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El perfil de la enigmática princesa de Éboli

La Princesa de Éboli a través del papel y la pluma 

Por la Grafóloga Sandra Mª Cerro

Si la mayor honra, gala y hermosura de las damas y princesas antiguas estaba repartida entre Helena y Penélope, ahora, en nuestra era, todo junto se remata en la eximia Princesa de Éboli” (Pedro de Madariaga)

La Princesa de Éboli, sigue siendo un enigma para la Historia.

Toda ella encarna ese conjunto de ingredientes que convierten a un personaje histórico en un gran mito, que llega a ser tan admirado como inmortal:

carisma, misterio y enigmática belleza envueltos en una historia de pasiones e intrigas, ¿se puede pedir más?…

Una vida de traiciones y pasiones

Ana de Mendoza y de la Cerda podría haber sido una damisela más de las que paseaban palmito por un convulso y acelerado Madrid, que se encontraba ya a las puertas del Barroco.
Pero ella y su famoso parche en el ojo, comenzaron a marcar de intrigas la Historia desde su matrimonio con Ruy Gómez de Silva, secretario personal del rey Felipe II.

Su íntima amistad con la reina, su coqueteo con la Corona –e incluso se rumoreaba que con el mismísimo rey-, y su habilidad para estar en los lugares correctos en el momento adecuado, llevaron a la carismática princesa a revolcarse y verse enfangada de lleno en -supuestos o no- asuntos de espionaje, traiciones y pasiones prohibidas.

Antonio Pérez

De estos oscuros asuntos, el más sonoro para la Historia fue su implicación, junto a su amante Antonio Pérez, en el asesinato de Juan de Escobedo, secretario personal de don Juan de Austria, bajo la trama de una traición a la Corona española, que destapó las iras de Felipe II e hirió de muerte la confianza que el monarca tenía depositada en ella.

Fue así como la princesa dió el fatal salto desde los brazos de su amante y la protección del monarca, hasta el más absoluto ostracismo de la Corte y de los suyos.

La Princesa de Éboli a través de sus cartas

Son numerosas las cartas que de ella se conservan, escritas desde sus asfixiantes prisiones en el castillo de Santorcaz, Pinto, o desde su reclusión en su palacio en Pastrana, y dirigidas al rey. En todas ellas aparece la misma escritura sofocada, danzante y confusa que retrata a la perfección los avatares emocionales de la controvertida princesa.

La personalidad de Ana de Mendoza

Ana era, sin duda; una mujer orgullosa, altiva, llena de ambiciones, caprichosa en extremo, segura de sí misma y del carisma que irradiaba, así como convencida del poder e influencia que era capaz de ejercer en los demás.

Acostumbrada a salirse siempre con la suya, el miedo a perder su poderío la sumía en una atormentada lucha interior, y hacía tambalearse la que constituía su mayor debilidad: su inestabilidad emocional; hasta hacerla incluso, en ocasiones, rozar el sinsentido y la sinrazón.

Las cartas al rey dan buena muestra de tal desasosiego vital, dejando su impronta escrita esa inevitable visión de la fiera indomable enjaulada, que se revoluciona y rebela agitada, en un revuelo interminable de voluminosas faldas, largas capas, finas golas de abalillos y delicadas mangas de encaje, entre quejas, llantos, gritos y aspavientos;

la presa implorando sumisa compasión, mientras el orgullo y la vanidad se carcomen en lo más profundo de los adentros.

“Nunca ofendí a mi rey y señor… Dios del cielo, remédianos, pues veis todo. Hija, pídelo tú a Dios. Dadnos por testimonio, señor escribano, que nos ponen en cárcel oscura, que nos falta el aire y el aliento para poder vivir. Que no es posible que Su Majestad tal quiera ni permita siendo que es tan cristiano. Estos aposentos, donde no se podía vivir sin rejas, cuanto más ahora hechos cárcel de muerte, oscuros y tristes…”

                                                            Hay una ventana, en la torre oeste del Palacio ducal de Pastrana, que da a la plaza. Aún hoy se vislumbra en ella ese halo del abandono, la humillación y el desconsuelo de la Princesa, asomándose a la reja, tal y como doña Ana lo hacía, solamente una hora cada día.

Es por ello, que ese lugar ha pasado a la historia, con su sombra de misterios y pasiones en él prendida, conocido como “la reja de la hora”.

 

 

Fuentes:

Web de Sandra Cerro: “Ana de Mendoza, Princesa de Éboli”. 

Bibliografía:

Manuscritos:

  • Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional
  • Portal de Archivos Españoles – PARES: http://pares.mcu.es

Fotos:

  • Archivo de la autora
  • Web de Nacho Ares: www.nachoares.com
  • Wikimedia Commons

 

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Ampa

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2 thoughts on “El perfil de la enigmática princesa de Éboli
  1. Eduardo Evangelista

    Muy bién escrito, muy bién ilustrado. Conozco, hace algum tíempo, la inteligencia, dedicación y capacidad de Sandra Cerro hacia los estudios históricos a través de la Grafología. Felicitaciones!

     

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