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Categoría: Misterios de la Historia

El secreto del carbono 14

La edad del faraón

 

La primera datación con carbono-14 fue efectuada por Willard Libby el 12 de julio de 1948. Para este experimento pionero recurrió a una muestra cuya edad aproximada era conocida por referencias históricas: un pedazo de madera de acacia de la tumba de Zoser, faraón egipcio de la tercera dinastía, al que se atribuía una antigüedad de 4.650 años. El dato facilitado por el carbono-14 fue de unos 3.979 años.

Un isótopo radiactivo es una forma atómica inestable que se desintegra para alcanzar un estado físico más cómodo. Entre éstos, los más ligeros decaen rápidamente: la semivida -destrucción de la mitad de los núcleos- es de 70 segundos para el oxígeno-14, 122,24 segundos para el oxígeno-15, y 20,38 minutos para el carbono-11. Pero uno de ellos, el carbono-14, tarda la friolera de 5.730 años.

Desde su descubrimiento en 1940, la longeva vida del carbono-14 ha desconcertado a los físicos, que no eran capaces de explicar el anómalo comportamiento de este perro verde de los radioisótopos ligeros. Pero mientras los teóricos elucubraban sobre los entresijos subatómicos de este elemento, un químico de la Universidad de Chicago (EEUU) llamado Willard Libby supo sacar partido de esta singularidad. En 1949, su equipo desarrolló el sistema de datación que revolucionó el mundo de la arqueología.

Todos los seres vivos incorporan carbono del medio natural. Una proporción infinitesimal de éste es el inestable carbono-14, que se forma en la atmósfera por el impacto de neutrones sobre átomos de nitrógeno. El carbono se oxida para formar CO2, que se disuelve en los océanos y entra en la cadena alimenticia a través de la fotosíntesis de las plantas.

60.000 años de garantía

Durante su trasiego natural, el isótopo de este CO2 decae lentamente, emitiendo radiación beta para revertir a nitrógeno-14. Al morir, el organismo deja de ingerir carbono, y lo mismo ocurre con todo material creado a partir de materia viva. La proporción entre carbono-14 y nitrógeno-14 comienza entonces a reducirse. Midiendo esta relación, es posible fechar muestras hasta los 60.000 años de antigüedad.

Pero mientras el estudio del pasado se ha beneficiado inmensamente de esta rareza atómica sin preguntarse a quién deben agradecerlo, los físicos han continuado indagando en los secretos ocultos del radiocarbono.

A comienzos de la década de los 90, dos físicos propusieron un modelo basado en los mesones, partículas subatómicas que mantienen unidos los protones y neutrones del núcleo gracias al llamado campo nuclear fuerte. Los mesones ejercen dos tipos de fuerzas, una atractiva y otra repulsiva.

Mannque Rho y Gerald Brown intuían, sin demostrarlo, que mientras otros radioisótopos sucumben rápidamente a la tensión, en el carbono-14 ambas se encuentran en un precario y azaroso cuasi-equilibrio, haciendo de este núcleo algo sorprendentemente estable para ser inestable.

Aunque la teoría Brown-Rho ha sido desafiada, el primero de ellos vuelve a la carga, acompañado por su compañero en la Universidad de Stony Brook (EEUU) Jeremy Holt, con una demostración matemática de su modelo que publicarán en The Physical Review Letters, y que se basa en ajustar las masas de los mesones. De momento, el planteamiento ha sido acogido con cautela por la comunidad científica.

Fuente www.público.es

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La tumba del rey godo Alarico I sigue oculta

Tan viejo como el hombre, es su preocupación por encontrar un lugar donde sus restos puedan descansar en paz, sin que su cuerpo ni sus pertenencias sean profanados. Existen innumerables ejemplos de esto, como emperadores Chinos que se fabrican un ejército que les acompañe al más allá, Faraones que levantan monumentales y laberínticas tumbas o la del viejo señor de Sipan en Perú, enterrado con parte de su séquito.

Pero entre estos espectaculares enterramientos, merece una mención especial el modo y el lugar en que fue enterrado uno de los Reyes godos más poderosos que han existido. Tanto, que fue el “bárbaro” que acabó de dar la puntilla a un decadente imperio Romano. Se trata de Alarico I (375-410 d.C.)

En principio, Alarico fue un rey sin más pretensiones, que dar una buena tierra donde poder asentar a un pueblo de naturaleza nómada. Llegó a ser incluso aliado de los romanos y luchó a su lado en varias ocasiones, pero varios despechos romanos y sobre todo, la total falta de tacto del emperador Honorio , le llevaron (casi sin querer) a conquistar gran parte de la península itálica, llegando incluso a asediar la ciudad más poderosa del mundo, Roma.

En las puertas de la ciudad , Alarico dio de nuevo un oportunidad a la negociación. Exigió un fuerte rescate (5.000 libras de oro, 30.000 de plata, 3.000 de pimienta y 4.000 piezas de seda) que le fue pagado sin rechistar. Pero a la hora de negociar unas tierras donde asentarse con su pueblo, otra vez la ineptitud del emperador Honorio logró que Alarico se enfadara, esta vez de verdad, entrando y saqueando, por primera vez, la todopoderosa ciudad de Roma.

La ciudad fue saqueada durante seis días seguidos, aunque Alarico tuvo el buen juicio de ordenar que no se destruyera ningún edificio emblemático, monumento ni templo cristiano. A pesar de todo Roma fue literalmente vaciada y de ella salieron una cantidad ingente de tesoros, algunos tan emblemáticos como el menorah, un gran candelabro típico judío de oro macizo o la mesa del rey Salomón. (NOTA: Hay una leyenda que cuenta que la mesa de Salomón, cubierta de oro puro, se encuentra aún oculta en algún lugar de Toledo, llevada a la ciudad cuando esta fue capital del reino godo en Hispania)

Pero a lo que iba… lo de la tumba. Fue en el 410, cuando una malaria acabó con la vida de este carismático rey. Cuando falleció se encontraba en Cosenza, al sur de Italia y sus generales no podían permitir que su cuerpo fuera profanado por manos Romanas, así que decidieron emprender una obra faraónica.

El lugar elegido fue el río Busento que pasa por Cosenza. Pusieron a trabajar a miles de hombres para construir un enorme muro que desviara el curso del río. Finalizado esto, sus oficiales más cercanos depositaron el cuerpo, junto a un tesoro de valor desconocido pero incalculable, en un sepulcro excavado en el lecho del río. Acabado el ritual, se destruyó el muro que contenía las aguas y el cauce del río ocupó de nuevo su cauce natural, dejando la tumba bajo la corriente de miles de litros de agua. Finalmente mataron a todos los trabajadores y a todos aquellos que pudieran desvelar el lugar del enterramiento.

El río Busento a su paso por Cosenza.
La historia de este enterramiento se da por cierta, por lo que se supone que el colosal tesoro de Alarico, se encuentra en algún lugar del curso del río Busento. Una mínima muestra de lo que se puede encontrar es la foto de la fíbula de oro que se cree procede del saqueo de Roma. Solamente hay que secar el cauce y excavar todo el lecho del río.
A la muerte de Alarico, le sucedió en su puesto Ataulfo , quien se convertirá en el primer rey godo de Hispania.

www.historiasconhistoria.blogia.com

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Derinkuyu, la ciudad subterránea

Hoy nos adentramos en una verdadera y fascinante ciudad subterránea que fuera descubierta por un habitante de una casa-cueva en la región turca de Capadocia,(antigua Anatolia) allá por 1963  y quien no esperaba encontrar semejante escondite. Al tirar una pared de su casa se encontró con que habían habitaciones contiguas.

El hallazgo resultó ser una verdadera ciudad con cavidades asombrosas que contaba además con un río subterráneo, pozos de agua y algo, que hoy todavíasorprende más; su eficaz sitema de ventilación.

En la actualidad se han descubierto 20 niveles subterráneos aunque sólo pueden visitarse los ocho niveles superiores. Los arqueólogos siguen estudiando los demás niveles que se cree que llegan hasta los 85 metros de profundidad, aunque sólo han llegado a los 40 metros. El primer nivel se cree que fué excavado por los hititas en el 1.400 a. C . Ya Jenofonte en su obra hablaba de estas casas bajo tierra en la zona de Anatolia.

La noticia con imágenes

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Hatshepsut, la mujer faraón

El misterio de la Reina perdida de Egipto

Por Francisco J. Martín y Teresa Bedman

Tuvo más poder que Cleopatra y Nefertiti. Se vestía como un hombre, llevaba barba postiza y se autoproclamó faraón. Murió de una infección hace 3.500 años y su legado fue destruido. Una reciente investigación ha demostrado que la enigmática momia encontrada en 1902 por Howard Carter en el Valle de los Reyes es la reina Hatshepsut. Se trata del hito arqueológico más importante en Egipto desde el descubrimiento de la tumba de Tutankamon. Una pareja de investigadores españoles cuenta a Magazine cómo llevaron a cabo el hallazgo. Su trabajo se podrá ver el próximo 3 de diciembre en el documental «La reina perdida de Egipto», de Discovery Channel.

El doctor Francisco Martín, director de la expedición española que trabaja desde el año 2000 en Deir-el-Bahari –en la orilla occidental del Nilo, frente a Luxor, donde se encuentra el templo funerario de Hatshepsut– muestra al equipo de Discovery Channel un hallazgo único: una cámara secreta. Se emplaza bajo el templo de la reina donde se esconde el techo astronómico más antiguo de la Humanidad. Nuestras investigaciones nos llevan a creer que en ella se realizó una ceremonia místico-religiosa en la que Sen-en-Mut, consejero, arquitecto de la reina y un hombre de gran poder e influencia, adquiere carácter real y queda unido a su soberana para siempre en el más allá. La interpretación de los bajorrelieves y los jeroglíficos de la cámara secreta, escritos con retroescritura (sólo se pueden leer si se conoce este sistema secreto de los antiguos egipcios que consiste en colocar un espejo y leer la imagen que proyecta en él), nos está ayudando a comprender mejor la historia de una mujer inteligente, carismática y de gran belleza cuyo reinado estuvo sustentado por el apoyo de Sen-en-Mut, verdadero poder en la sombra, que pudo ser rey de Egipto. Creemos que este hombre no sólo asesoró a la reina, sino que la amó profundamente, ya que gozaba de una importancia y privilegios sin precedentes.

Más poderosa que Cleopatra o Nefertiti, Hatshepsut tomó posesión del trono durante la minoría de edad de su joven hijastro, vistiéndose como un hombre y llegando a proclamarse «Señora de las Dos Tierras» mediante ofrendas a los dioses en el templo de Karnak, como hacían los reyes. En una actuación política sin precedentes, se declaró a sí misma como faraón a los 22 años de edad. Provenía de un linaje de mujeres política y socialmente fuertes, no en vano, su abuela Amosis-Nefertari, influyó poderosamente en el reinado de su marido, el faraón Amosis I. Aunque su poder alcanzó todos los lugares de Egipto y su reinado fue muy próspero, el legado de Hatshepsut fue sistemáticamente borrado de la historia de Egipto. Los registros históricos fueron destruidos, los monumentos derribados y su momia retirada de su tumba. Su muerte también está rodeada de misterio.

La reina perdida. La búsqueda del cuerpo se inicia en el Valle de los Reyes, lugar donde se encuentra la tumba original de la reina (en nomenclatura KV20), a 300 pies bajo el suelo, el equivalente a 35 pisos. Nos adentramos en ella de la mano del veterano arqueólogo egipcio Zahi Hawass, y nos encontramos que está en muy mal estado y a punto de derrumbarse. Durante dos días, los operarios egipcios trabajan cuidadosamente retirando piedra del túnel hasta que de pronto se revela la cámara. Entramos junto a Hawass en la tumba, la primera de las construidas en el Valle de los Reyes, y notamos la dificultad de respirar por la falta de oxígeno. Entrar en la cámara mortuoria de Hatshepsut es impresionante, ya que aquí se depositaron su momia y su sarcófago hasta que sus sacerdotes trasladaron los restos a otro lugar desconocido huyendo de los frecuentes saqueos.

Como en cualquier búsqueda de una persona desaparecida, el equipo de expertos construye un retrato robot de Hatshepsut para facilitar su localización. La reina murió cuando tenía entre 40 y 50 años, tenía grandes ojos con una notable separación entre sí, la nariz aguileña y el rostro en forma de corazón. Debido a su linaje real, debía estar envuelta en lino y tener su brazo derecho doblado hacia el pecho, como signo inequívoco de realeza.

Con estos datos, nos trasladamos junto a Hawass a la tumba KV60, cercana a la tumba de la reina y descubierta en 1903 por Howard Carter. En ella se hallaron dos momias; la niñera de la reina, Sat-Ra, que fue trasladada al Museo del Cairo, y otra sin identificar, en perfecto estado y que pertenece a una mujer de complexión fuerte. Guiado por su intuición, Hawas decide trasladar esta última al Museo de El Cairo para someterla al escáner y comprobar si se trata de Hatshepsut. Su decisión está reforzada por el hallazgo de una máscara en la misma tumba que representa una cara de mujer –originariamente recubierta de un oro que fue seguramente arrancado por ladrones– y en cuya barbilla se encuentran unos agujeros donde iba ubicada la barba ritual de faraón.

Para ampliar la búsqueda, nos dirigimos a la tumba DB320, un gran almacén de momias donde se han encontrado casi todos los parientes directos de la reina: su padre, su marido y sus abuelos. Esta tumba será de vital importancia para realizar las pruebas de ADN que demuestren el parentesco de nuestra momia con sus antepasados. Por ello, Hawas decide trasladar al Museo de El Cairo dos momias sin identificar que fueron encontradas en este lugar, donde además se halló una caja de madera con el nombre de Hatshepsut inscrito en ella y que contiene las vísceras de la reina. Por tanto, nos encontramos con cuatro momias candidatas: dos halladas en la KV60, esto es, la supuesta niñera de la reina, y otra sin identificar de complexión fuerte y muy bien conservada. Las otras dos momias proceden de la tumba DB320; una de ellas tiene el rostro desencajado y la boca totalmente abierta mostrando un intenso dolor, mientras que la otra momia está sumida en un sueño plácido.

ADN y escáner en 3D. Ya en el laboratorio de ADN del Museo de El Cairo –el primero ancestral del mundo, construido con el apoyo de Discovery Channel, y que cuenta con las técnicas más avanzadas de identificación– los expertos forenses comienzan las pruebas. Se han seleccionado cuatro momias como posibles candidatas a ser la reina de la decimoctava dinastía y que se someterán a los test para extraer y comparar ADN nuclear y mitocondrial con el de las momias de la familia de Hatshepsut. Además, un escáner tomográfico computerizado permite a los científicos relacionar las características físicas de las cuatro momias con las de los familiares conocidos de la reina. La búsqueda rápidamente concluye en dos posibilidades, ambas provenientes de la tumba de la nodriza de Hatshepsut.

El escáner tridimensional de última generación de Siemens fragmenta el cuerpo en 1.700 partes de 5 mm de grosor, lo que permite comprobar los rasgos faciales y las lesiones que padecían las momias. Las conclusiones son reveladoras: ninguna de las dos encontradas en la tumba DB320 son Hatshepsut. La momia que tiene la boca abierta recibió un fuerte impacto en el cráneo, por lo que la causa de la muerte pudo ser violenta, y la otra tiene los brazos extendidos, lo que descarta que sea reina. Pero las dos encontradas en la KV60 están recubiertas con lino y una de ellas tiene muchos rasgos físicos parecidos a los de los antepasados de Hatshepsut: frente alta, ojos separados y nariz aguileña. Como parte del proceso, se lleva a cabo un test de ADN muy complejo a partir del hueso de la pelvis de varios descendientes de Hatshepsut, Tutmosis I, II, III y de su abuela. Se trata de un proceso muy delicado, ya que los huesos son muy frágiles y estas momias sólo pueden permanecer una hora fuera de las cámaras de nitrógeno que las protege. Pero el ADN de los parientes de Hatshepsut está deteriorado y no permite identificar a la reina. Hay que buscar una alternativa.

Un diente crucial. Hawas tiene una idea: investigar el vaso canopo con las vísceras de Hatshepsut que podría permitir la extracción de una muestra de ADN. Todo el equipo se traslada al Museo de El Cairo para recuperar esta caja de madera que va a permitir resolver el misterio de la reina perdida. De vuelta en el laboratorio, el escáner muestra las vísceras de la reina en el interior de la caja junto a un objeto sólido en su interior: se trata de un molar al que le falta una raíz. Los expertos se alegran: el hueso permitirá cotejar el ADN e identificar a la reina. Pero la búsqueda se acelera ya que, al examinar las características del molar, se comprueba que encaja a la perfección en la boca de una de las momias, que conserva una raíz.

La pieza dental se ajusta dentro de una fracción de un milímetro con el espacio del molar desaparecido de la boca de la momia A de la tumba KV60. Sólo hay una minúscula diferencia que puede deberse a la erosión en las encías después de que el diente fuera extraído. Los expertos forenses aseguran que Hatshepsut padecía una severa enfermedad de las encías y que murió envenenada por su propia infección. Además, se comprueba que la densidad del molar que se encontraba en la caja y la que se registraba en la boca de la momia era prácticamente idéntica.

Esta información es contrastada y confirmada por el doctor Paul Gostner, jefe de radiología del Hospital General de Bolzano, Italia, e investigador forense que dirigió los estudios de la momia del hombre de hielo, encontrada en 1991 en los Alpes tiroleses, y el doctor Andreas Blaha, analista de escáneres tomográficos en las instalaciones alemanas de Siemens.

En el plano histórico, Hatshepsut utilizó numerosas estrategias para legitimar su papel, justificando su nacimiento divino con la convocatoria de Amón a todos los dioses y diosas para anunciar su deseo de engendrar a un niño que debía gobernar en todo Egipto. Tot, el rey de la sabiduría, recomendó a la reina Amosis (Ahmose, Ahmes), madre de Hatshepsut, como la más apropiada, conduciendo al dios Amón hasta el palacio real donde la encontró dormida en su aposento.

Hatshepsut rápidamente asumió las funciones reales, incluso aquellas propias de un hombre. Para ello, utilizó una vestimenta masculina y una falsa barba. También era retratada como un hombre y tratada como tal. Fue una poderosa y admirable mujer que dotó de estabilidad a Egipto. Sin embargo, desapareció misteriosamente sobre el año 1458 a.C., cuando Tutmosis III recuperó su título de faraón. Algunos estudiosos creen que el vandalismo se convirtió en un movimiento político para restablecer la adecuada sucesión de los herederos reales, comenzando con Tutmosis I y finalizando en Tutmosis III.

La mató un virus. Pero, a pesar de los esfuerzos de Tutmosis III por borrarla de las páginas de la Historia, esta fuerte mujer, que fue faraón, que amó a Sen-en-Mut, que envió una expedición al país de Punt y lideró guerras contra los nubios, terminó siendo una mujer frágil que murió de una infección en la boca. Tras superar la muerte de su padre, su marido, el propio Sen-en-Mut y su hija Neferura, a la que educó como faraón y que murió a los 15 años de edad, alguien quiso que descansara eternamente junto a su madre de leche, su fiel y querida nodriza, que la había protegido siempre cuando era una niña.

La identificación oficial de la momia de la reina Hatshepsut constituye un hito en el mundo de la egiptología. Se trata del resultado de un largo trabajo de investigación de un importante equipo multidisciplinar de profesionales, entre los cuales hay un grupo de españoles del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto de Madrid. Todo ello a través del estudio de los monumentos e inscripciones vinculadas con la gran reina, confirmado por los más avanzados métodos técnicos y científicos. El apoyo de Discovery Channel muestra cómo se trabaja hoy en Egipto para reconstruir la historia de los faraones.

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El mito del Diluvio Universal explicado por la ciencia

Estudios recientes relacionan el diluvio universal con el derrumbre de un inmeso hielo y la difusión de la agricultura

Investigadores británicos y australianos, han publicado en la revista ‘Quaternary Science Reviews’ el resultado de sus últimos estudios. Los expertos, bajo la dirección del profesor británico Chris Turney, relacionan con una inundación global el derrumbe del inmenso hielo de Laurentide, en Norteamérica, que supuso el mayor aumento de agua dulce en el planeta de los últimos 100.000 años y que tuvo lugar hace entre 8.740 y 8.160 años.

Además este suceso, según este estudio, explicaría tambien las teorias sobre la expansión de la agricultura por Europa en el Neolítico.

Pero tratar de explicar desde la ciencia relatos bíblicos como el diluvio, el paso de Moisés por el Mar Rojo, o como hizo recientemente un tal Doron Nof con los milagros de Jesucristo, parece sencillamente algo descabellado, ya que nos encontramos con relatos basados en la tradición oral, muy alejados del contexto de su realidad histórica (poco constatables con las evidencias que han llegado hasta nosotros sobre su verdadera existencia). Sencillamente, se trata en la mayoría de los casos de cuestiones de fé cargadas de grandes dosis de mitología o leyenda.

Con todo y con eso, la narración del diluvio universal aparece en distintas culturas y en épocas relativamente próximas en el tiempo.

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Momias. El hombre de Cherchen

Texto de Rafael Poch

El misterio del hombre de Cherchen

Detalle del "Hombre de Cherchen", acostado boca arriba, con la cabeza apoyada sobre una almohada y las piernas flexionadas. Instantanea furtiva del Hombre de Cherchen en su urna del Museo Regional de Xinjiang12

La presencia de momias “europeas” de hasta 4000 años de antigüedad, en una zona de China atravesada por profundas tensiones étnicas, complica las percepciones oficiales sobre el pasado más remoto en el extremo oeste del país.
En el segundo piso del nuevo museo de Xinjiang de la ciudad de Urumchi, capital de la más occidental provincia china, a 3500 kilómetros al oeste de Pekín, se encuentra “el hombre de Cherchen”. Su sala está vacía de visitantes y la voz de la guía china resuena en el silencio del gran espacio de urnas y vitrinas. Quizá contagiada por mi emoción, la mujer explica que está prohibido fotografiar, pero, en un guiño de complicidad, se aleja distraídamente tras señalar donde está la cámara de vigilancia del museo. Es una sutil invitación. De espaldas a la cámara hago cuatro fotos furtivas a uno de los hallazgos más extraordinarios y misteriosos de la arqueología china de finales del siglo XX.

Cherchen (Qiemo, en chino, al oeste de Hotan, en la carretera meridional que atraviesa Xinjiang de este a oeste) es una remota localidad en medio del desierto de Taklamakán, situada a unos 1500 kilómetros de Urumchi por carreteras rodeadas de un mar de arena. No muy lejos del lugar, se encuentra la zona lacustre y salitrosa de Lop Nor, escenario de más de cuarenta detonaciones de la bomba atómica china. En septiembre de 1985, los arqueólogos se toparon allá con un hallazgo inesperado, la momia de un hombre de rasgos europeos perfectamente conservada. Junto con docenas de otras que han ido apareciendo, estas momias demuestran que pueblos de tipo europeo poblaron ésta región hace 3000 y 4000 años, lo que tiene ciertas implicaciones políticamente incorrectas para nacionalistas de diversas confesiones.

El “Hombre de Cherchen” está acostado boca arriba, con la cabeza apoyada sobre una almohada y las piernas flexionadas. Sus rasgos físicos no son asiáticos. Alguien los definió como “célticos”: 1,80 de estatura, pómulos y nariz angulosos, pelo castaño pelirrojo. No se sabe de donde vino: de Bactria, en Afganistán, a través del Pamir, del Altay, al norte, desde el Mediterráneo Oriental, como sostienen algunos….

Su ropa de lana de oveja, perfectamente conservada, es de color Burdeos con un delicado repunte rojo en el extremo. Las piernas están enfundadas, hasta las rodillas, en unos largos calzones de lana de tres colores, rojo, amarillo y azul, todo ello recubierto por unas botas de piel de buey que cubren hasta la misma altura. En el dedo anular de la mano izquierda lleva atado un fragmento de fusta de piel para azuzar al ganado. Dos largas trenzas adornan su peinado. Las manos reposan sobre el abdomen y su rostro, tatuado con espirales de ocre amarillo perfectamente visibles, expresa más amargo cansancio que muerte, como si se fuera a incorporar de un largo sueño.

La momia fue encontrada junto con las de tres mujeres y un bebé, enterrado junto con el biberón más antiguo que se conoce, hecho con pellejo de oveja. Una de las mujeres, de unos 50 años de edad al fallecer, conserva completa su cabellera gris con dos trenzas cogidas con lazos de color naranja. El niño, vestido con la misma lana Burdeos, lleva un gorrito azul también de lana. En los ojos le pusieron dos pequeñas piedras del mismo color -quizá lapislázuli- y su cuerpo está firmemente amortajado por dos cuerdas de lana entrelazadas de color azul y rojo que le da cinco vueltas.

Si todas estas momias son de hace 3000 años, la de la “Bella de Loulan”, una mujer de rasgos europeos que medía 1,55, ha sido datada alrededor del 2000 antes de Cristo. En su pelo, adornado con una pluma de ave, y en las cejas encontraron infinidad de liendres y piojos, así como un único chinche. Sus pulmones habían inhalado mucho humo y filtrado mucho polvo de arena, prueba de que las tempestades de arena, tan comunes hoy aquí, ya eran frecuentes entonces. Sus órganos internos, su piel tatuada, su ADN, sus zapatos con señales de haber sido remendados en múltiples ocasiones, han sido analizados en media docena de institutos científicos de Shanghai.

Resulta difícil sobreponerse a la excitación que estos restos provocan. Cuando algunas de estas personas murieron, las pirámides de Egipto ya existían desde hacia unos 500 años pero grandes faraones como Ramses II tenían aun por delante medio milenio antes de hacer su aparición en la historia.

“En Mesopotamia, los sumerios, inventores de la primera escritura ya habían salido de la escena, y Hammurabi iba a redactar su famoso código pronto; griegos y romanos aun no habían llegado a Grecia e Italia desde el noreste y el “Hombre de Hielo” de la Edad de Piedra tardía, encontrado en un glaciar de los Alpes en 1991, había muerto hacia algo más de mil años”, dice la profesora Elizabeth Barber del Occidental College de Los Angeles. Europa se encontraba en la Edad de Bronce.

Casi todos los cuerpos fueron encontrados con un pequeño saco lleno de semillas de diversos granos, para que sus espíritus pudieran seguir practicando la agricultura en el más allá. Apenas hay armas. Todo el conjunto trasmite una sensación de intensa ternura, que contrasta con las polémicas y oportunismos que suscita.

Xinjiang es una zona étnicamente conflictiva. El irredentismo de la minoría uigur es implacablemente aplastado por el gobierno chino. Para muchos uigures, la autonomía de la región es ficticia, y en ese contexto, la polémica sobre quien llegó primero a ésta zona en la que históricamente se han cruzado e interactuado, sin análogos en el mundo, cuatro de las mayores civilizaciones de la historia (India, China, Persa y grecolatina) alcanza niveles de despropósito.

“Esas momias son nuestros antepasados, los chinos dicen que ya estaban aquí hace 2000 años, pues bien, nosotros hace 4000″, dice con pasión un activista nacionalista uigur.

La realidad es que los uigures llegaron a Xinjiang en el siglo VII de nuestra era y que las pruebas de ADN no denotan ningún “vinculo directo” con ellos, dice el profesor Víctor Mair, de la Universidad de Pensylvannia. Pero tampoco con los chinos.

Mair sostiene que entre el 2000 y el 1000 antes de Cristo los “únicos” habitantes de ésta región eran gente de rasgos europeos y que los pueblos de Asia Oriental comenzaron a aparecer por aquí hace unos 3000 años. Algunos especialistas occidentales militan en la causa de la “europeicidad original” de la región, ignorando el hecho de que otras momias presentan caracteres asiáticos, que la investigación está lejos de concluir, y que el concepto “Europa” es absolutamente irrelevante cuando hablamos de hace 4000 años.

En otra momia, muy posterior, que se encuentra en un museo de Pekín, y muy representativa de lo que es y ha sido históricamente el Xinjiang, un funcionario de la dinastía Han, con una bella máscara mortuoria china, aparece vestido con una capa de seda cuya parte superior está adornada con motivos helenísticos, mientras que en el faldón los estampados son inconfundiblemente persas.

“Algunos especialistas americanos se han dedicado con emoción y entusiasmo a la investigación de esos pueblos y culturas, apoyamos y admiramos ese entusiasmo hacia la investigación científica. Sin embargo, en China un pequeño grupo de separatistas étnicos han aprovechado la oportunidad para crear problemas y actúan como bufones. Algunos de ellos se presentan como descendientes de esa antigua “gente blanca” con el propósito de dividir la patria”, dice el académico chino Ji Xianli, que pontifica así sobre la “línea correcta”.

La idea de una civilización china encerrada en sí misma y autosuficiente, también se resiente. Las momias confirman que los contactos entre oriente y occidente se remontan aquí a épocas mucho más remotas que las de la expedición de Alejandro Magno o de la famosa Ruta de la Seda.

A diferencia de las momias de Egipto, las de Xinjiang no sufrieron ninguna preparación ni manipulación humana previa. Su conservación a lo largo de 4000 años ha sido una obra exclusiva de la naturaleza. En primer lugar de la sequedad y aridez del entorno.

La región está rodeada de montañas (cordilleras de Altun, Karakorum y Kunlun al sur, el Pamir al oeste, y el Tian Shan al norte), que impiden la llegada de la humedad de los océanos Indico, Atlántico y Ártico. Xinjiang es la región del planeta más alejada del mar. Con precipitaciones de 16 a 30 milímetros anuales, ésta es una de las zonas más secas del mundo. Los estudios sugieren que las condiciones eran prácticamente las mismas hace 4500 años.

A esas condiciones se suma la gran concentración de sal en el suelo, así como la ventilación que tenían los enterramientos, con féretros de madera que no estaban cerrados herméticamente y sobre los que se depositaban ramas, lo que facilitaba la ventilación. Todo eso complicaba el trabajo de las bacterias y microbios responsables de la descomposición de los cadáveres.

¿Cómo podía vivir, e incluso practicar la agricultura y la ganadería, toda esa gente en un medio hoy completamente inhabitable y carente de vegetación?. La respuesta a esta pregunta está en el agua. Hasta hace solo mil años, los glaciares del Kunlun y de las otras cordilleras que alimentan los ríos que fluyen hacia el Desierto de Taklamakán, fundían una cantidad de agua mucho mayor que en la actualidad. Los ríos de los que dependía la vida en decenas de asentamientos humanos en medio del desierto, se secaron o perdieron vigor, y el desierto avanzó unos 100 kilómetros, cubriendo de arena ciudades y templos. La sequedad preservó restos de asentamientos -y hasta de árboles frutales- que habían sido florecientes hasta el siglo VIII y filtrado todo tipo de influencias, persas, chinas, indias, y helenísticas a lo largo de la ruta de la seda.

“Aunque era árido, el medio ambiente era mucho más favorable, había más cursos de agua, más árboles y se podía sostener cierta agricultura y ganadería en lugares hoy absolutamente desérticos e inhabitables”, dice el arqueólogo Wang Binghua. “Aunque las condiciones de vida eran duras, eran mucho mejores que las actuales”, dice.

Para éste gran especialista chino, que ha dedicado su vida a ellas, las momias demuestran que, “gente de diversas razas convivió en esta región desde épocas históricas muy remotas”, lo que quizá es la lectura más actual del fenómeno, teniendo en cuenta las tensiones latentes entre chinos y uigures que perviven aquí, pese al dinámico desarrollo que la región conoce.

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