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Tutankamon, la maldición mito o realidad

El secreto que envuelve a Tutankamon, la leyenda sobre su maldición y el misterio del Antiguo Egipto siguen estando latentes.

En noviembre de 1922, Howard Carter halló, en el Valle de Los Reyes, la momia del joven faraón y sus tesoros intactos.

 Fue el inicio de la “Maldición de Tutankamón”.

Pocos días después del hallazgo, Lord Carnarvon, el promotor de la expedición, fue picado por un mosquito en la mejilla izquierda. No le prestó la menor atención a la picadura de mosquito, un incidente que ocurría día a día y a millares de turistas y locales. Una semana después, mientras que se afeitaba se cortó encima de la picadura anterior. De repente, un par de días más tarde comenzó a sentirse mal de salud. Y se agravó tanto que tuvo que ser trasladado al Cairo con urgencia. Una grave infección le había atacado la garganta, el oído interno y el pulmón derecho. Tras sufrir una terrible agonía plagada de dolores horrendos y deformaciones físicas, incluida la caída de todos los dientes, unos días más tarde, a las dos de la madrugada, falleció.
En ese mismo instante, Suan, su perra fox-terrier, comenzó a aullar en Inglaterra muriendo en brazos del mayordomo. La familia Carnavon, reunida en el hotel Continental Savoy en El cairo recibió la noticia por la enfermera que lo había cuidado. Nada más terminar la frase, todo quedó a oscuras; un fallo en el suministro de energía dejó sin luz a toda la capital egipcia.
Lord Carnavon tenía un medio hermano, Audrey Herbert, que lleno de entusiasmo por el descubrimiento de su pariente y Carter se trasladó a Egipto a fin de estar presente cuando encontraran la Cripta Final. A su regreso a Londres, sin causa prevista o lógica cayó muerto en el piso de su dormitorio mientras se preparaba para tomar un baño.
Más adelante, el más cercano ayudante de Carter, Arthur Mace siguió la misma suerte de los Carnavon. Poco después moría de forma fulminante en el hotel que ocupó Lord Carnavón en el Cairo.
Douglas Reíd, el radiólogo que había trabajado bajo las órdenes de Carter sacando radiografías de la momia en la tumba siguió el mismo camino. Repentinamente enfermó de cansancio y agotamiento, tuvo que regresar a Suiza, su país natal. Allí fallecía dos meses después sin causa conocida.
Sintiéndose muy solitario y cansado, Carter había instalado en la tumba  una jaulita con un canario, cuyo canto ponía algo de alegría en el sombrío ambiente. Una tarde notó que el canto se interrumpía bruscamente y, al levantar la vista, vio una cobra (la serpiente guardiana de los faraones y encarnación de la diosa Edjo) devorando a su infortunada mascota.
Seguían las muertes violentas. La secretaria de Carter, Bethel, moría de un ataque al corazón. Cuando su padre se enteró de la noticia falleció al lanzarse de un séptimo piso. Un profesor canadiense, amigo de Carter recorrió la tumba pocos después del hallazgo, sólo para regresar al hotel en el Cairo y morir víctima de un ataque cerebral.
La momia de Tutankamón fue lleva da a la Universidad del Cairo en Noviembre 11 de 1925. Se trataba de hacerle la autopsia bajo el escalpelo profesional del doctor Douglas Derry, una autoridad en la materia. Derry, en un silencio de muerte tomó el escalpelo y realizó una incisión directa en los vendajes exteriores de la momia. Los vendajes cayeron a ambos lados mostrando 143 pequeñísimos bolsillos. Cada uno de ellos guardando una piedra preciosa. Alrededor de su cuello estaba el “collar de la protección” según la religión egipcia y confeccionado en hierro. Los brazos estaban cubiertos con magníficos brazaletes. Siete en el derecho y seis en el izquierdo. Cada dedo de sus manos tenía un anillo de oro macizo. El abdomen estaba cubierto con capas de misteriosos objetos también de oro macizo. Todos ellos en forma de T. La cabeza estaba cubierta con una magnífica diadema de oro y separándola del afeitado cráneo había una malla de finísimo oro batido. Por fin todos los adminículos y ornamentos fueron separados. Los presentes dieron un suspiro de asombro.
Las facciones del Faraón Niño aparecían serenas. Casi vivas.
Perfectamente conservadas. En la mejilla izquierda, casi bajo el lóbulo de la oreja tenía una depresión en el hueso, en el mismo lugar en que Lord Carnavón fue picado por el mosquito.
Para 1935 la cifra total de muertos relacionados con Tutankamón sumaba veintiuno; en las décadas posteriores, más personas relacionadas de manera distinta con la momia, murieron o sufreron accidentes en circunstancias extrañas.
Un egiptólogo afirmó, por aquel entonces, haber descifrado la inscripción que había sobre la entrada de la tumba, “La muerte vendrá con alas ligeras sobre todo aquel que se atreva a violar esta tumba”. La famosa inscripción jamás pudo ser encontrada nuevamente, los trabajadores de Carter destruyeron la pared que la tenía escrita.

Acabó la maldición de Tutankamón

El patrocinador de la excavación falleció junto con su perro el mismo año del hallazgo arqueológica.

La leyenda sobre la maldición de Tuntakamón no tiene ninguna base científica.
Al menos eso es lo que asegura el arqueólogo australiano Mark Nelson, quien se dedicó a estudiar minuciosamente los hechos que originaron este mito sobre el faraón egipcio.

Según cuenta la leyenda, la maldición recayó sobre todos los que estuvieron presentes en la apertura de la tumba del faraón egipcio en el Valle de los Reyes, cerca de Luxor, Egipto, en febrero de 1923.

Se cree que el mito se originó cuando el patrocinador de la expedición, Lord Carnarvon, a raíz de la picadura de un mosquito, desarrolló una enfermedad conocida como erysipelas, que le produjo neumonía y septicemia.

Poco después, murió

Además, para reforzar el carácter sobrenatural de la leyenda, su perro -al que le faltaba una pata- emitió un largo aullido en el instante en que su amo pasó a mejor vida, para luego caer muerto él también.

Excéntricos

Nelson, investigador de la Universidad de Monash, Australia, se dedicó a estudiar la historia personal de todos los que estuvieron presentes al abrirse la tumba.

El evento fue presenciado por 25 personas, mientras que otras 19 del mismo equipo se encontraban en Egipto, aunque no en la zona donde se ubica la tumba, en el preciso momento en que ésta fue abierta.

 Había muchos personajes interesantes en la excavación de 1920 y creo que esto, sumado a las circunstancias particulares de la expedición, contribuyó a mantener el mito vivo. Pero no encontré ninguna prueba científica que lo justifique
 
Mark Nelson, arqueólogo 
Nelson encontró que los las personas sujetas a la maldición vivieron menos años que el otro grupo, pero que, de todos modos, alcanzaron en su mayoría los 70 años.
“Había muchos personajes interesantes en la excavación de 1920 y creo que esto sumado a las circunstancias particulares de la expedición, contribuyó a mantener el mito vivo. Pero no encontré ninguna prueba científica que lo justifique”, concluyó el investigador.
http://mpfiles.com.ar/ca/Tutak.htm

No hay explicación científica para las misteriosas muertes que azotaron a los relacionados con el descubrimiento de la tumba de Tutankamon. Hay quienes aseguran que si alguien guarda tanto oro y tesoros de gran valor, pondría una especie de trampa o alarma para protegerlos. Los sacerdotes debieron echar mano de toda clase de venenos animales y vegetales cuyo poder conocían a la perfección.

Un profesor de medicina y biología de la Universidad de El Cairo, el Dr. Ezzedine Taha, convocó el 3 de noviembre de 1962 a un grupo de periodistas para decirles que había resuelto el enigma de la maldición faraónica. Había caído en la cuenta de que gran parte de los arqueólogos y empleados del Museo de El Cairo sufrían trastornos respiratorios ocasionales, acompañados de fiebre. Descubrió que las inflamaciones eran producidas por cierto virus llamado Aspergillus niger, que posee extraordinarias propiedades, como poder sobrevivir a las condiciones más adversas, durante siglos y hasta milenios, en el interior de las tumbas y en el cuerpo de los faraones momificados. Sin embargo poco después de hacer estas declaraciones el Dr. Ezzedine Taha moría en extrañas circunstancias en un accidente con su automóvil

 

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