Clodia Lesbia, la muchacha de Catulo

JULIO: CLODIA/LESBIA, LA MUCHACHA DE CATULO

Por Isabel Barceló / 12 Meses, 12 Mujeres de la Antigüedad

Escritora y colaboradora de esta sección en nuestra revista, Isabel Barceló Chico está de estreno con su nueva novela ‘La muchacha de Cátulo‘ donde vuelve a rescatar a un personaje femenino de intesa vida y de la antigua Roma. No os la perdais!! Se trata de Clodia quien tuvo la desventura de ser difamada por algunos poetas de su tiempo. Ella es nuestra dama estival en Arquehistoria en  12 meses, doce mujeres.

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De entre la nómina de familias romanas de mayor antigüedad y prestigio descuella la familia Claudia. Una familia patricia cuya llegada a la ciudad se sitúa en torno al inicio de la república de Roma (principios del s. V a.C.) y daría que hablar durante centurias.

Los miembros más conocidos de esta familia son los componentes de la famosa dinastía Julio-Claudia, la primera en detentar el poder como emperadores después de haber liquidado una república que había durado 500 años. No es casualidad, sin embargo, que lograran alcanzar tanto poder: de hecho, desde su llegada a Roma esta familia ocupó siempre cargos de relevancia pública y se mantuvo, para bien y para mal, en primera línea del escenario político.

También las damas de la familia se hicieron notar. Si bien sus hechos quedaron confinados en las obras literarias que recogían ejemplos de buen y del mal hacer, el recuerdo de una de ellas ha perdurado con intensidad fuera de esos reductos: Clodia.

CLODIA

Mujer de fuerte personalidad y exquisita belleza, nacida en el año 97 a.C., fue coetánea de grandes personalidades: Julio César, Pompeyo el Grande, Catón de Útica y Cicerón entre los varones, y Aurelia, Fulvia, Servilia y Cleopatra, entre las mujeres.Clodia_Metelli

Fue, para todos ellos, una época convulsa, marcada por fuertes disputas políticas en una república que agonizaba, ingobernable y enferma, a causa de la corrupción del Senado y de la clase política en general.

Clodia no se atenía a las normas de conducta dictadas para las matronas, tenía sus propias ideas acerca de cómo quería vivir y no se dejaba persuadir de lo contrario.

Casada a los 18 años con Quinto Cecilio Metelo Céler, perteneciente también a la más influyente aristocracia, no se plegaba ni siquiera a los deseos de su marido. Al parecer, el matrimonio llegó a una especie de entente cordial  por la que cada cual gozaba de su propio espacio.

Seguramente Clodia – forma “plebeya” de su nombre patricio, Claudia –, aunque escandalizase a las matronas más conservadoras de su tiempo, no habría dejado ninguna huella significativa de su paso por el mundo de no ser por una serie de circunstancias desfavorables para ella.

LESBIA

La primera, el haber suscitado el amor de un joven poeta, Cayo Valerio Catulo, quien, dándole el nombre de Lesbia, le dedicó versos hermosísimos alabando su belleza y su capacidad de seducción.

Catulo se convertiría en uno de los poetas más importantes e influyentes – literariamente hablando – de su época y su poesía, fresca y personal, sigue fascinando hoy. Pero cuando ella enviudó y las cosas no salieron como él esperaba, se revolvió contra Clodia y la atacó con saña en sus versos, dando de ella una imagen terrible y sumamente injusta.

Por otra parte, el clima conflictivo del momento también la afectó: muy unida a su hermano Clodio, los enemigos políticos de este la utilizaron como arma contra él. Y así, difamándola y perjudicando su reputación trataban de involucrar en el desprestigio a toda la familia. En esta tarea Cicerón, uno de sus más feroces detractores, se empleó a fondo.

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Ciceron y Clodia

El drama de Clodia no fue, solamente, el tener que sufrir en sus carnes toda esa difamación y soportarla a diario; la injusticia se ha prolongado durante siglos puesto que tanto los poemas de Catulo como los discursos de Cicerón han atravesado dos milenios sin ser cuestionados por lo que a ella se refiere.

Así, Clodia, por defender su propia libertad, por adelantarse a su tiempo y vivir sin las sujeciones a las que estaban sometidas las demás mujeres, sufrió un castigo brutal que dura hasta nuestros días. Se desconoce la fecha de su muerte, ni si permaneció en Roma tras aquellos acontecimientos o se retiró a alguna de sus posesiones.

En cualquier caso, su nombre quedó manchado para siempre y constituye, al mismo tiempo, un temprano ejemplo de la vulnerabilidad de las mujeres y una advertencia: su reputación se quiebra fácilmente cuando no se someten a los deseos y a las normas impuestas por los hombres.

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