  llegó a albergar hasta 700.000 volúmenes-  y cuna del saber occidental, se ha convertido, en los últimos meses, en centro de atención cinematográfica. Y es que la última apuesta cinematográfica de Alejandro Amenabar “Agora” está ambientada en unos trágicos momentos, en los que la ciudad egipcia sometida al Imperio romano, allá por el siglo IV, se tambalea ante las constantes ruveltas religiosas.

La película promete un ambiente realista, un guión bien documentado y un buen plantel de actores.  La actriz, Rachel Weisz, dá vida a Hypatia de Alejandría, la primera mujer científica y filósofa de Occidente que contribuyó al desarrollo de las Matemáticas y la Astronomía.

El sueño de Alejandro

Según el escritor griego Plutarco (c. 46-125) parece que Alejandro  tuvo un sueño en el que se le apareció un anciano de cabellos muy blancos y que le recitaba insistentemente cierto pasaje de la Odisea…: “Hay a continuación una isla en el mar turbulento, delante de Egipto, que llaman Faros “. Cuando se levantó quiso ir a la isla y se dio cuenta de su situación privilegiada y más aún si, por medio de un dique, se la unía a la costa. Entonces mandó traer harina para marcar él mismo el enclave de la futura Alejandría (pues no se disponía del yeso con que solía hacerse) y él mismo dibujó el círculo en forma de manto macedonio. No bien hubo terminado cuando empezaron a llegar desde el río y desde el mar unos pajarotes grandes y diversos que se dedicaron a comer toda la harina esparcida. Cuando vio lo que estaba ocurriendo, Alejandro se turbó muy preocupado pensando que se trataba de un mal augurio. Pero los adivinos supieron salir al paso y dijeron que su interpretación era de buen augurio y que el proceder de los pájaros pronosticaba que la ciudad sería tan rica y próspera que podría nutrir a todos los hombres de todas las razas.

Alejandría en la Antigüedad

En el año 332 a. C. Egipto estaba bajo el dominio persa. Ese mismo año, Alejandro Magno entró triunfalmente como vencedor del rey persa Darío III y los egipcios lo aceptaron y lo aclamaron como a un libertador. Hay que tener en cuenta además, que en Egipto había desde mucho tiempo atrás gran cantidad de colonias griegas y que por lo tanto no eran gentes consideradas como extranjeras.

Al año siguiente, en el 331 a. C., fundó la ciudad que llevaría su nombre en un lugar del delta del Nilo, sobre un poblado llamado Rakotis habitado por un puñado de pescadores. La elección del emplazamiento fue muy afortunada pues estaba al abrigo de las variaciones que pudiera tener el río Nilo, y por otro lado, lo suficientemente cerca de su curso como para que pudiesen llegar a través de sus aguas las mercancías destinadas al puerto, a través de un canal que unía el río con el lago Mareotis y el puerto.

El lugar estaba frente a una isla llamada Faros, que con el tiempo y las múltiples mejoras que se harían quedaría unida por un largo dique a la ciudad de Alejandro. El arquitecto que realizó esta obra se llamaba Dinocrates de Rodas. El dique tenía una longitud de siete estadios (185 m cada estadio), por lo que se le llamó Heptastadio (επτασταδιoσ). La construcción del dique conformó dos puertos, a ambos lados: el Gran puerto, hacia el este, el más importante; el Puerto del buen regreso (Ευνoστoσ), al oeste, que es el que continúa utilizándose en la actualidad.

En los amplios muelles del gran puerto atracaban barcos que habían surcado el Mediterráneo y el Atlántico. Traían mercancías que se apilaban en los muelles: lingotes de bronce de España, barras de estaño de Bretaña, algodón de las Indias, sedas de China. El famoso faro construido en la isla de Faros por Sostral de Cnido, en 280 a. C., dispuso en su cúspide un fuego permanentemente alimentado que guiaba a los navegantes, hasta 1340, cuando fue destruida la edificación.

 

Alejandro Magno sobre Alejandría

El arquitecto Dinócrates se ocupó también del trazado de la ciudad y lo hizo según un plan hipodámico, sistema que se venía utilizando desde el siglo V a. C.: una gran plaza, una calle mayor de treinta metros de anchura y seis kilómetros de largo que atravesaba la ciudad, con calles paralelas y perpendiculares, cruzándose siempre en ángulo recto. Se construyeron barrios, semejantes a los que levantaron los españoles en las ciudades hispanoamericanas, las llamadas cuadras. Las calles tenían conducciones de agua por cañerías. Administrativamente se dividió en cinco distritos, cada uno de los cuales llevó como primer apelativo una de las cinco primeras letras del alfabeto griego. Cuando Alejandro se marchó de Egipto para continuar sus luchas contra los persas dejó como administrador de Alejandría a Cleomenes de Naucratis.

Alejandría fue, desde luego, una ciudad opulenta. Los Ptolomeos construyeron un palacio de mármol con un gran jardín en el que había fuentes y estatuas. Al otro lado de ese jardín se levantaba otro edificio construido en mármol al que llamaban Museo. Fue una innovación del rey Ptolomeo I Sóter y en él se reunía todo el saber de la época. El museo tenía una gran biblioteca. Cerca de este edificio se levantaba el templo de Serapis, el nuevo dios greco-egipcio. En el centro de la ciudad se hallaba la Asamblea, las plazas, los mercados, las basílicas, los baños, los gimnasios, los estadios y demás edificios públicos y necesarios para las costumbres de estos siglos.

Los habitantes de esta magnífica ciudad eran en su mayoría griegos de todas las procedencias. También había una colonia judía y un barrio egipcio, de pescadores, el más pobre y abandonado de la gran urbe.

Alejandría se convirtió pronto en el centro de la cultura griega en la época helenística y contribuyó a helenizar al resto del país de tal manera que cuando llegaron los romanos todo Egipto era bilingüe. El arte y la arquitectura era lo único que se mantenía propiamente egipcio. Tan importante llegó a ser y tan grandiosa que la llamaron Alejandría ad Aegyptum, es decir, “Alejandría que está cerca de Egipto”, perdiendo importancia el resto del país.

Fuente: wikipedia

Alejandría bajo las aguas

En las últimas semanas  hemos leído algunas reflexiones por expertos investigadores, sobre el engullimiento  de la gran ciudad de Alejandría por las aguas.  Parte de  la ciudad y sus excelencias acabó bajo las aguas. Nos hicimos eco en arquehistoria  de un estupendo artículo en “el mundo ” sobre el hundimiento de Alejandría supuestamente debido al excesivo peso de  sus enormes monumentos en unas tierras que cedieron facílmente. Más recientemente hemos podio leer que investigadores británicos apuntan a que  las causas del hundimiento podrían haber sido má bien climáticas , ya que podía haberse podrucido un sutnami. El  estudio se centra en una falla próxima que se desplazó en el año 365.

Lo cierto es que Alejandría nunca dejará de ser fuente inagotable de valiosa información de un fascinante pasado. Pero, como apunta Amenabar, ha sido hasta ahora una de las grandes olvidadas por el cine. Para los que quieran recuperar parte de su historia, esta es una buena ocasión de ver la película a lo grande, aunque habrá que esperar al próximo otoño para el estreno. De momento, el trailer, nos sirve de aperitivo.

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