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Guerra de nobles intereses por las damas

En la primavera de 1475  se desata la guerra por la Corona de Castilla, conocida como la guerra civil castellana. El enfrentamiento implicó  a los reinos de Aragón, Portugal y Francia que tomaron partido por una de las dos candidatas a  la sucesión del trono castellano,  por un lado Isabel I de Castilla y por otro Juana la Beltraneja. En aquel contexto la nobleza tuvo un papel determinante y en concreto, la gallega se situó a un lado o a otro según sus conveniencias.

L. de Guereñu Polán

La nobleza gallega no defendió nunca los intereses de la tierra en la que se asentaba; defendió sus intereses de clase.

Eduardo Pardo de Guevara ha estudiado el caso de dos linajes, el de los Fonseca y el de los Sotomayor:

Juana la Beltraneja la "Excelente Señora"

Pero independientemente de los intereses que ambas facciones defendían, Pardo de Guevara ve una cuestión ideológica para explicar el alineamiento de unos y otros: los partidarios de Juana, querrían fortalecer el poder oligárquico que detentaban y los partidarios de Isabel querrían fortalecer el poder monárquico, pero sabiendo que así aseguraban sus posiciones por lo que no hay casi diferencia entre las razones de unos y otros.

Isabel I de Castilla, la Católica

“El arzobispo Fonseca, el clero y en general todo el pueblo compostelano” apoyaron a Isabel, de forma que aquel “se encaminó a la corte” para ponerse al servicio de la reina en ciernes. Isabel ordenó entonces que Pedro Álvarez de Sotomayor, Lope Sánchez de Moscoso y Suero Gómez de Sotomayor “levantasen el cerco que tenían puesto a la iglesia de Santiago” y que restituyesen la fortaleza de Cira, las villas de Vigo, Redondela, Pontevedra, Padrón, Muxía y Malpica, que tenían ocupadas.

Pedro Álvarez de Sotomayor, “afectado por las cédulas reales despachadas en favor de Fonseca [por Isabel]… se inclina por las banderas portuguesas”, que luchaban en favor de Juana (la “Excelente Señora”); no en vano tenía sus posesiones al sur de la actual provincia de Pontevedra y, por lo tanto, cerca de Portugal, con cuya nobleza tenía lazos establecidos: por ejemplo, su esposa Teresa de Tavora era una noble portuguesa, y de Portugal había recibido ayuda cuando la revolución irmandiña de unos años antes.

Castillo de San Jorge en Lisboa

 

Conclusión:

La nobleza gallega no defendió nunca los intereses de la tierra en la que se asentaba; defendió sus intereses de clase (si se me permite utilizar esta palabra en un tiempo todavía temprano para ella).

Como es sabido, Juana ingresó en un convento de Coimbra y luego vivió con cierto fasto en el castillo de San Jorge, en Lisboa, mientras que los portugueses la siguieron llamando la “Excelente Señora”.

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