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¡Brujas! Los archivos de la Inquisición y Zugarramurdi
Enviado por ampa el 31 Octubre, 2008 - 19:42.
La exposición ¡Brujas! Los archivos de la Inquisición y Zugarramurdi reune documentos del Archivo Histórico de Álava y del Archivo Histórico Nacional, que guarda en sus fondos todos los testimonios escritos de la Inquisición.
Además, la exposición se complementa con vestimentas, instrumentos de tortura y otros objetos que nos trasladan cinco siglos en el tiempo y hasta una proyección en la que ancianos de la zona cuentan leyendas de brujas.
Pero, ¿qué paso en Zugarramurdi?
Según explica el director del Archivo Histórico Provincial de Álava, José Antonio Sainz "En aquella época nada ocurría por azar. O era un regalo de Dios o una maldición del demonio", . En concreto en esta zona navarra se unían gentes "fanáticas e ignorantes" con problemas de lindes y tierras. La combinación de ellos sirvió de excusa perfecta para perseguir a cualquiera al que se le pudiese echar la culpa.
Las brujas "Normalmente eran herbolarias, que vivían aparte...", desmitifica Sainz, que considera que los supuestos aquelarres no debían ser más fiestas tal vez asociadas a ritos paganos y en los que no había ni machos cabríos ni orgías multitudinarias. Sin embargo, ante las acusaciones y el entorno "al final ellas mismas se llegaban a creer brujas".
Locura colectiva
Aún así, 6.000 personas fueron investigadas por brujería y once mujeres murieron en la hoguera. "Fue una locura colectiva" y la cosa habría ido a más sino hubiese hecho acto de presencia el inquisidor Alonso Salazar y Frías. "Era un abogado que había estudiado en Salamanca, un hombre racional. Su investigación fue muy adelantada para su época y ha pasado a la historia como el abogado de las brujas".
Y es que, en un tiempo en el que para condenar sólo hacía falta que hubiese una acusación de por medio, él se empecinó en buscar pruebas y acabó dictando el Edicto del Silencio. En este texto se concluye que "nunca hubo brujas hasta que se empezó a hablar de ellas" y, a partir de entonces, los cuchicheos y las acusaciones estuvieron casi más perseguidas que la propia brujería.
Dos siglos después, las historias de brujas no habían acabado. Sin embargo, las tornas habían cambiado y la situación era muy diferente. Así lo refleja un documento del siglo XVIII, en el que se plantea una acusación de brujería pero aquí la procesada es la acusadora, a la que se le juzga por injurias.
En fin, según el director del Archivo, la intención de la muestra va más allá de la anécdota, de las supersticiones o de historias diabólicas y pretende hacernos pensar sobre un tiempo en el que la sociedad fue capaz de perseguir, atormentar y matar a decenas de personas sin ningún motivo.
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