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Gizeh, la madre de todos los misterios

La Gran Pirámide de Gizah

Texto de Jose Manuel Peque Martínez/ Paisajes del pasado

No podría comenzar esta sección y quedarme a gusto, si no hablara del lugar que desde pequeño me hizo inclinarme a aprender sobre Historia y el lugar mítico por excelencia para el cual creo que no existe, y es difícil que alguna vez exista, apelativo mejor puesto que aquel con el que he titulado este artículo.Ciertamente, Gizah, es la madre de todos los misterios, y gran parte del público que ha visitado este lugar ha vuelto con más preguntas todavía, con más incógnitas, pero sobre todo, con un ansia inagotable que resulta difícil de saciar y para el cual, es posible que, una vida no llene…


Gizah es, las pirámides, la Esfinge, todos ellos monumentos que nos hablan de la grandiosidad, del poder que alcanzaba la figura semidivina que gobernaba a los antiguos egipcios y que nosotros llamamos faraón, aunque este término lingüístico apenas fue empleado por los propios egipcios, para quienes la voz “`per – ao” sólo designaba el palacio en el cual vivía el monarca

Pero Gizah también es el Templo del Valle, la ciudad y la necrópolis de los obreros, conjuntos más modestos, menos vistosos si se quiere, pero que sin embargo son esenciales, imprescindibles si se quiere saber que hacían esos tres colosales tributos a la inmortalidad de los reyes, en una meseta hostil y desértica que parece que nada bueno tiene para ofrecer al ser humano.

La monumental necrópolis de Guiza: Kefren, Keops y Micerinos

No debemos dejar que nuestros ojos se cieguen.

Ver las pirámides de Gizah sólo es el aperitivo, un aperitivo maravilloso y generoso, de acuerdo, pero realmente sólo es un entrante en comparación con todo lo que Egipto tiene para ofrecer al visitante.

Quizás su ubicación a las afueras de El Cairo nos advierte sobre ello. La madre de los enigmas nos recibe con los brazos abiertos una vez que salimos de la capital egipcia y nos adelanta la pasión, la fuerza, el deseo de inmortalidad de unos reyes, y por extensión de todo su pueblo.

Nada es gratuito, nada sobra en el conjunto. ..

La Esfinge vigila desde hace al menos cinco mil años la entrada al recinto. Impasible, solemne, el león cuya vida se sacrificaba a los primeros reyes en sus tumbas al que se le ha puesto un rostro humano tocado con el nemes.

El faraón Kefrén así divinizado nos da la bienvenida, y nos invita a conocer su tumba y la de aquellos que la construyeron.

No por nada la suya es la pirámide central, la que parece más alta y la que algunos confunden con la de Keops. 

Keops, el viejo tirano del cual apenas queda una minúscula estatuilla de marfil. El hombre que contrató a la mitad de su pueblo, y del que se dice que llegó a prostituir a su hija para asegurarse la eternidad y la gloria a la diestra de Osiris, el dios del Inframundo.
Rematando la triada, Micerino. Un rey que quiso ser humilde tras la soberbia de sus predecesores, o que quizás se vio obligado por las circunstancias políticas y sociales de su reinado a construirse una tumba más modesta. 

La evolución tecnológica 

Gizah no es un entorno cerrado. Hacer un estudio parcial de alguno de sus elementos, sin tener en cuenta todos los demás, sólo lleva a un conocimiento parcial e insuficiente en el que pueden tener cabida , como así ha ocurrido a lo largo de los siglos, las teorías más disparatadas y faltas de contenido. 

Para entender Gizah hay que entender también la cultura y la civilización egipcia, en ámbitos tan necesarios, los cuales poca gente externa a los círculos académicos se ha tomado en consideración, como la tecnología de la piedra, el bronce y el cobre que exprimidos hasta su máximo nivel de avance, y también con un considerable aporte humano, lograron todas esas maravillas, y no las consiguieron de un día para otro, y tampoco necesitaron de ninguna “ayuda” externa para realizarse.

Todo fue obra y gracia de un proceso natural, producto de siglos o tal vez de milenios que comenzó en el humilde entierro subterráneo neolítico y la modesta mastaba, hasta llegar a la pirámide de lados lisos, pasando por la pirámide escalonada, la cuadrada, etc.

En este lugar, quizás, veamos el culmen y el fin del proceso de toda esa evolución

Y para terminar, no olvidemos cerca de las grandes pirámides, las tumbas de sus artífices, de los obreros que murieron durante su construcción o que tuvieron el privilegio de poder ser enterrados junto a la que debió ser su mayor obra.

Porque si ahora es la madre de todos los enigmas, en aquel tiempo Gizah debió ser gloria y esplendor, la mayor muestra de todo a lo que un egipcio podía aspirar en este y en el otro mundo.

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Ampa

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