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Toledo medieval la ciudad de las tres culturas

El Toledo medieval con una población que llegaba a los 30.000 habitantes, fue el resultado del sucesivo asentamiento de culturas bien diferentes; la hebrea, la musulmana y la cristiana que lograron convivir con sus dispares formas de entender la organización social, religiosa o económica.

Asi pues, la Toledo de las tres culturas fue una ciudad activa y fuertemente poblada durante el s.XIII, que respondía a una ciudad de trazos básicamente árabes debido a su condición de reino de Taifas durante la ocupación musulmana. En la arquitectura de sus edificios predominaba el ladrillo rojo, y su distribución respondía a la de cualquier ciudad islámica : alcazaba, medina, arrabales, y barrios extramuros. Se entraba en el recinto urbano por diferentes puertas abiertas en la muralla, a las que se accedía, lógicamente, por el correspondiente puente sobre el Tajo. Los mercados o zocos estaban repartidos por diversos puntos de la ciudad, si bien el principal y de mayor tamaño ocupaba la actual plaza de Zocodover.

Con el avance de la reconquista cristiana, la nobleza alcanza en el S.XIII gran poder económico y político en todos los reinos. Asimismo relevante en la península fue el fenómeno de la peregrinación a Santiago de Compostela, lo que supuso una vía importante de contacto con Europa. La impronta cristiana se iba imponiendo sobre la huella árabe.La arquitectura mudéjar proliferó en la ciudad y bajo el reinado de Alfonso X imperó libremente por calles y plazuelas. En el entorno del zoco se abrieron dos calles comerciales. las actuales de la Alcaicería y el Alcaná, en las que se instalaron los comercios de lujo: sedas, joyas, cordobán, filigranas y otros, destinados a la venta  de elementos de uso cotidiano como hierbas, especias, alfarería, o paños.

En cuanto a la población judía, se repartía en dos zonas; la Judería mayor que perduró hasta 1492 (fecha de explsión de los judíos) y la Judería Menor, en el entorno de la catedral que fue arrasada en el s.XV

La comunidad hebrea integrada por labradores y comerciantes, no tardó en ganarse la confianza de los monarcas sus miembros acabaron convirtiéndose en sus banqueros. Tenían la consideración de siervos del rey, pero podían regirse conforme a sus propias leyes y tradición.

Muy cultos, solían establecer centros de estudios en las inmediaciones de la Sinagoga, donde además de las escrituras se estudiaban otros temas relacionados con la cultura tradicional.

Sobre la convivencia de las tres culturas

Fue a partir de la incruenta y consensuada conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085 cuando se produjo una floreciente simbiosis de las tres grandes culturas medievales: musulmana, judaica y cristiana que constituyó una experiencia única dentro de los intolerantes ámbitos del occidente cristiano y del oriente musulmán. Algunos monarcas cristianos de la península, entre los que se encuentra Alfonso X, llegarán a proclamarse emperadores de dos o de las tres religiones.

Salvo en contadas ocasiones-como el enfrentamiento en 1226 entre musulmanes y cristianos a causa de la construcción de la gran catedral gótica sobre la antigua mezquita- parece que estas tres comunidades humanas, a pesar de sus diferencias culturales, fueron desarrollándose paralelamente en un ambiente de respeto hacia sus costumbres y privilegios.

Alfonso VII, primero y Fernando II después, intuyeron la  importancia de esa convivencia pacífica . En este sentido, podemos mencionar el hecho de que Fernando II ordenara escribir su epitafio en las lenguas árabe, hebrea y castellana.

Coexistencia pacífica

En el transcurso de los casi 800 años de reconquista tenemos constancia de que  hubiera períodos de paz y cooperación entre cristianos y musulmanes.

De hecho, ya a finales del siglo IX Alfonso III el Magno envió a su hijo Ordoño a la corte sarracena de Zamora para que allí recibiera una esmerada educación.

Al mismo tiempo la colaboración artística de ambas culturas ha quedado patente en multitud de iglesias y monumentos diseminados por toda la península donde el arte mozárabe y el mudéjar afloran por doquier. Incluso el respeto a los edificios religiosos musulmanes reconquistados, con independencia de la reconversión de su uso, ha permitido conservar monumentos tan simbólicos como la Mezquita de Córdoba o las sinagogas de Toledo.

En este artículo nos referimos a aquella ”convivencia”  de manera cautelosa, ya que, si bien Toledo vivió un período de esplendor cultural en el que las tres culturas que habitaron la ciudad lo hicieron con relativa armonia; los barrios son completamente independientes entre sí con sus mezquitas, sinagogas e Iglesias.

Basta con visitar la ciudad para comprobarlo. Cristianos, musulmanes y judíos se respetaron, evidentemente convivían pero también luchaban por el poder en la Península sin pretender renunciar a sus costumbres o privilegios para afianzar sus relaciones.

Otra cosa distinta fue la Escuela de Traductores de Toledo que si bien ya existía antes de Alfonso X fue éste su máximo impulsor. Interesa remarcar que en Toledo había una auténtica “escuela”, es decir: no sólo se traducía, sino que también se estudiaba, si bien en sus inicios la enseñanza se realizó a nivel privado. Los maestros eran judíos y mozárabes y la materia impartida consistía en el conocimiento islámico: básicamente filosofía, astrología y artes mágicas.

No olvidemos que fueron los árabes quienes conservaron y transmitieron a Europa a través de España la tradición del saber griego y romano. En Toledo se asentarán las antiguas escuelas y academias judías de Córdoba y Lucena expulsadas de Al Andalus por el fanatismo almohade.

Conclusión

El “saber” va de la mano de la “tolerancia”, mientras que la ignorancia es cuna de fanatismos, integrismos e intransigencias. Prueba de ello lo constituye el hecho de que algunos de estos grandes sabios, como Maimónides fueran desterrados por sus propios correligionarios ante lo avanzado de sus planteamientos filosóficos.

Para el historiador y filósofo Ernest Renan; el dogmatismo religioso que abomina del pensamiento libre conduce a las civilizaciones al fanatismo, al embrutecimiento y a la inmoralidad.

 

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Ampa

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