Hispania la cuestión nominativa

¿CUAL FUE EL ORIGEN DEL NOMBRE HISPANIA?


hispania

Texto de Enric Cabrejas/ Nuevos estudios Ibéricos

Los historiadores han admitido que el nombre de Hispania no es una palabra que proceda del Latín y los etimólogos están desconcertados.

La teoría más extendida es que: “Hispania” proviene del fenicio i-spn-ya” y según la Wikipedia, sin embargo, hay más de 25 versiones diferentes.

 LOS ÍBEROS  BAUTIZARON A LA PENÍNSULA

Verán, después de tiempos de los íberos y de los celtíberos nadie conocía ni supo hablar su idioma, no obstante en Abril de 2012 comencé a leer su escritura y tengo una evaluación al respecto que me gustaría exponerles a continuación:

Miren, cuando los fenicios llegaron a Hispania, de quienes se dice que la llamaron así porque significa “tierra de conejos”, esta tierra la poblaba ya una cultura establecida, la de los iberos, cuyos orígenes me consta que no fueron celtas sino Ελλας “Helenos”.

Pero a lo que vamos, los fenicios sólo imitaban la pronunciación y sabían que Hispania era el nombre que dieron a esta península sus pobladores. ¿Hispania “tierra de conejos”?, ¿están de broma, verdad?Moneda-Adriano-Hispania

  • Moneda acuñada en tiempos de Adriano, en el primer tercio de siglo II d.C HISPANIA aparece como una mujer con una rama de olivo y rocas a sus pies, probablemente los Pirineos, y el conejo entre sus faldas, como símbolo de que la presencia de este animal en la península era y, sigue siendo notable.

Nosotros la llamamos España, los franceses L’Espagne, los ingleses Spain, pero Hispania “Ispanía” es el nombre original que dieron los íberos a este país. Sí, parecido a como se dice en latín, pero con un matiz esencial y no poco menor, y es que en latín el acento recae en la /a/ y los historiadores han reconocido que no era una voz latina y es cierto, atribuida en ocasiones a los fenicios, en otras a los cartagineses, a los romanos pero en realidad si son lo bastante observadores escucharán incluso como los actuales griegos hoy vocalizan “España” exactamente del mismo modo como lo hicieron los íberos y los celtíberos: Ιςπανία  (Is/pan/ía).  

En mi opinión, fueron los Iberos quienes bautizaron a este país con el nombre de lo que para ellos era lo más importante, un dios

¡Sí! Ellos dirigían las suplicas a su dios y no a los conejos. Es él y no otro quien les proveerá de conejos y por añadidura cuando nominaron a esta tierra lo hicieron a sabiendas de que eran hijos de este gran dios. Sencillo.

 Su nombre es: ΠΑΝ. Sí, Dios PAN. “El Dios de Todo”

Miren, es a través de Estrabón que se nos informa que hasta “Tortosa” y según Antonino Oleastrum y Plinio llamada “Dertosa” estaba bajo la protección del gran dios “Pan”.
A continuación les doy la no menos significativa cita:

“Dertosa fue capital de los Ilercaones y la ciudad más considerable de todas las cuarenta y tres que, según Plinio, están sujetas al Convento de Tárracon. Estuvo bajo la protección del Dios Pan, como vemos todavía por algunas reliquias de la antigüedad.” (Estrabón. Libro III. Geographica. Pag.184, Dertosa nº: 206) 

Es el modo común de uso de la sintaxis íbérica, los acrónimos, o dicho de otro modo “sintagmas”,justo aquí el vocablo se complementa de tres elementos léxicos:

1 ΙΣ- Igual a: (Tierra de)
2 -ΠΑΝ- PAN (Dios Pan)
3 -ΙΑ -ía (Concordancia sacra “de” “por” o “para” el hijo o hijos de dios)

El prefijo “Ἱε- que en realidad contiene una respiración significa “igual a” y etimológicamente proviene del adjetivo ἴσος -η -ον, es decir pone “aquello” en igualdad de “algo”.  Significa “igual a tierra de”. La “H” fue añadida por los romanos cuando comenzaron a escribir el nombre en latín.

el-dios-pan

  1. El dios“-ΠΑΝ-” es el dios protector de estas tierras pero es posible que las leyendas sobre este dios tan peculiar que tocaba la flauta, y a veces fue representado como un fauno, confundiera suficiente como para alimentar la absurda idea de unos rituales mágicos y sacrificios inhumanos. E inspirase las teorías de una posible ascendencia celta de los íberos. 
  2. El sufijo -ία” es una concordancia sagrada. En realidad es una desinencia que se usa para nominar muchos países. En realidad etimológicamente proviene de Hagios “sagrado”. La Palabra original es ἅγιος, ία, ον.  

Llegados a este punto quisiera mostrarles algo muy significativo para su reflexión.

Conocemos que el nombre de Iberia no fue dado por los fenicios, pues observen esto:

Ibería – Ispanía.

Un sencillo sintagma en voz íbera de “Ispanía” que concuerda tanto a lo que se refiere a su afijo, como la raíz y también el sufijo, de un origen ibérico dando plena coherencia al nombre de HISPANIA.

Para ver más: Hispania by Enric Cabrejas

 

3 Comentarios a "Hispania la cuestión nominativa"

  1. 11 octubre, 2013 - 18:33 | Enlace permanente

    Interesante esto. Por mi parte escribí una vez sobre el nombre de Galicia:

    Dice Ubieto Arteta que “todas las regiones españolas se configuraron en sus límites durante la Edad Media (711-1492). Y solo el nombre de Galicia tiene antecedentes romanos, si bien sus extensiones durante la época romana y medieval fueron diferentes”.

    Los calaicos que conoció Estrabón vivían en varias agrupaciones en la Galicia meridional y norte del actual Portugal, pero no exactamente en la costa, de forma que la geografía que habitaron era montañosa, aunque las cumbres y alturas estuviesen ya configuradas como en la actualidad, con valles y ríos, bosques y prados, penillanuras y montañas viejas.

    Castro de Viladonga, NE de Lugo
    Cuando Estrabón escribe sobre los calaicos, como sobre otros pueblos del noroeste peninsular, ya se había desarrollado abiertamente la cultura de los castros, poblados pequeños en altozanos, en las laderas de colinas y montañas, en algunas zonas costeras, con fortificaciones simples o dobles, con viviendas tendentes a la planta redondeada, con algunas excepciones que han hecho pensar en almacenes o en casas de ritos religiosos. Fosos y murallas, ya de tierra o de piedras, defendían el poblado, pero también podían dar a entender el poder o independencia de los pobladores frente al exterior.

    Algunos castros estaban situados estratégicamente y a distancias que permitían la comunicación entre ellos, como si se tratase de una pequeña nación de castros en una comarca más o menos definida. Roma hizo que los habitantes de los castros -si eran belicosos- bajasen al llano, o bien se reconstruyeron los castros que habían sido abandonados o dañados por las batallas y enfrentamientos. Hoy se distinguen algunos castros perfectamente por la antigua factura indígena y por la época romana que los reconstruyó.

    Vista aérea de Lugo con la muralla romana
    Están catalogados varios millares de castros entre las actuales Asturias, León, Galicia y norte de Portugal, pero no todos existieron al mismo tiempo, pues de ser así la densidad de población de “Gallaecia” habría sido enorme. Asociados a la época del hierro, se superponen a ellos los lugares de habitación de la época del bronce, más brillante que la del hierro en Galicia, donde ésta formó una “koiné” atlántica con otras regiones costeras del oeste de Europa. El antiguo megalitismo también contribuyó a un cierto contacto e influencia mutua entre la antigua Galicia (en realidad el noroeste hispano) y otras partes del centro y oeste de Europa.

    Cuando Roma se instale en Brácara, en Lucus y en Astúrica, la ciudad -mayor o menor- se impondrá a las forma de poblamiento rural, pero éste será dominante aún así; de forma que cuando el imperio romano de occidente desaparezca, y Galicia sea poblada por bandas de suevos y otros pueblos germánicos, que se mezclarán con indígenas y población romana, aún las antiguas calzadas, los núcleos de población muy dispersos, seguirán existiendo; mientras que el cristianismo se introducirá en Galicia con muchas dificultades, de lo que es muestra la obra de Martín de Dumio “De correctione rusticorum”. En pleno siglo VI Galicia estaba todavía anclada en formas de vida paganas, que en sincretismo interesantísimo hacía convivir creencias y ritos ancestrales.

    Razón tienen algunos cuando dicen que la verdadera cristianización de Galicia vino de la mano de los siglos pleno-medievales, cuando se refundaron las diócesis de Tui y Ourense, entre otras. En el paisaje, entre tanto, quedaban ocultos los antiguos castros, que la arqueología ha venido descubriendo en el último siglo y medio.

  2. 11 octubre, 2013 - 18:34 | Enlace permanente

    Interesante esto. Por mi parte escribí una vez sobre el nombre de Galicia:

    Dice Ubieto Arteta que “todas las regiones españolas se configuraron en sus límites durante la Edad Media (711-1492). Y solo el nombre de Galicia tiene antecedentes romanos, si bien sus extensiones durante la época romana y medieval fueron diferentes”.

    Los calaicos que conoció Estrabón vivían en varias agrupaciones en la Galicia meridional y norte del actual Portugal, pero no exactamente en la costa, de forma que la geografía que habitaron era montañosa, aunque las cumbres y alturas estuviesen ya configuradas como en la actualidad, con valles y ríos, bosques y prados, penillanuras y montañas viejas.

    Cuando Estrabón escribe sobre los calaicos, como sobre otros pueblos del noroeste peninsular, ya se había desarrollado abiertamente la cultura de los castros, poblados pequeños en altozanos, en las laderas de colinas y montañas, en algunas zonas costeras, con fortificaciones simples o dobles, con viviendas tendentes a la planta redondeada, con algunas excepciones que han hecho pensar en almacenes o en casas de ritos religiosos. Fosos y murallas, ya de tierra o de piedras, defendían el poblado, pero también podían dar a entender el poder o independencia de los pobladores frente al exterior.

    Algunos castros estaban situados estratégicamente y a distancias que permitían la comunicación entre ellos, como si se tratase de una pequeña nación de castros en una comarca más o menos definida. Roma hizo que los habitantes de los castros -si eran belicosos- bajasen al llano, o bien se reconstruyeron los castros que habían sido abandonados o dañados por las batallas y enfrentamientos. Hoy se distinguen algunos castros perfectamente por la antigua factura indígena y por la época romana que los reconstruyó.

    Están catalogados varios millares de castros entre las actuales Asturias, León, Galicia y norte de Portugal, pero no todos existieron al mismo tiempo, pues de ser así la densidad de población de “Gallaecia” habría sido enorme. Asociados a la época del hierro, se superponen a ellos los lugares de habitación de la época del bronce, más brillante que la del hierro en Galicia, donde ésta formó una “koiné” atlántica con otras regiones costeras del oeste de Europa. El antiguo megalitismo también contribuyó a un cierto contacto e influencia mutua entre la antigua Galicia (en realidad el noroeste hispano) y otras partes del centro y oeste de Europa.

    Cuando Roma se instale en Brácara, en Lucus y en Astúrica, la ciudad -mayor o menor- se impondrá a las forma de poblamiento rural, pero éste será dominante aún así; de forma que cuando el imperio romano de occidente desaparezca, y Galicia sea poblada por bandas de suevos y otros pueblos germánicos, que se mezclarán con indígenas y población romana, aún las antiguas calzadas, los núcleos de población muy dispersos, seguirán existiendo; mientras que el cristianismo se introducirá en Galicia con muchas dificultades, de lo que es muestra la obra de Martín de Dumio “De correctione rusticorum”. En pleno siglo VI Galicia estaba todavía anclada en formas de vida paganas, que en sincretismo interesantísimo hacía convivir creencias y ritos ancestrales.

    Razón tienen algunos cuando dicen que la verdadera cristianización de Galicia vino de la mano de los siglos pleno-medievales, cuando se refundaron las diócesis de Tui y Ourense, entre otras. En el paisaje, entre tanto, quedaban ocultos los antiguos castros, que la arqueología ha venido descubriendo en el último siglo y medio.

  3. 20 diciembre, 2013 - 9:36 | Enlace permanente

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