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El solitario de Alicante, un clérigo anticlerical

BERNABEU ‘EL SOLITARIO DE ALICANTE’

Un cura contra los abusos de la Iglesia en el Antiguo Régimen

Texto de J.Luis López de Guereñu Polán / Mil historias

El capítulo histórico sobre las propiedades que llegó a acumular la Iglesia en España durante el Antiguo Régimen que desembocó en 1836 en el proceso desamortizador impulsado por el primer ministro Juan Álvarez Mendizábal, ha sido y es objeto de estudio por parte de algunos autores que citaremos en este post y que nos merecen gran interés.claustro-gotico

  • El presente artículo está basado en la obra actual de Maximiliano Barrio  miembro del Instituto Español de Historia Eclesiástica de Roma, pero también en la antigua edición de 1813 del canónigo Antonio Bernabeu conocido como el Solitario de Alicante que habla del derecho que las naciones tienen sobre los bienes eclesiásticos. Según Bernabeu “la prepotencia del clero” hizo que en ocasiones se entregase a prínciples imbéciles el poder político, haciéndoles creer que dicho poder provenía del cielo.

LAS GRANDES PROPIEDADES DE LA IGLESIA

DEFENSORES Y DETRACTORES

La Iglesia,- conviene señalar que nos referimos a la institución, no al conjunto de fieles que la forman-, a lo largo de los siglos, se había ido adueñando de hospitales, hospicios, montes de piedad, casas de misericordia, hornos, molinos, tierras… muchas de cuyas rentas (en los primeros casos citados) eran destinadas al auxilio de personas pobres en su mayoría.

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Antiguo Hospicio de Madrid antes de la reforma. Fotografia de 1920, patio central.

Maximiliano Barrio indica que quizá rozaba el 15% de todos los bienes patrimoniales, lo que es mucho, teniendo en cuenta que el clero representaba, durante el Antiguo Régimen, el 1,5 por ciento de la población del país.

Arbitristas e ilustrados, desde la segunda mitad del siglo XVI hasta el siglo XVIII, debatieron incesantemente sobre estos asuntos y sobre la necesidad de que se obtuviese el máximo rendimiento de los bienes eclesiásticos, particularmente la tierra, pensando en la prosperidad del país. 

Muchos de estos autores defendieron sus tesis desde finales del siglo XVIII hasta principios del XIX, en un tiempo en que soplaban nuevos vientos pues la Constitución de Cádiz acababa de ser aprobada, aunque tuviese una vida efímera. 

El objetivo era moderar la riqueza del clero en beneficio de la agricultura, preocupación de los fisiócratas ilustrados y luego de ciertos liberales; es decir poner en circulación los bienes que estaban vinculados a la Iglesia y a la nobleza, en este último caso mediante, la institución del mayorazgo.

semperegDestacaron algunos autores como  Sempere y Guarinos quien publicó en 1822 una “Historia de las rentas eclesiásticas…”, y otros, como Martínez Marina y Canga Argüelles que se basaban en la razón para exponer sus argumentos, dejando atrás pretendidos derechos procedentes de la divinidad.

Bien sabían que una cosa era aceptar el origen divino de la Iglesia y otra el de sus propiedades, acumuladas a lo largo de los siglos, “arrancadas por el despotismo, por la seducción, por la ignorancia y por la falta de piedad” (Martínez Marina). 

  • En este artículo destacamos al canónigo valenciano Bernabeu, conocido como el “Solitario de Alicante” quien, un año después de aprobarse la Constitución habló de que las naciones podían tener derecho sobre los bienes eclesiásticos, 1813.

También hubo opositores lógicamente interesados en que no se tocase el patrimonio de la Iglesia, como Rafael de Vélez, -futuro arzobispo de Compostela-, Francisco Alvarado, conocido como el “Filósofo Rancio”, Pedro Iguanzo, que sería nombrado arzobispo de Toledo ,-desde cuyo cargo y al igual que Vélez en Compostela, pudo disfrutar de ricas y copiosas rentas. el-clero

 

UN CLÉRIGO SOLITARIO Y ANTICLERICAL

En medio de todo esto se encuentra el relativamente temprano esfuerzo de ‘El Solitario de Alicante’, un canónigo que no tuvo inconveniente en reconocer que los abusos de la Iglesia no contribuían ni a su santificación ni a la riqueza de los pueblos, esos mismos pueblos cuya razón última era la existencia de la Iglesia. Este alicantino y anticlerical se llamó  Antonio Bernabeu, y de él no sabemos tanto como nos gustaría.anticlerical-450px

El canónigo Bernabeu apunta en el capítulo primero de su obra  que la Iglesia, en sus tres primeros siglos de existencia, vivió pobremente y al servicio de los fieles, sin ánimo de poder ni de lucro. Sin embargo, ya en el primer siglo de nuestra era (cita al evangelista Lucas) las ayudas de los fieles eran suficientes para mantener a los sacerdotes, pero paralelamente mientras estas fueron disminuyendo con el tiempo (una sociedad mayoritariamente cristiana no está necesitada de dar ejemplo como en los primeros siglos) los bienes raíces de la Iglesia fueron aumentando.

Ello llevó a la Iglesia, según Bernabeu, a perdonar a los fieles sus pecados a cambio de pagos más o menos cuantiosos. “Sería interminable si hubiera de referir todas las usurpaciones de la Corte de Roma sobre los bienes de la Iglesia sin hablar de los de otras especies”.

Y aunque también afirma el canónigo que la Iglesia ha condenado en muchos concilios tan injustas y escandalosas usurpaciones, no se ha evitado que continuase la “ilegitimidad de esta operación mercantil y la deformidad que tiene con el derecho natural”.

‘El solitario de Alicante’ señala que todos estos desórdenes se han prolongado a lo largo de los siglos: “la prepotencia del clero” hizo que en ocasiones se prestase a entregar a prínciples imbéciles el poder político haciéndoles creer que dicho poder provenía del cielo.

Toda la obra, reeditada en Burdeos en 1819, es una posición encarnizada de la necesidad que tienen los pueblos, los Estados, de recuperar aquello que era de ellos antes de que la Iglesia se adueñase de tantas propiedades que, a la altura de los primeros años del siglo XIX, son un estorbo para el progreso económico, la razón y la justicia.

“Así lo siente un solitario católico que, en todo, en todo tiene la gloria de someter su juicio al de la Santa Madre Iglesia”.

Con esta última frase fue prudente el canónigo “solitario”, pues bien sabía que podrían venir situaciones diversas (como así fue) en orden al régimen político imperante. 

Bernabeu fue anticlerical en cuanto preconizó la reducción de la esfera de la influencia eclesiástica a los asuntos específicamente espirituales» y porque quiso efectuar una reforma en la Iglesia española que «confluía en la laicización de la sociedad» (La Parra, 1984, 124)

EL ANACORETA DE MONCAYO

Pero el Solitario de Alicante pronto tuvo respuesta en el “Anacoreta del Moncayo” (la elección del apodo así lo indica) salió al paso de la obra del canónigo Bernabeu, intentando rebatir sus ideas, defendiendo las propiedades eclesiásticas y escondiéndose bajo las siglas D.D.M.C, “individuo del clero español”, en el mismo año 1813.

El “Anacoreta” califica de impío, cismático, herético y jansenista al canónigo Bernabeu. Sabido es que por jansenista se entendía, en la época, todo aquel que mostraba el más mínimo desacuerdo con la ortodoxia, por muy irracional que esta fuese.

La “sociedad perfecta”, para el “Anacoreta”, es la vigente en el Antiguo Régimen, repudiando “la mezcla monstruosa de ambas potestades”, la civil y la eclesiástica.

Posteriormente el filósofo y teólogo Jaime Balmes  en sus “Observaciones sobre los bienes del clero” no entra en consideraciones económicas, tan sólo en la defensa de la tradición y los intereses materiales de la Iglesia. Conocía ya, Balmes, la obra de ilustrados como Campomanes y Jovellanos, así como la gran desamortización llevada a cabo por los ministros Mendizábal y Espartero. A combatirles dedicó sus afanes.

Con furibundos como Vélez, Balmes, el dominico Fray Francisco Alvarado conocido como el ‘Filósofo Rancio’  , Iguanzo o el “Anacoreta del Moncayo”, además de con la política represiva de los dos períodos absolutistas de Fernando VII, la obra del canónigo Bernabeu se agranda aún más.

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