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Banquetes romanos; auténticos festines

Los placeres de la mesa (II)

Javier Ramos

La comida estrella por excelencia que practicaban los romanos era la cena, momento en el que se desarrollaban los verdaderos banquetes. Éstos se celebraban en privado, pero también en público, en determinadas festividades o dedicatorias a altos dignatarios.

La diversidad de los manjares ofrecidos en las tabulae rallaba el exotismo en determinadas ocasiones: higos africanos, vulvas de cochinilla, tetillas de cerda, jabatos empanados, sesada de faisán, lenguas de flamenco, hígados de caballa, testículos de cabrito, leche de murena,…

Típico banquete romano amenizado con danzas y música

El lecho era un elemento imprescindible en el marco de los banquetes privados celebrados por los nobles, y la distribución jerárquica constituía una clara expresión de las preferencias del anfitrión.

Los comensales se acomodaban, tumbados, con el codo izquierdo sobre un cojín.

En época republicana las mujeres no podían adoptar la misma postura que los hombres, por lo que permanecían sentadas junto al lecho de su esposo.

Un esclavo (nomenclator) se encargaba de nombrar a los invitados e indicarles su sitio.

Frente a los tricliniums se disponía una mesa circular presta para recibir los manjares que componían el banquete.

Se celebraban ágapes frugales y otros exagerados, ya que el hecho de que el pater familias utilizase esta comida como forma de exhibición ante sus invitados propiciaba ejercicios de ostentación absolutamente desmedidos.

Los grandes banquetes se componían de siete platos o fercula.

Para abrir boca se comenzaba con los entremeses (gustatio), compuestos por alimentos ligeros.
A continuación se servían tres entradas y dos asados que saciaban a los más hambrientos.asado

 

Los postres (secundae mensae) invitaban a los presentes a trasladarse de lugar para degustar el vino.

 

Una vez terminada la cena se comenzaba la commissattio, una especie de borrachera protocolaria que consistía en beber las sucesivas copas de un trago siguiendo las instrucciones de la persona que la presidía.

En el transcurso de los banquetes, la comida solía ser amenizada con música o exhibiciones de bailarines y equilibristas. Antes del postre se jugaba a las adivinanzas o se abría el techo para dejar paso a un inmenso arco del que colgaban frascos de perfume.

Pese a que se utilizaban cubiertos y vajilla, no era un signo de mala educación coger la comida con las manos; de hecho, las buenas maneras aconsejaban comer con la punta de los dedos, procurando no ensuciarse mucho las manos y menos la cara.

Tampoco estaba mal visto llevarse a casa los restos de comida que habían sobrado. El eructo en la mesa era una cortesía justificada por los filósofos.

Algunos menús llegaban a ser tan abundantes que, en mitad del banquete, los comensales se retiraban al vomitorium para introducirse plumas de pavo real en la garganta, así conseguían vomitar la comida y de esta forma podían luego seguir comiendo y resistir hasta los postres.

Los banquetes se prolongaban durante horas, véanse en este mosaico la cantidad de desperdicios que iban amontonándose en el suelo y que nos dan una idea de los distintos manjares que se habian servido durante la cena.

Las fastuosas cenas de banquete se prolongaban hasta bien entrada la noche, como las que organizaba Nerón, o incluso hasta momentos antes de amanecer, como las de Trimalción, personaje retratado en la obra Satiricón de Petronio. Duraban entre ocho y diez horas.

Célebres fueron las orgías celebradas por el emperador Vitelio (año 69), que incluían un menú con más de 20 platos sofisticados.

Uno de los platos preferidos de Heliogábalo (gobernó el Imperio de 218 a 222) eran las lenguas de flamenco rosa. En uno de sus banquetes mandó servir 1.500 a sus invitados.

El emperador Claudio Albino (finales del siglo II) comió 500 higos, 100 melocotones, 10 melones, 48 ostras y dos kilos de uva en un lago desayuno. Por su parte, Julio César celebró el mayor banquete de la historia de Roma para conmemorar sus victorias en Oriente: invitó durante varias jornadas a más de 260.000 personas que comieron en 22.000 mesas.

Artículo relacionado: La cocina Romana

Bibliografía:

239 anécdotas de la antigua Roma; Historia y Vida.

Vida cotidiana en la Roma de los Césares; Amparo Arroyo de la Fuente.

La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio; Jérôme Carcopino.

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9 thoughts on “Banquetes romanos; auténticos festines
  1. Pingback: www.meneame.net

  2. J. Luis López de Guereñu Polán

    Interesantísimo artículo. Yo he leído las cartas de Pilino el Joven y en algunas de ellas relata las costumbres de las clases ricas romanas. Llegaban a cenar temprano, salir por el campo para charlar o filosofar y volver a casa para seguir comiendo hasta altas horas de la madrudada. En ocasiones -dice- vomitaban lo que habían comido para poder seguir comiendo poco tiempo después. Todo un ejemplo a no seguir. Un saludo.

     
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  4. karyna

    hola me gustó mucho el artículo, pero me gustaría saber de que libro obtuvo la información ya que lo necesito para mi tesis!!! gracias y buena tarde

     
  5. annabeth

    gracias,me ha gustado mucho aunque yo prefiero la arquitectura, pues estoy estudiando arquitectura

     
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