El fin de Teotihuacan

EL LEGADO ESCRITO DE TEOTIHUACAN 

Texto de Jose Manuel Peque /Paisajes del Pasado

Hasta hace muy poco tiempo se creía, y aún es la postura dominante, que la cultura teotihuacana no desarrolló la escritura tal y como la entendemos y que se limitó a elaborar una serie de símbolos geométricos para delimitar o significar territorios, contabilidades o ritos religiosos de la misma forma que lo habían hecho siglos antes los olmecas. Por ello, estos signos están presentes en inscripciones, estelas o punteros de las canchas de juego de pelota a lo largo de su territorio.

Marcador de la Ventilla. Gracias a las representaciones que aparecen en la pintura mural teotihuacana de Tepantitla, conjunto habitacional teotihuacano, sabemos que, a pesar de la inexistencia de las canchas, el juego era practicado por los pobladores de la gran ciudad de diversas maneras: con bastón o usando las caderas. Esta escultura estuvo asociada con el juego de pelota.

Uno de los signos más recurridos es él que se asemeja a un ojo de reptil, cuyo significado se cree que tiene que ver con la tierra. Sin embargo estudios actuales, algunos de epigrafistas y expertos en paleolenguas españoles, van camino de realizar un gran descubrimiento también en este sentido.

 

Los coloridos y vistosos frescos de los templos y casas de las clases altas parecen poseer la clave: en muchos de ellos de la boca de los personajes sale una estela, en forma de ramas de árbol, o tal vez de lengua de serpiente, de la que penden una serie de símbolos.

Es decir, que parece que el personaje nos está “explicando” no sólo el motivo de la pintura sino su propio papel dentro de ella. Es muy conocido el fresco del dios Tláloc cultivando que posee una de estas características “ raíces”.

Mural prehispánico en el Palacio de Tetitla en la zona arqueológica de Teotihuacán.

Por lo tanto en Teotihuacán no es el escriba quien pone las palabras: se diría que son los personajes del fresco quienes nos la transmiten a través de esa “lengua de serpiente” que tanto nos recuerda a los bocadillos de un cómic actual.

Por ello durante tanto tiempo se pensó que no había existido la escritura en esta ciudad: se estaba buscando en lugares y de modos equivocados. Ahora sabemos que en Teotihuacán no sólo se evolucionó en el limitado código numérico olmeca sino que se creó el patrón de escritura para todas las culturas mesoamericanas posteriores.

 

Quizás nos encontremos ante la primera escritura gráfica de la historia, porque, si bien el jeroglífico egipcio es muy anterior, sus símbolos representan mucho más a menudo sonidos o silabas que palabras  o expresiones de sentido completo, como sí parece ocurrir en este caso.

EL FINAL DE TEOTIHUACAN 

Por último para terminar con la maravillosa cultura teotihuacana, debemos afrontar el espinoso tema de su final. Habíamos visto que su auge se debió a una catástrofe natural que asoló Cuicuilco y quizás fue otra catástrofe quien la arruinó a ella misma.

La convulsa zona geológica donde se emplaza Mesoamérica siempre fue una maldición, y lo sigue siendo hoy en día, para sus pobladores. Y quién sabe si un terremoto de gran intensidad, un pavoroso incendio o la explosión o estallido de un volcán fueron los que pusieron el punto final a esta civilización hacia el siglo VIII de nuestra era.Las evidentes muestras de saqueo en muchos de los lugares emblemáticos de la ciudad han hecho apuntar a muchos investigadores hacia una posible alianza de los pueblos vecinos para destruirla, o a una gran convulsión política interna. No se sabe porque no hay fuentes. Quizás lo más probable es que se diera una conjunción de varias o de todas las causas citadas.

Teotihuacán quedó abandonado, sólo algunos pueblos se atrevieron a seguir viviendo bajo las ruinas de sus barrios periféricos. Pasaron los siglos, terminó la historia y comenzó la leyenda.

Hacia finales del siglo XIV los mexicas llegaron a sus latitudes y quedaron tan asombrados ante la contemplación de aquello que sólo eran ruinas, que creyeron que aquella ciudad fue el lugar donde los dioses se reunieron para crear el Quinto Sol que según los interpretadores de los textos mayas nos ha alumbrado hasta hace muy poco. Un nuevo sol brilla ahora sobre nuestras cabezas.

‘Cuando la Tierra era joven y no existía el sufrimiento ni la muerte, cuando no existía ni la noche ni el día, se reunieron los dioses, allá en Teotihuacán’; 

dijeron los mexicas, y la ciudad que en realidad había alumbrado todo aquel mundo, se convirtió en un lugar mágico, donde todos los sueños y creencias se habían personificado y habían tenido lugar, donde el mundo real cedía su existencia a una eternidad colmada de leyendas.

Un saludo a todos los lectores de Paisajes del Pasado y de Arquehistoria.

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