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Évora, arquitectura de huesos humanos

La Capilla de los huesos de Évora

Sandra MªCerro. Grafóloga y Perito calígrafo

“Carpe Diem” ; vive tu vida antes de que sea tarde. Disfruta cada instante por pequeño que sea; todo es efímero, aprovecha el día, aprovecha el momento.

Si hay una máxima que define al pensamiento y al modo de vida del Barroco es ésta. 

En Évora, una bella ciudad amurallada y cargada de historia, situada en el Alentejo portugués, existe un rincón donde la consigna del “carpe diem” adquiere una fuerza muy especial.

Adosada a la Iglesia de San Francisco, y en lo que era el antiguo comedor de los monjes, existe una singular capilla.

Podría ser una estancia más, como tantas otras de los numerosos conventos de los siglos XVI y XVII que salpican con su arte y devoción la península ibérica, pero, a diferencia de las demás, ésta no tiene paredes de piedra, ni adornan sus muros tapices o pinturas, ni se reviste de ornamentos dorados ni exvotos religiosos. No…

(Detalle de la pared izquierda. Foto: Sandra Cerro)

Son más de 5000 huesos humanos los que conforman sus paredes, los que sustentan sus columnas y los que decoran las bóvedas, las puertas y las ventanas…

El visitante es recibido con un frontal sobre la puerta de entrada, donde está grabada la insignia

“Nosotros, huesos que aquí estamos, por los vuestros esperamos”.

Impresiona. Atravesando el umbral, miles de calaveras huecas parecen estar eternamente susurrando “carpe diem, carpe diem, carpe diem…”

Una macabra capilla

Detalle de una columna y momia completa en una de las paredes. Foto: Sandra Cerro)

La idea de la construcción de semejante capilla procede de las mentes de tres ingeniosos frailes franciscanos dispuestos a dar un sentido gráfico y real a ese significativo pensamiento de la época, basado en lo efímera que es la existencia humana, y lo fugaz que es el tiempo. 

Para ello, utilizaron los huesos provenientes del propio cementerio del convento, y de varios cementerios cercanos a la ciudad.

Mientras las paredes y columnas de huesos ofrecen la bienvenida al territorio de la muerte, los frescos del techo, decorados de igual forma con calaveras, delatan el sentir religioso del lugar.

“Es mejor el día de la muerte que el día del nacimiento”.

Canto barroco a la levedad del ser

Detalle del retrato de Tiziano a Isabel de Portugal, esposa del Emperador Carlos V.

Así revelaba también otra ilustre barroca, Santa Teresa de Ávila, ese ansia esperanzadora por un tránsito desde la vida hacia el otro mundo, el de la Gloria de Dios:

“vivo sin vivir en mí / y tal alta vida espero / que muero porque no muero”.

“Coged de vuestra alegre primavera/el fruto antes que el tiempo airado/cubra de nieve la hermosa cumbre”,

canta el precioso soneto que Garcilaso de la Vega dedicaba a su admirada emperatriz y reina de España, Isabel de Portugal, cuya mítica belleza malograda por la muerte, no sólo inspiró dramáticos poemas a los artistas de la época, sino que incluso provocó la transformación vital de insignes personajes de su corte.

La contemplación del cadáver de la emperatriz Isabel de Portugal produce un efecto devastador en Francisco de Borja, duque de Gandía, quien cae derrumbado ante uno de sus caballeros. Sentimiento reforzado por las actitudes de otros personajes, como la dama que se cubre la cara con las manos. Obra de José Moreno Carbonero. Museo del Padro

“(…) Goza cuello, cabello, labio y frente, / antes que lo que fue en tu edad dorada / oro, lilio, clavel, cristal luciente, / no sólo en plata o vïola troncada / se vuelva, mas tú y ello juntamente / en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”,

reza el poema de Luis de Góngora, inspirado en el de Garcilaso y dedicado “A una rosa”.

La constante barroca nos recuerda que todo se mueve, todo cambia, nada queda.

“Tú eres, tiempo, el que te quedas, y yo soy el que me voy”,

decía también Luis de Góngora; y, al final, sólo quedan despojos de huesos para recordarnos lo que fuimos y cómo acabaremos.

“La vida pasa volando, el tiempo corre”,

afirmaba el gran Lope de Vega; el instante es efímero, el viaje de la vida es corto y ahí están levantando muros, no sin cierta ironía, los huesos de nuestros antecesores esperando por los nuestros.

Carpe… Carpe Diem.

Sandra Mª Cerro
www.sandracerro.com

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